La reina de la escuela de samba Estacio de Sa reacciona poco antes del comienzo de la primera noche del desfile de carnaval en el Sambódromo de Río de Janeiro (REUTERS / Ricardo Moraes)

La reina de la escuela de samba Estacio de Sa reacciona poco antes del comienzo de la primera noche del desfile de carnaval en el Sambódromo de Río de Janeiro (REUTERS / Ricardo Moraes)

Los desfiles del carnaval de Rio de Janeiro arrancaron este domingo con todo su esplendor, pese a la supresión de subvenciones de una fiesta que para el evangélico alcalde de la ciudad huele a azufre, y con una fuerte coloración de crítica política y social.

La primera escuela en recorrer los 700 metros del sambódromo fue Estacio de Sá, con un “enredo” (tema) que rindió homenaje a… la piedra.

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

Seis suntuosas carrozas alegóricas, de hasta diez metros de altura, declinaron en espectaculares escenografías la vinculación de esa materia con las tragedias y glorias de Brasil, desde las primeras inscripciones rupestres a la explotación inhumana en las minas.

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

Con mucha purpurina, carrozas alegóricas, miles de integrantes y una poderosa batería de percusión, trece ‘escolas’, con cerca de 3.000 integrantes, tendrán entre 60 y 70 minutos para encantar a los jurados y a 70.000 espectadores, en una fiesta que se extenderá durante dos noches hasta el alba.

La reina Jack Maia de la escuela Estacio de Sa REUTERS/Ricardo Moraes

La reina Jack Maia de la escuela Estacio de Sa REUTERS/Ricardo Moraes

El enredo de Estácio es uno de los que menos se prestó a polémica, en un año donde las escuelas de samba recogieron el guante de afirmar su identidad y de elevar el desafío pese a estar bajo la mira de las iglesias neopentecostales, sumamente influyentes en el gobierno de Jair Bolsonaro.

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

Bailarines de la escuela de samba Estacio de Sa (REUTERS/Ricardo Moraes)

La tercera escuela en desfilar, Mangueira, vigente campeona, mostró un un Jesús popular, con “rostro negro, sangre de indígena y cuerpo de mujer”.

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

“En una época en que se preconiza tanto un Jesús bélico, intolerante y controlador, Mangueira trae el Jesús del Evangelio: amoroso, amigo, compañero de los oprimidos”, afirmó el teólogo y pastor bautista Henrique Vieira, que milita en la izquierda y asesoró a Mangueira en el estudio de la Biblia para crear el desfile.

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de la escuela de samba Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

Otros desfiles rendirán homenajes a indígenas, a artistas negros y a las religiones afro-brasileñas.

“Es un carnaval con muchas protestas para que el mundo vea lo que está sucediendo aquí”, afirma Camila Rocha, una treinteañera que desfiló en el ala de “piedras preciosas” de Estáco de Sá.

Desfile de la escuela de samba Grande Rio (REUTERS/Pilar Olivares)

Desfile de la escuela de samba Grande Rio (REUTERS/Pilar Olivares)

Otra escuela, Académicos de Grande Rio, también escogió el tema religioso y contó la vida de un líder histórico del candomblé, Joaozinho da Gomeia, fallecido en 1971, que se convirtió en un símbolo de tolerancia.

La reina Paolla Oliveira de la escuela Academicos de Grande Rio (REUTERS/Pilar Olivares)

La reina Paolla Oliveira de la escuela Academicos de Grande Rio (REUTERS/Pilar Olivares)

(REUTERS/Pilar Olivares)

(REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de la escuela de Río Grande (REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de la escuela de Río Grande (REUTERS/Pilar Olivares)

Sin recursos públicos

El la primera vez que las escuelas -cara visible del carnaval de Rio mundo afuera- desfilan sin subvención de la Alcaldía.

El desfile de Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

El desfile de Mangueira (REUTERS/Ricardo Moraes)

Desde que asumió las riendas de la ciudad en 2016, el obispo evangélico Marcelo Crivella dejó claro que no simpatizaba con el carnaval y promovió un corte progresivo del financiamiento público a estos grupos, que pasaron de recibir dos millones de reales (unos 630.000 dólares al cambio promedio de ese año) cada uno en 2017 a no contar con ningún apoyo este año.

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Esto las obligó a reinventarse y parte de ese proceso fue la aparición de directores creativos más jóvenes, que están haciendo “un carnaval que es arte, que es una fiesta, pero también es un carnaval político, comprometido”, apunta Luiz Antonio Simas, historiador y autor de varios libros sobre carnaval.

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti (REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti (REUTERS/Pilar Olivares)

“Trabajamos duro. Sea como sea, tenemos que hacerlo. Hemos recibido mucha ayuda de muchas personas y de vecinos de la comunidad”, cuenta Patricia Tabares, de Estácio.

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de Paraiso do Tuiuti ( REUTERS/Pilar Olivares)

Portela cerrará la primera jornada con un homenaje a los indígenas tupinambá, que vivían en la región de Rio antes de la colonización portuguesa.

La escuela Paraiso do Tuiuti (REUTERS/Ricardo Moraes)

La escuela Paraiso do Tuiuti (REUTERS/Ricardo Moraes)

“Nuestra aldea no tiene partido ni facción, no tiene obispo ni se rinde ante ningún capitán”, canta la tradicional escuela, en unos versos que pueden interpretarse como un recado a Bolsonaro, un ex capitán del Ejército, cuya política ambiental es denunciada como una amenaza para las tribus de Brasil.

La escuela de Paraiso do Tuiti (REUTERS/Ricardo Moraes)

La escuela de Paraiso do Tuiti (REUTERS/Ricardo Moraes)

Otros grupos se referirán más directamente a la clase política, como Uniao da Ilha, que cuestionará las promesas incumplidas en materia de salud, empleo, educación y vivienda; y Sao Clemente, que abrirá los desfiles del lunes con referencias a las “noticias falsas” y otros episodios de la campaña electoral y el primer año de gobierno de Bolsonaro.

Drum queen Livia Andrade of Paraiso do Tuiuti samba school looks on during the first night of the Carnival parade at the Sambadrome in Rio de Janeiro, Brazil February 24, 2020. REUTERS/Ricardo Moraes

Drum queen Livia Andrade of Paraiso do Tuiuti samba school looks on during the first night of the Carnival parade at the Sambadrome in Rio de Janeiro, Brazil February 24, 2020. REUTERS/Ricardo Moraes

2 millones de fiesteros en las calles

Los tradicionales blocos -murgas callejeras- congregaron durante todo el fin de semana a dos millones de personas que convirtieron a la ciudad en una gigantesca fiesta de disfraces y música, regadas con mucha cerveza.

Revellers of Paraiso do Tuiuti samba school perform during the first night of the Carnival parade at the Sambadrome in Rio de Janeiro, Brazil February 24, 2020. REUTERS/Pilar Olivares

Revellers of Paraiso do Tuiuti samba school perform during the first night of the Carnival parade at the Sambadrome in Rio de Janeiro, Brazil February 24, 2020. REUTERS/Pilar Olivares

Uno de los blocos más antigous, Cordao de Bola Preta, movilizó el sábado a más de 630.000 personas, según datos oficiales.

Una bailarina de la escuela Mangueira (REUTERS/Pilar Olivares)

Una bailarina de la escuela Mangueira (REUTERS/Pilar Olivares)

“Queremos divertirnos, con alegría, pero respetando los límites de cada uno. Respetar las individualidades, las creencias, las opciones. La gentileza genera gentileza, genera amor. Y eso es lo que precisamos”, afirma Rogerio Borges, un joven de 19 años, que participó en el desfile número 102 de ese bloco.

(Con información de AFP)