viernes, septiembre 25, 2020
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“¿Te portaste bien durante el año?”Regalos navideños: ¿es correcto que funcionen como un premio al “buen comportamiento”?

Cómo gestionar la ansiedad por los obsequios en la previa de la Navidad.

La época de Fiestas enfrentan a los chicos a todo tipo de estímulos: desde la decoración y las múltiples ofertas de regalos, comida suculenta y juguetes caros hasta el armado y presencia en casa del arbolito de Navidad -que funciona como un anticipo y un recordatorio constante de los regalos futuros-. ¿Cómo gestionar esa ansiedad infantil por los obsequios? ¿Es correcto que funcionen como premio al “buen comportamiento” durante el año?

Para pensar dónde se origina esta ansiedad que anticipa la Navidad, la licenciada en psicología Susana Maquieira, directora de Centro de Apoyo a la Crianza y la Educación Temprana (CACET), dice que “en nuestra cultura y, por tanto, en nuestra biografía emocional, los regalos que traerán estos personajes de ficción fueron ofertados como un premio a ‘un buen comportamiento’. ¿Quién no recuerda la frase que empezaba a sonar junto a la preparación del arbolito de Navidad, y la escritura de la carta para pedir los ansiados regalos? ‘Ojo que Papa Noel está mirando cómo te portaste para ver qué te trae de todas esas cosas que pedís’. Esta conducta del adulto -que podríamos llamar sanamente extorsiva, y que hoy seguimos repitiendo- persigue un fin (que el pequeño/a piense y reflexione acerca de su conducta) pero, lejos de esto, los y las niñas, deseosos de recibir dichos regalos, prometen un buen comportamiento, pero no desde una reflexión, sino desde una posición sumisa que se ven obligados a tomar”.

El significado del arbolito de Navidad para los chicos. Foto: Shutterstock.

El significado del arbolito de Navidad para los chicos. Foto: Shutterstock.

Susana explica que esta aceptación no es gratuita y tiene un costo emocional, porque conseguir el regalo esperado conlleva una renuncia. ¿Cuál? “Suspender -momentáneamente, al menos- aquello que los y las niñas expresaban como podían, pero no contaban con la aprobación de papá o mamá, ‘aquello que ellos leían como portarse mal’. Esta renuncia con traje de sumisión genera angustia, a causa de una elevación del cortisol, hormona que se produce en las glándulas suprarrenales en situaciones de estrés. Ese aumento descontrolado del cortisol genera malestar, que se expresa en conductas como inquietud, sudoración o desvío de intereses vitales”, detalla.

Y aclara que, cuando los niños son más pequeños, todos estos registros fisiológicos se alteran de igual manera, solo que ellos cuentan con menos herramientas para manejar sus emociones, y suelen encontrar en el sueño un refugio para bajar el estrés, por eso, en general se duermen antes de recibir el regalo (aunque hayan dormido la siesta).

Otro factor importante que genera una progresiva situación de estrés en relación a los regalos es la oferta reiterada de publicidad consumista para el público infantil en los programas de la televisión o el cable. “El tono intrusivo con que muchas veces los anuncian (‘no te quedes sin tu XXX’ o ‘te merecés tener este XXXX’) hace que el niño perfile su deseo, queriendo obtener ese objeto que ‘lo hará feliz’. Sin embargo, aunque la mayoría de las veces abren el paquete con gran alegría, a los pocos minutos lo abandonan, lo que nos hace pensar que el niño, en ese fugaz momento, se anoticia de que el ‘tener’ el objeto no lo hace ‘ser’ más ni menos feliz, como le venían anunciando en la tele”.

Y cierra Maquieira: “Si miramos este panorama navideño desde una ‘educrianza respetuosa’, nos ubicamos en el lugar del niño como sujeto deseante, necesitado de proximidad corporal, compañía, afecto, respeto, escucha atenta y disponible de otro humano. Un niño que pidió, pide y pedirá que un adulto sensible y afectuoso se conecte, juegue y lo invite a soñar, como es ese mundo de fantasía donde vive un señor que fabrica juguetes durante todo el año para repartir a las 12 de la noche del 24 de diciembre por todas los barrios, países, casas, hospitales, escuelas, parques donde hay niños y niñas esperándolo; no solo por los juguetes que trae, sino porque es alguien que se interesa respetuosamente en los niños/as y les dedica un año de su amoroso trabajo”.

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