jueves, febrero 27, 2020
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¿Piadosas? Por qué no debería preocuparte (mucho) que tu hijo te mienta

Fantasear e inventar excusas para protegerse de posibles castigos forma parte del proceso natural de desarrollo.

uando los niños empiezan a mentir los padres se preocupan, a veces hasta se enojan y responden al impulso de retarlos. Sin embargo, resulta pertinente entender qué dice la ciencia sobre las mentiras de los niños, qué hay detrás de ellas y cómo es conveniente reaccionar ante este tipo de situaciones.

Investigaciones realizadas por el Laboratorio de Desarrollo Social y Cognitivo de la Brock University (Ontario, Canadá) explican que es normal que los niños mientan, que este comportamiento es una parte más de su proceso natural de desarrollo cognitivo y social y que, además, las mentiras sirven como una pista más para interpretar su evolución como “seres inteligentes”.

Por qué mienten los chicos

Según los expertos en psicología infantil, los niños menores de siete años no mienten como resultado de un acto deshonesto, porque aún no desarrollaron su personalidad lo suficiente como para entender de parámetros morales. Lo hacen por algún motivo en específico. En general, según el doctor en psicología Kang Lee, de la Universidad de Toronto, es “para salir de un apuro, para quedar bien delante de alguien o para que otra persona se sienta mejor” (lo que socialmente se acepta como mentira piadosa).

Muchas veces, los niños mienten por motivos relacionados a los adultos de su entorno, por ejemplo, para no decepcionarlos cuando sienten que no llegaron a las expectativas exigidas, o para captar su atención, o por miedo al castigo.

A veces, también, por imitación; por ejemplo, si les pedimos a nuestros hijos que respondan que tienen menos años de los reales para que entren gratis a algún lugar difícilmente les podremos exigir a ellos que no engañen. Si relacionan la experiencia de mentir con obtener beneficios, imitarán las malas prácticas de sus padres.

En cualquier caso, no hay que preocuparse demasiado porque nos mientan, siempre y cuando estas conductas no estén asociadas a otros comportamientos nocivos, como cualquier forma de agresividad o de desafío.

¿Qué hay detrás de las mentiras de los niños? Foto: Shutterstock.

¿Qué hay detrás de las mentiras de los niños? Foto: Shutterstock.

Lo bueno de mentir

El cómic infantil La verdad según Ninon, escrito por el filósofo argelino Óscar Brenifier e ilustrado por la dibujante francesa Iris de Moüy, reflexiona sobre el concepto de verdad desde la perspectiva de los niños y los procesos mentales detrás de sus mentiras. La fantasía surge como manera de explorar los límites que les son impuestos y de aprender a relacionarse en sociedad.

Mienten para protegerse de alguna travesura pero, a partir de cierta edad, son capaces de aprender cosas en el proceso, del mismo modo que aprenden la moraleja del pastorcito y el lobo. Sostener una mentira los obliga a realizar un esfuerzo cognitivo, explica Angela Evans, directora del estudio de la Brock University: tienen que emplear sus habilidades para que no se les escape la verdad (inhibición) y usar su memoria para guardar un rastro de la verdad y de las mentiras que han contado.

En el libro de Brenifier, la niña protagonista rompe un jarrón y se enfrenta a la dicotomía entre confesar y ser castigada, o mentir y sentirse mal. Reflexiona sobre las motivaciones que la llevaron a mentir. Así, atribuye la culpa a otros (“si mis padres no fuesen tan severos y no me pelearan, yo no tendría que mentir”); justifica su comportamiento (“es normal protegerse ante un posible castigo”); o distingue entre tipos de mentiras (“hay algunas mentiras que son graves, pero otras no; no miento para molestar a nadie, sino para defenderme”).

Cómo actuar ante las mentiras de los chicos

Mentir no convierte a los niños en aprendices de malas personas y, de alguna manera, los ayuda a crecer. Pero eso no significa que esté bien que mientan, ni que los padres deban quedarse cruzados de brazos. Es el deber de los cuidadores enseñarles a asumir responsabilidades, ser honestos, y educarlos en valores. Los investigadores psicosociales que han estudiado esta cuestión concluyen que hay algunas técnicas más eficaces que otras para lograr el objetivo de alentarlos a decir la verdad.

En primer lugar, es importante saber qué no hay que hacerdesesperarse, enojarse y gritar nunca es la respuesta adecuada, especialmente si los niños tienen menos de cuatro años de edad. Las consecuencias de una reacción desmesurada o de recurrir directamente al reproche y al castigo provocarán que el pequeño se sienta aún más culpable, e incluso temeroso respecto a sus padres. Y volverá a mentir para evitar que se repita la experiencia.

Tampoco es positivo prepararles “trampas” para que caigan en la tentación de mentir. Si se sabe que han hecho algo mal porque se los vio, es mejor alentarlos a que ellos mismos expliquen la verdad antes que “provocar” sus mentiras con recursos dialécticos. Mejor decirles “vi que hiciste trampa en el juego, eso no está bien” que “me parece que esa ficha no estaba ahí, ¿viste si alguien la movió?”

Resulta mucho más eficiente “jugar con sus mentiras”. Utilizar su propio lenguaje para que se enfrenten a sus propias contradicciones y a las inconsistencias de su historia. Así, si tu hija te dice que no comió torta de chocolate cuando es obvio que lo hizo (porque tiene los cachetes y las manos llenas de chocolate), lo mejor es intentar “acorralarla” con preguntas, evitando cualquier señal de agresividad: “Si no comiste torta de chocolate, ¿cómo puede ser que tengas las manos y los cachetes llenos de chocolate?”

Un estudio llevado a cabo en el mismo Laboratorio de Desarrollo Social y Cognitivo de la Brock University de Canadá descubrió que pedir a los niños menores de cuatro años que se pusieran ante el espejo para responder a las preguntas de sus padres aumentaba considerablemente el porcentaje de respuestas sinceras. Cuando ellos toman conciencia de sí mismos y de su comportamiento deshonesto a menudo rectifican por sí mismos.

Muchas otras investigaciones confirman la principal clave de la cuestión, que por otra parte es de sentido común: los padres deben dar el ejemplo a la hora de poner en valor la honestidad. Los niños que se sienten engañados o que perciben que hacer trampas puede resultar provechoso son más propensos a mentir.

Por otra parte, poner en valor la verdad funciona mejor que castigar la mentira. Los investigadores constataron que los cuentos morales que hacen hincapié en las consecuencias de mentir (como Pinocho o Pedro y el Lobo), tienen menos efecto en la honestidad que aquellas historias que resaltan las bondades de decir la verdad (como la historia apócrifa George Washington y el cerezo, muy popular en la cultura anglosajona).

Así, en vez de recurrir a los engaños ante las preguntas difíciles que nos hacen nuestros hijos, es mejor reflexionar y buscar la respuesta idónea en función de la edad del niño y de su madurez. Dicho de otro modo: es absurdo y contraproducente seguir explicándoles a nuestros hijos historias sobre los Reyes Magos cuando han alcanzado el suficiente grado de madurez, inteligencia (y canales de información complementarios) para comprender que les estamos diciendo una mentira.

Por Juan Manuel García, para La Vanguardia.

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