Ariel Minimal, su líder, cuenta el recorrido del grupo por el under y habla de las acusaciones de abuso.

“No quiero convencerte, no quiero seducirte, hago esto porque esto soy y no tengo otra opción. Voy a morir de viejo, no voy a estar zarpado, no tengo nada que ver con tu idea del rock”. Estos versos pertenecen a Introducción declaración adivinanza, una canción de Cabeza (1994), el primer disco de Pez.

Palabras que aún hoy funcionan como puerta de entrada al momento de analizar una carrera de veintisiete años y veinte discos publicados de forma independiente, con Ariel (Minimal) Sanzo como cara visible del proyecto.

Y así es como, el próximo 15 de agosto a las 19 horasPez tocará por primera vez en el Estadio Obras en esta extensa trayectoria. Un horario ATP, un lugar con un aforo reducido (no estarán habilitadas las tribunas populares) y un recital que tiene un costado significativo, más allá de que no lo admita, para Minimal (guitarra y voz), Franco Salvador (batería) y Gustavo “Fósforo” García (bajo).

El lugar, sin embargo, no es desconocido para Ariel. “Yo sí había en Obras tocado con los (Fabulosos) Cadillacs, y de invitado de Attaque 77”, aclara, en la conversación telefónica que se transcribe a continuación, y en la cual no elude ningún tópico.

Pez, en pleno ensayo, de cara al Obras que se viene el próximo 15 de agosto. Fotos Emmanuel Fernández

Pez, en pleno ensayo, de cara al Obras que se viene el próximo 15 de agosto. Fotos Emmanuel Fernández

“Consagración”, no; celebración, sí

-¿Pesa la historia de Obras para una banda como Pez antes de tocar?

-No. Al contrario, nosotros lo sentimos como una celebración, como algo que está bueno que pase. No tenemos un motivo en concreto: nos ofrecieron esta fecha, nunca habíamos tocado en Obras, y dijimos que sí. No hay mucho más.

-Y ya que es la primera vez en Obras, ¿cómo será el show?

No lo tomamos como la presentación de Acariciar el fuegoEso es algo que haremos más adelante durante este año, siempre y cuando se pueda seguir tocando. En las presentaciones tratamos de tocar el disco en cuestión entero, para que aunque sea una vez en la vida suenen todas las canciones.

Muchas veces hemos respetado el orden del disco y otras veces no, pero queremos que por lo menos una vez la gente pueda escuchar los temas por fuera del disco. Porque después sucede, con todos los discos, y mucho más en una banda añosa como la nuestra, que dos, tres, o a lo sumo cuatro canciones pueden a llegar a formar parte de la lista de temas que tocás en todas las fechas.

Les pasa a todas las bandas: hay temas que no tocás nunca en vivo, o sólo alguna vez. Por eso, la presentación formal de Acariciar el fuego quedará para más adelante. Este es un festejo de la banda.

Nos parece una fecha copada para hacer después de todo el parate. Antes, a principios de año, habíamos recordado Frágilinvencible (2000) entero y en orden. Esta, entonces, la vemos como una fecha para recordar toda nuestra historia.

-Hablabas de los temas nuevos que van a parar a la lista, y los que se dejan de lado. ¿Cómo es, para una banda de veintisiete años de trayectoria y veinte discos, armar la lista de temas para una fecha de festejos y recuerdos?

-En primera instancia tuve la idea de buscar “el mejor tema de cada disco”. O sea, que revisitemos todos los discos. Y no nos ponemos de acuerdo entre nosotros cual es la mejor canción de cada disco (risas). Por lo tanto, es algo que seguiremos viendo hasta el día del show inclusive.

Nos dijo que iba a venir a tocar Pablo Puntoriero, que fue nuestro saxofonista en los años 2000. Él ahora toca con La Berisso, pero ese fin de semana estará libre. Y quizás haya algún otro invitado sorpresa para que cante alguna canción. Pero no es prioritario. Insisto: queremos festejarnos nosotros, sin caer en la psicosis de: “Es Obras y tenemos que hacer algo espectacular”.

-En todo este tiempo, más allá de los progresos que hayan tenido cada uno de ustedes como instrumentistas, ¿cómo sentís que evolucionó (o no) el sonido de Pez, si tenemos en cuenta las distintas formaciones que tuvieron?

-No sabría decirte si evolucionamos o no. Estamos en un buen momento con el trío. Siempre hago una analogía estúpida: el trío es como un equipo de papi fútbol. Unos gordos que hace mucho que juegan juntos y no tienen ni que correr, porque hacen correr la pelota de lo bien parados que están. Con el trío nos conocemos de ese modo.

El laburo, ahora, está en tratar de interpretar desde este trío canciones que fueron grabadas como quinteto con doble teclado, por ejemplo. Revisar con esta formación esas canciones de otras épocas y otras formaciones. Llevar esos arreglos “máximos” a la mínima expresión del rock and roll y del hard rock.

Todos estos años de música

-La respuesta obvia y lógica a esta pregunta es “la actual”, pero vos, ¿tenés alguna época que recordás con más cariño que otra dentro del derrotero de Pez?

-Todas las épocas dejaron algo. Estamos hechos de todo ese tiempo, que nos dejó sus marcas y su impronta. Hubo una época muy divertida en cuanto a los ensayos y a la interacción entre nosotros que fue el primer quinteto, con Pablo Puntoriero y Juan Salese en el piano.

Con esa formación grabamos Convivencia sagrada (2001) y El sol detrás del sol (2002). La recuerdo porque nos cagábamos mucho de risa y tomábamos mucho champagne. Épocas muy difíciles, en las que íbamos a tocar a Córdoba en el micro lechero que para en todos los pueblos, y volvíamos habiendo perdido plata en vez de habiendo ganado.

-¿Les dejó algún sabor amargo?

-Era hard; había que ponerle el hombro a la situación. Pero nos reíamos tanto que veinte años después me acuerdo de todo eso. También tocamos diez años con Pepo Limeres en piano, un músico excepcional, y tengo un recuerdo hermoso.

Más allá de que yo compongo y de algún modo marco la línea, todas las personas que pasaron por Pez dejaron su impronta y llevaba a la banda a su universo. Por eso fue muy importante para ciertos discos que haya estado Puntoriero, o las improvisaciones que se armaban con Pepo. Por eso los discos son distintos entre sí y las etapas son tan marcadas.

Ariel Minimal, en los albores del siglo XXI, al frente de Pez, el proyecto que se actualiza permanentemente sin perder su condición de clásico. Foto Axel Alexander

Ariel Minimal, en los albores del siglo XXI, al frente de Pez, el proyecto que se actualiza permanentemente sin perder su condición de clásico. Foto Axel Alexander

-Pero hay algo interesante en Pez, que es que no siempre el disco posterior actúa como reacción al anterior. Muchas veces les lleva un par de discos profundizar un sonido para luego si pegar el volantazo…

-Nos pasó de todo. Hemos tenido un disco súper acústico como Hoy (2006), sin distorsión, más cancionero y psicodélico, y después vino Los orfebres (2007), que era bien eléctrico, instrumental, riffero, cero estribillo. Ahí está la reacción.

Ahora no: Acariciar el fuego se puede ver como una continuación desde lo estético musical de Kung Fu (2019). Hemos hecho tantos discos y han pasado tantos años que probamos casi todas las variantes.

El rock no ha muerto, ha vuelto

-¿Cómo ves al rock hoy, desde tu lugar de músico y de rockero, teniendo en cuenta que ya no ocupa más ese mainstream que hoy es del trap o del hip hop?

-En varias notas ha surgido este asunto, y me parece a veces que es más un rollo de los periodistas que de los músicos. Hay como una obsesión con la “muerte del rock”. El tema es que el rock había llegado a un lugar en donde en la propaganda de un postre sonaban los Ramones, o te querían vender fideos con Burn de Deep Purple.

Yo encuentro mucho más saludable que el rock vuelva a un lugar medio underground, y si se quiere, de resistencia. Lo veo mucho más romántico, y más parecido al rock del que me enamoré cuando era chico.

Reflexivo, Ariel (Minimal) Sanzo repasa los 27 años de Pez, y rescata los momentos que impulsaron a la banda siempre hacia adelante. Fotos Emmanuel Fernández

Reflexivo, Ariel (Minimal) Sanzo repasa los 27 años de Pez, y rescata los momentos que impulsaron a la banda siempre hacia adelante. Fotos Emmanuel Fernández

El tema de la industria me roza muy de costado. Debe haber gente que se preocupa porque el rock no está en el número uno en las plataformas de streaming: a mí no me interesa ni me preocupa.

-Pero es interesante tu mirada, ya que con los Cadillacs vos conociste muy bien a la industria, y Pez siempre fue un proyecto independiente. Vuelve el vinilo, no hay más CDs, ¿cómo ves esos cambios?

-Son movimientos de la industria. El CD se fue dejando de lado: ya los autos nuevos no traen reproductores de CD’s, y lo mismo pasa con las computadoras. En su momento también dejaron de lado al vinilo. Y ahora vuelve el vinilo “para audiófilos”, cuando en realidad son ediciones levantadas de masters de CD’s puestas en vinilos flúo. Pero finalmente, no tengo idea.

No sé si es nostalgia, o tratar de vender una cosa de nuevo una vez más. Por otro lado, escucho vinilos; me encanta, es mi adicción. Estamos esperando que nos entreguen el vinilo de Acariciar…, que no vamos a editar en CD. Y es un tema, porque hay gente que se nos queja, que tiene toda la colección de Pez en CD menos los dos últimos…

Decidimos hacerlo en vinilo porque se venden más que los CD’s. El que antes escuchaba CD’s ahora escucha Spotify. Igual, Pez siempre puso a disposición sus discos para descargarlos gratis desde su página web en una muy buena calidad de audio. Pero yo estoy enfocado en hacer canciones, ensayarlas, y salir a tocarlas.

Las acusaciones de abuso: “Todo fue ruido de internet”

-Por último, a tres años de las acusaciones por abuso que sufrieron de manera anónima, ¿qué es lo que tenés para decir hoy y cómo ves la situación en función a la forma en la que se dieron los hechos desde lo mediático y, para ustedes, desde lo laboral?

-Ese momento fue espantoso. La repercusión en los medios y la violencia que nos comimos en las redes fueron desaforadas. Podés tener súper claro que no hiciste eso de lo que te están acusando, pero ves que se da por hecho en todos lados, que se dice y se escribe cualquier cosa y que no hay nada que puedas hacer con eso.

Casi no podíamos tocar en vivo. Nos costó mucho tiempo que se nos abrieran determinadas puertas. Nos preguntaban, tiempo después, cómo estaba la cuestión legal…. ¡Y nunca hubo nada en la justicia! Todo fue ruido de Internet.

Nos refugiamos en la música y los afectos. Intentamos tocar en vivo donde se pudiera hacerlo. Editamos un par de discos: Banda de covers (2018) y Kung Fu (2019), donde pudimos expresar mucho de lo que nos pasaba. Por suerte pudimos volver a conectarnos con el disfrute de tocar en vivo.

Pez toca el próximo 15 de agosto a las 19 horas, en el Estadio Obras, Av. del Libertador. Localidades a través de TuEntrada.com, desde $2.000 (sector trasero para dos personas).

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