viernes, diciembre 13, 2019
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Vacaciones con materias previas: cómo acompañar sin hacer por ellos

Causas y consecuencias de “llevarse materias”, para los chicos y las familias. Cómo estimular el aprendizaje y leer las señales de la falta de motivación para aprobar y superarse.

Estás en la previa de fin de año, llega diciembre y tu hijo atraviesa la puerta con una noticia bomba: “Me llevé materias”. Una sentencia que nunca es festejada (por más que traiga a la larga el resultado de que los chicos “aprendan más”). Llevarse materias y su consecuencia más extrema, repetir el año, sigue siendo estigmatizado, generando pesar y sentimientos de fracaso en padres e hijos.

Para Laura Lewin, autora de Que enseñes no significa que aprendan (Bonum), co-autora de la Educación transformada (Santillana), capacitadora y oradora TEDx, “como papás es importante tratar de identificar si se llevan materias porque no estudiaron, no estuvieron motivados o no pudieron por algún otro tema, como algún trastorno del aprendizaje. Sea cual fuese el motivo, cuanto antes lo identifiquemos, mejor”.

Un verano de gira por profesoras particulares, los nervios del examen a flor de piel y tiras y aflojes en forma de premios y castigos suelen ser algunas de las consecuencias de las materias pendientes.

Vacaciones con materias previas: cómo acompañar sin hacer por ellos.

“No debemos olvidarnos que, como adultos, somos custodios de la autoestima y autoconfianza de nuestros hijos, por lo tanto, debemos cuidar mucho lo que les decimos y nuestra actitud frente a la situación que haya generado que se lleven materias. Que el niño se sienta mal no hará que se comporte mejor. Pero si se siente bien acerca de él mismo, podrá colaborar”, dice Lewin.

Romina, mamá de M., de 21 años, cuenta su experiencia: “En tercer año M. se llevó un montón de materias, y repitió. Prefirió cambiarse de colegio y estuvo tres veces en tercer año. El viernes pasado le dieron su diploma. Pero en ese momento la familia la cuestionaba: que qué iba a hacer de su vida, que tenía que trabajar y terminar de estudiar… Le costaba y, en el medio, transitamos un duelo familiar. Entonces, le costó volver a encontrar esa fuerza para terminar, no tenía ganas de estudiar y se cuestionaba para qué. Nosotros le explicábamos y le insistíamos”.

Instancias de evaluación

Verónica Sacardamaglia es profesora y psicóloga especializada en educación. Ella nos explicó los pasos institucionales y evaluaciones en las escuelas secundarias de CABA: “Hace algunos años se modificó el régimen de materias previas. Los chicos cuentan con un momento ‘de orientación y evaluación’ (durante diciembre y febrero) es donde los alumnos transitan las materias que se llevan de cada año pero haciendo foco en los temas que los estudiantes no comprendieron (se le llama período de intensificación de aprendizaje (PIA)”. No hay un solo examen en una fecha específica, sino instancias de evaluación, como un proceso.

“Muchas veces -dice Sacardamaglia-, los docentes no aclaran mejor el contenido. Todo queda centrado en un trabajo práctico y una prueba, y la ‘nota de concepto’ que, en muchos casos se toma en cuenta.”

En Ciudad de Buenos Aires cada estudiante debiera tener una planilla donde se expliciten cuáles son los contenidos que no alcanzó. Si los chicos no lo dicen, cada familia se notifica de los contenidos de cada trimestre que faltan reforzar a través del “informe de aprendizaje”. “En lo cotidiano, hay muchas familias que no acompañan por diferentes motivos. En algunos casos, porque no tienen los estudios suficientes para hacerlo; en ese caso, el asesoramiento queda en manos de los compañeros, amigos o algún profesor tutor. En los períodos de orientación y evaluación, donde ya se llevaron la materia, son los profesores quienes acompañan, y los chicos se asesoran en lo que tienen que mejorar, comprender y rendir. Este año acompañé muchas vivencias de angustia de los alumnos, a mi entender, por algunas situaciones de crisis económica. Muchos están desinflados y sin ganas de nada”, concluye Scardamaglia.

Premios y castigos

Norma vive en Villa Pueyrredón y tiene una hija de 16 años. “Este año se llevó historia. La ayudo a estudiar, pero con rutinas concretas. Primero hace dos horas de lectura; luego la ayudo a repasar y a releer lo que no entendió (pero esas primeras dos horas lee sola). Sólo la ayudo en lo que no entiende. Mi intención es que genere una rutina diaria que se le haga costumbre, para evitar que vuelva a llevársela.

Claro que no es lo mismo llevarse ocho materias que llevarse sólo dos, esto está más naturalizado entre los estudiantes, y ligado a las materias difíciles, como matemáticas, química, física; y con profesores exigentes que “no aprueban a nadie”,

Entre las causas de las materias previas aparecen, desde problemas familiares y situaciones que desequilibran la vida interior de los chicos (una desilusión sentimental, por ejemplo), hasta que la materia y el enfoque de la escuela sean muy exigente (en este punto habrá que invertir en profesores particulares, o evaluar si esa escuela es para ese alumno), hasta chicos que no tienen problemas específicos, pero a conciencia “patean” la materia para más adelante, por vagancia o falta de motivación.

Munay (42) es mamá de L. (17) y expresa lo siguiente: “Me enoja mucho que se lleve 3 materias. Estuve todo el año diciéndole que estudie y no me escuchó. Ahora como castigo no va a irse de campamento con sus amigos… Veraneará con nosotros y tendrá que rendir todas o le dejamos de pagar fútbol.”

Un llamado de atención por parte de ellos, y un cimbronazo para la familia, que empieza a lidiar con postergación de vacaciones, o simplemente con la incertidumbre: pasa o no pasa de año, qué pasa si no rinde bien.

“¿Para qué sirven las matemáticas?”, “No quiero estudiar”, “Me aburre, quiero salir”, “Los libros son para nerds”, son argumentos que habrá que combatir. En una cultura que propicia lo rápido, audiovisual, espontáneo y virtual, enseñar los procesos más lentos de conocer y aprender, es un desafío también para los adultos. 

“Si lo que buscamos -refuerza Lewin- es desarrollar la autoregulación y la automotivación en los niños, debemos enfocarnos más en las consecuencias que en los premios y castigos, que solamente refuerzan la motivación extrínseca. Lidiar con un niño desafiante, enojado o frustrado porque no quiere estudiar requiere de un enfoque calmo, cálido, objetivo y asertivo, y despersonalizar lo que está sucediendo. Es importante estar calmados para poder responder y no reaccionar, y no permitir que esta situación atente contra la armonía familiar.”

Cuando un chico se lleva materias, necesita saber que están los brazos de sus padres en donde poder desahogarse, sacarse la rabia o encontrar consuelo. Esta seguridad es crucial para que pueda aprender a manejar sus emociones. “Saber que sus padres están ahí para ellos, les darán la confianza necesaria para seguir su desarrollo natural, sin tener que estar llamando la atención todo el tiempo. En los momentos difíciles, es donde más nos necesitan nuestros hijos. Por lo tanto, más que castigos, debemos trabajar las consecuencias. Y si hay consecuencias, deben ser acatadas; si no, se pierde el respeto hacia los adultos.”

9 consejos, por Laura Lewin

1. Destiná tiempo para acompañarlos y guiarlos en el desarrollo de hábitos de estudio. A estudiar, se aprende.

2. Enseñales a organizar su tiempo, a tener carpetas, cuadernos y materiales completos, a completar sus carpetas si faltaron, a llevar una agenda con las tareas a completar, listas de tareas, a organizar el sector de estudio para no tener que interrumpirse, etc.

3. Procurá que minimicen las interrupciones: no al celular cerca, un vaso de agua para evitar levantarse porque tienen sed, etc.

4. Ayudalos a identificar cómo estudian mejor: ¿con música o en silencio?, ¿con comida cerca, o no?, ¿on compañeros o solos?, ¿sentados en el piso o en una mesa?

5. Enseñales a procesar lo que leen para que lo entiendan, no a repetir de memoria.

6. Es importante que estudien para saber, no solo para aprobar. Cuando los chicos estudian para aprobar, se olviden lo estudiado al poco tiempo.

7. Alentá que estudie con amigos: el cerebro es social. Cuando estudiamos con uno o dos amigos, haciéndonos preguntas y repasando, ayudamos a que la información llegue mejor a la memoria de largo plazo.

8. Recreos cerebrales: el cerebro también se cansa. Recordale tu hijo que tome recreos cerebrales de 10 o 15 minutos cada hora / hora y medio de estudio. Que salga a caminar, que baile, que se mueva.

9. Fomentá que duerma muy bien la noche anterior: no dormir después de estudiar e ir derecho a rendir es muy poco beneficioso. En cambio, si estudia, y después duerme bien a la noche, va a recordar mucho más, porque el sueño consolida la memoria.

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