Consiste en hacer sentadillas para recoger residuos en la vía pública. Tiene cada vez más adeptos, que proponen un cambio de mentalidad.

 “Moverse, moverse, moverse”. Usar escaleras en vez de ascensores, caminar a la siguiente parada, buscar cosas en vez de pedir a alguien que las alcance. Si se tiene esta premisa en mente, y se reemplaza la bronca que puede generar que se tiren residuos en la vía pública por una actitud proactiva, se está en condiciones de practicar plogging: ejercitarse mientras se recoge la basura de la calle.

Y es que quienes lo llevan a cabo ven en los errores (o falta de responsabilidad) ajenos una oportunidad: mientras se trota, recoger un residuo puede ser una chance de hacer una estocada o una sentadilla. Así, puede romperse la falsa dicotomía entre el cuidado personal y el del entorno.

Originario de Suecia, este deporte debe su denominación al resultado de la combinación del término sueco “plockka up” (recoger) y del inglés “jogging” (correr). Si bien comenzó en Estocolmo rápidamente se extendió por el resto de Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y otras latitudes.

En nuestro país ya lleva tres años y, aunque su cantidad de afiliados sea compleja de cuantificar, sí se sabe que en casi todas las provincias se practica, y que son cada vez más ciudades y municipios los que se suman a la iniciativa.

Paula Gosso Eguia, referente de Plogging Argentina, cuenta por qué le llamó la atención la práctica, y cómo fueron sus inicios a nivel local.

Proponen desistir de las plásticas, y usar botellas de agua reutilizables. Foto Shutterstock.

Proponen desistir de las plásticas, y usar botellas de agua reutilizables. Foto Shutterstock.

“Vi un video en redes, y me pareció una propuesta completa porque tomaba todas las cuestiones que a mí me interesaban: el cuidado del medioambiente, el deporte, la naturaleza”, recuerda.

Su interés no era azaroso ni circunstancial: al dedicarse a la veterinaria y al cuidado de animales marinos, se topaba diariamente con el impacto en la fauna de los residuos en los espacios púbicos.

“Hay una cultura, que en los chicos no se ve pero sí en los adultos, que creo que tiene que ver con la falta de educación, mucha gente no tiene noción de que por ahí tira un plástico en la ciudad, ese plástico va a la alcantarilla, llega al mar y a los peces. Más allá de dónde se arroje el residuo, siempre va a terminar en el agua”, sostiene.

Por eso, asegura que una vez superados los obstáculos que puede traer la práctica, ver gente levantando basura puede ser un mensaje para que quienes no cuidan el medioambiente, comiencen a hacerlo.

“Lo primero que se genera es vergüenza al levantar residuos del piso, porque mucha gente piensa que es algo que tiene que hacer la Municipalidad o el que lo tiró, pero así se entra en ese círculo y al final no hacés nada”.

En el mismo sentido, Silvano Polla, licenciado en Educación Física y promotor de la práctica en Bahía Blanca, hace hincapié en la faceta vinculada a la re-educación de muchas personas.

“Desde Plogging RREvolución queremos fomentar las 3 R del reciclaje, para que la gente despierte y empiece a tomar conciencia de lo importante que es separar los residuos y a respetar el medio en el que vivimos”, manifiesta.

Y destaca que los beneficios, además de estar vinculados a la salud, al cuidado del planeta y a la concientización, tienen una dimensión económica: “al recuperar los residuos y brindarlos para reciclaje, ayudamos al municipio a no destinar tantos recursos que para ese fin, y que pueda seguir generando obras obras que mejoren la vida de los ciudadanos”, postula.

El impacto de las botellitas plásticas

Paula cuenta que los residuos con los que en general se topan son los provenientes de las cadenas de café o de comida rápida, que además generan mucho volumen. Para quitarlos de la vía pública, y con la mayor concientización existente respecto al lavado de manos y la transmisión de microbios, muchos salen con guantes y una bolsa.

Oriundo de Suecia, el plogging tiene en el país cada vez más adeptos. Foto Shutterstock.

Oriundo de Suecia, el plogging tiene en el país cada vez más adeptos. Foto Shutterstock.

También suelen toparse con residuos de muchos deportistas, que arrojan envoltorios de barritas de cereal, o botellas de agua. En este sentido, Rita Bolivar, Responsable de Impacto en Pura, Empresa B de Triple Impacto, apunta: “las botellas de plástico se encuentran tiradas en calles, playas, bosques, reservas ecológicas y cualquier lugar recóndito que podamos imaginar”.

“Para dimensionar esta problemática -continúa- un estudio de ONU- Medioambiente reveló que el 79% de la basura generada del plástico se encuentra en vertederos o tirada en el medioambiente y sólo el 9% se recicla”.

Y subraya la importancia de dejar de utilizarlas, ya que sostiene que solamente el 30% de las botellas de plástico se reciclan: “Consumir agua embotellada genera 200 veces más calentamiento global con respecto a beber agua purificada”, como concluye un estudio realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y Pura.

En definitiva, cambio de mentalidad mediante, el plogging solo trae beneficios.

“Esto es un aporte, un granito de arena, es una actividad proactiva que insta a un mayor gasto calórico, ya que si mientras se corre uno le agrega estocadas y sentadillas como una forma de juego, te genera mas endorfinas, te sentís mejor, cuidás el medioambiente y aparte podés generar empatía en la gente, a quienes se les puede contagiar las ganas de hacer, o de no arrojar”, concluye Paula.

Para poder entender su filosofía, es fundamental la noción de comunidad: “no es mi basura, pero es mi planeta”, cierra Silvano.

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