El psicólogo e instructor de mindfulness Martín Reynoso ofrece pautas que ayudan a convertirse en un “sommelier de emociones”.

Serena Williams festeja un punto clave en el partido frente a Venus, su hermana, en la final del torneo abierto de los Estados Unidos que finalmente ganó en 2002.

En esa imagen congelada en una foto está como un bicho bolita, encogida y en cuclillas, haciendo un gesto bien visceral de descarga. Si preguntamos qué emoción siente a un grupo de personas, ¿qué dirían? ¿alegría? ¿alivio? ¿pasión? ¿cómo podríamos llamar a esa emoción?

Para Feldman Barret, investigadora estadounidense que hace años desarrolla el paradigma constructivista de las emociones, defendiendo la hipótesis de que las emociones no son universales sino que están atravesadas por la cultura pero especialmente por rasgos individuales y subjetivos muy marcados, no podemos encontrar un nombre preciso para eso que siente Serena.

En realidad, si le preguntáramos, quizás nos diría todo eso: alegría, alivio, pasión, agradecimiento, euforia, y algo más. Algo que termina conformando un cóctel único que tiene que ver con varias cosas. ¿Con cuáles? Eso veremos ahora.

Estado corporal, contexto y lenguaje

Para esta autora, lo primero que da lugar a la génesis de una emoción es lo que llama el “afecto nuclear” o también “presupuesto corporal”, es decir, el nivel de energía y su valencia (positiva o negativa) que disponemos.

El dolor físico, las molestias o incomodidades corporales predisponen claramente a emociones desagradables. El dolor crónico por ejemplo, ocasiona muchos estados emocionales de irritabilidad e ira en las personas que lo padecen.

La energía también predispone a ciertas emociones. El cansancio y agotamiento físico sesgan la expresión emocional especialmente hacia emociones como pereza, fastidio, sopor. La vitalidad predispone a la empatía, el optimismo y la esperanza. La relajación luego de una clase de yoga nos invita al amor, la alegría balanceada y la calma. Igualmente, lo que va a conducir la génesis emocional hacia una emoción es el contexto.

El contexto es tanto la situación externa que se nos presenta (factor ecológico) como nuestro estado mental general. Ambos van a “empujar” hacia cierto tipo de emociones. Allí se va a producir entonces lo que llamamos “categorización”, que es la atribución de significado a las señales externas y viscerales. En este proceso intervienen el conocimiento y la memoria.

El lenguaje es el tercer elemento a considerar. En base a cómo conceptualizamos esta realidad sentida terminaremos de modelar nuestra emoción.

“Lo que las personas entienden por ‘miedo’, ‘ira’, ‘alegría’ (los conceptos de emociones) son representaciones mentales dinámicas y variables, construidas como una colección de conceptualizaciones situadas. Así, el concepto ‘ira’ puede incluir tanto conductas de ataque como de evitación, y hasta una sonrisa irónica. No es la misma la ira que se experimenta ante el desengaño de un amigo que ante las órdenes de un jefe”, dice Sol Fittipaldi, experta en el tema.

Las emociones son representaciones dinámicas y variables. Foto Shutterstock.

Las emociones son representaciones dinámicas y variables. Foto Shutterstock.

Un método para entender las emociones

De lo anterior podemos rescatar un par de cosas: las emociones son bastante subjetivas y no universales y además se construyen de acuerdo a los elementos mencionados: estado corporal, contexto y lenguaje.

Pero esto no parece ayudarnos demasiado en su comprensión cuando las sentimos. Por eso podemos acercarnos a otra forma de mirar la variabilidad de las emociones para entenderlas mejor y ser, como me gusta decir, sommelier de las emociones: degustarlas, sentirlas con profundidad, conectar con ellas.

En nuestro entrenamiento de bienestar emocional sugerimos acercarnos a la definición cultural tradicional de las emociones (enojo, miedo, tristeza, etcétera) pero en términos de “mosaicos” que se construyen, donde abunda la variabilidad y heterogeneidad.

Descubriendo la granularidad de las emociones

Situación de primera salida de mi hija a sus 15 años. Fiesta de una amiga de básquet. Yo me ofrezco a llevarla a ella y a unas compañeras en el auto y en el viaje se apoderan del stereo y del clima interno con sus risas y sus coros en “portuñol” de las canciones de moda.

Siento un bienestar extraño. No es alegría solamente: hay camaradería, mucha empatía y ternura de verlas crecer.

Esa textura variable de una emoción que está conformada por muchas sensaciones podemos llamarla “granularidad emocional”. Y mientras más descubramos su composición más nos entenderemos.

Quizás podamos hacer un esquema con la composición de ese cóctel emocional.

Así se me ocurre describir esa composición: la alegría es al menos el 50% de la emoción, la camaradería, la ternura y mi orgullo como padre en partes casi iguales lo restante. Es una buena forma de acercarme a lo que siento y, por lo que reportan nuestros participantes en los grupos, muy útil para comprendernos.

Comprender nuestros rasgos de base, clave para ser consciente de nuestras emociones. Foto Shutterstock.

Comprender nuestros rasgos de base, clave para ser consciente de nuestras emociones. Foto Shutterstock.

Un segundo aspecto: emoción, estado y rasgo

Otra forma de comprendernos es conocer la diferencia entre una emoción efímera, un estado (un poco más duradero, horas o días) y el rasgo, una característica emocional permanente y difícilmente modificable.

El comprender nuestros rasgos de base y el estado en el que estamos nos permite ser conscientes de las emociones que van surgiendo.

Un ejemplo: supongamos que tenemos un rasgo de base ansioso y un estado emocional de varios días de preocupación y negativismo, es altamente probable que eso facilite la aparición de emociones de ese tipo: incertidumbre, desconfianza, temor, angustia, todas ellas están mucho más proclives a aparecer.

Si tenemos un rasgo optimista de la personalidad y estamos pasando un momento difícil y desafiante en nuestra vida que nos hace sentir un estado de ansiedad e incertidumbre algo extraño para nosotros (no habitual), quizás tengamos más posibilidades de ir modificándolo con los días al tener ese sostén optimista de base.

Esta idea de rasgos y estados nos ayuda a comprendernos mucho mejor y cuidar de nuestra expresión emocional: conociendo nuestra predisposición a sentir cierto tipo de emociones podemos estar atentos a los contextos y experiencias que tenemos para no pasarla tan mal.

Ya tenemos algunas herramientas más para comprender este hermosísimo paisaje interno que son las emociones. Te invito a que reflexiones y las uses para que tu vida sea más consciente y, con suerte, feliz.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de “Mindfulness, la meditación científica”.

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