Es la cara de billetes virales y reina de cientos de memes. A los 66, la actriz que encarnaba a la sufrida Susana de Musicardi cuenta imperdibles anécdotas.

Estaba embarazada de tres meses cuando sufrió el robo más insólito de su historia. Volvía de pagar su cuota de la Asociación Argentina de Actores, llegó a su departamento de Rodríguez Peña y Sarmiento y vio que habían roto la puerta con una barreta. Temerosos de ser pescados in fraganti, los ladrones huyeron dejando el televisor en el pasillo. Cumplieron, sin embargo, parte de su cometido. Se llevaron la flamante videocasetera importada de Estados Unidos y una película en VHSEsperando la carroza.

“Yo tenía todas las películas de Federico Fellini, Ingmar Bergman, Woody Allen, una importante colección de cine arte, pero no, ellos eligieron esa”, deduce la eterna Susana De Musicardi, a 30 años del extraño atraco y a 36 del filme que le cambió la vida.

La primera vez que vio Esperando la carroza salió corriendo del cine. Era el preestreno, sobrevino la escena en que mamá Cora intentar hacer “flancitos” con mayonesa y escapó llorando de la sala. “¡No soy yo, no me gusta lo que veo!”, lagrimeaba angustiada, mientras su marido la atajaba en el hall: “Si no te gusta lo que ves, te la bancás y te quedás”. Al final de la función, Mónica Villa fue ovacionada.

Mónica hace 36 años, la escena de "Esperando la carroza" en la que llora la supuesta muerte de mamá Cora.

Mónica hace 36 años, la escena de “Esperando la carroza” en la que llora la supuesta muerte de mamá Cora.

La mujer del grito inmortal acaba de ser homenajeada en el Festival de Cine de las Alturas de Jujuy. Cada año, la historia de Jacobo Langsner parece agigantarse y en esa fábula las caras desorbitadas de Mónica se resignifican, se desparraman y multiplican en redes sociales como memes interminables. A cada adversidad del grotesco argentino, un gesto de Villa. Incluso su mueca es protagonista de un billete viral de 1.000 pesos.

Pocos saben que dejó más que las entrañas para lucirse en ese personaje. Pesaba 48 kilos, y cada día de filmación parecía bajar uno. “Me pesaba en la balanza de la esquina, llegaba a casa y comía bifes de costilla para mantenerme fuerte”, evoca. Cada una de sus escenas demandaba tantos gritos que en plena filmación sufrió una contractura de laringe. El médico le recetó un cuarto de Valium para cada jornada, pero Villa, que no tomaba ni aspirinas, decidió desistir para que no quedarse dormida en las intensas siete semanas de rodaje. No era extraño verla practicar la postura del bostezo para relajar el aparato fonador y encarar cada toma como una máquina.

“¿Vendrá alguien a ver esta película?”, le preguntaba en medio del rodaje el director Alejandro Doria, que le exigía estar “crispada todo el día” en un personaje desmesurado. La entrega tuvo recompensa, pero antes de la aplanadora que fue Esperando la carroza sufrieron un perverso boicot.

El billete viral de 1.000 pesos con la cara de Mónica Villa.

El billete viral de 1.000 pesos con la cara de Mónica Villa.

“Fue un boicot de los empresarios de salas, algo que siempre pasó en el cine argentino. Preferían estrenos norteamericanos. Por esa experiencia, Doria había comprado una lámpara de proyección nueva, pero desapareció misteriosamente y la película se vio oscura“, cuenta a los 66. “Además, muchos apagaban las luces de las marquesinas para restarle atención y el propio Doria armó una movida: nos pedía que fuéramos los actores a la puerta del cine a invitar a la gente a pasar. Después, llegaron los premios en España y el boom creció cuando pasó a VHS, y más cuando llegó el DVD. Una vez viajé a Nueva York y los argentinos que vivían allá me contaban que en cada viaje los dominicanos, los cubanos, les pedían copias”.

Pánico, renuncia y boom en China

Sus alumnos de teatro hoy diseñan memes y se los regalan. A la distancia, todo es deleite, pero el recuerdo de esa construcción que selló un momento del cine argentino habla también de contratiempos. “No pude disfrutar la película en el momento, me fui amigando con el tiempo”, reconoce la actriz que 29 años después brilló en Relatos salvajes.

Villa confiesa que sentía terror ante la posibilidad de caerse con la beba en brazos cuando filmaba como esa madre primeriza, en locaciones angostas, entre cableado ancho. Tenía 30 años y la presión de intentar no tirar por la borda esa decisión que había tomado de renunciar a un gran trabajo por apostar a ese rodaje. Por esa sátira que nadie sabía si funcionaría, abandonó Canal 13. Lo cuenta ahora con gracia, rememorando el día en que en medio de una grabación la llamaron con urgencia al teléfono central del canal de Constitución.

Julio De Grazia y Mónica Villa en una escena de "Esperando la carroza".

Julio De Grazia y Mónica Villa en una escena de “Esperando la carroza”.

“Yo grababa con Hugo Moser y viene una asistente al estudio. ‘Monica, teléfono para vos’. Me quedé helada. Era Doria, que me dice ‘te llamo para mi próxima película, te quiero full time’. Yo acababa de firmar con el 13 y se me heló la sangre. No había posibilidad de negociar horarios. Moser entendió y me dijo: ‘Andate corriendo, ¿qué más queremos si él es el padre de la televisión?‘. Y así arrancó la aventura”, detalla la mujer que solo ensayó una vez, con China Zorrilla y Betiana Blum, en la productora de Ayacucho y Lavalle.

En ese único ensayo, la popularidad y el calibre actoral de Zorrilla y Blum la intimidaban. “Sos vos contra el mundo. Reventalas. Si no estás más arriba, el primer día de rodaje te echo”, le advirtió en tono de broma Doria, que imaginaba la vehemencia de esa criatura desesperada que debía personificar esa guerra de familia tan argenta y a la vez tan universal.

La prehistoria del romance Villa-Esperando la carroza se remonta a 1982 y comienza con un enojo. Mónica había conseguido el teléfono de Doria y lo había llamado su casa para pedirle trabajo. Eran las 7.30 y el director atendió sobresaltado, después de un sueño profundo. “Andá a verme a ATC mañana”, le contestó con modorra. Al momento del encuentro, Doria iba a soltarle toda su exasperación por el horario desafortunado que esa desconocida había elegido para contactarlo, pero la vio llegar y quedó fascinado. Así, Villa fue elegida para participar de Chantecler (de Los especiales de ATC).

Mónica Villa a los 66. (Foto: Juan Manuel Foglia)

Mónica Villa a los 66. (Foto: Juan Manuel Foglia)

Dos años después, Doria la convocó para la película Darse cuenta. Faltaba apenas un año para ese fenómeno que atravesaría el resto de su vida, la historia de mamá Cora, una denuncia en tono grotesco sobre la vejez, el descarte y la argentinidad en el peor de los sentidos.

Susana de Musicardi es hoy una criatura de estudio que puede explicar a la perfección el agobio humano, el hartazgo que puede producir el funcionamiento de un hogar, la violencia doméstica y unas cuantas cotidianidades en tono de sátira feroz. Hasta en Shanghai se ríen con culpa de la brutalidad del drama. No es extraño que la Agregaduría Cultural del Consulado Argentino en China la exhiba allá en cines. Tampoco es raro que Mónica haya sido docente en el país de La gran muralla.

En 2017, se puso al frente de una cátedra de teatro latinoamericano en la Universidad de Nanjing. Fueron seis meses de estadía en Jiangsu, a casi 1.000 kilómetros de Beijing, con orientales fascinados con las andanzas de Antonio Gasalla y elenco. “¿Cómo puede ser que les haya gustado tanto una película en la que no se trata bien al adulto mayor si ustedes tratan con tanto respeto a sus viejos?, les preguntaba asombrada yo. La hipocresía en las familias es exactamente igual, me explicaban”.

Villa hoy, cerca de viajar a España para dar clases en la Universidad de Granada. (Archivo Clarín)

Villa hoy, cerca de viajar a España para dar clases en la Universidad de Granada. (Archivo Clarín)

Villa es Elsa Mónica. Nació el 16 de diciembre de 1954, en la maternidad Sardá. En su adolescencia comenzó a estudiar con Hedy Crilla, la maestra de actores austríaca que le confirmó la vocación. A los 19 hizo su debut teatral, en Rosa, Rosita, Rosalinda, en el Embassy. Todo parecía fluir felizmente, pero mientras era secretaria bilingüe e intentaba abrirse camino como actriz, murió su padre. En ese acomodamiento de prioridades amagó con dejarlo todo. “Estuve aturdida y ese alejamiento del teatro me duró uno o dos años”, confiesa.

Casada desde hace 39 años, madre de Francisco, habla dignamente chino y se conmueve con fanatismos como el que registra Carroceros, el documental de Mariano Frigerio y Denise Urfieg, que captura la exaltación de miles de argentinos que peregrinan cada año al barrio Versalles, donde se filmó esa película. Más allá del boom, Villa atravesó épocas de mayor y menor exposición. Los tramos de silencio confirmaron que lo suyo no era la necesidad de figurar: su único regodeo es el trabajo.

Desde su último gran rol televisivo pasaron 11 años. Fue el ama de llaves Olga en la telenovela Malparida, junto a Juana Viale y Gonzalo Heredia. En un camino inverso al de su colega Andrea Tenuta, compañera de Esperando… que abandonó la actuación y se radicó en España, Villa pasa sus días dictando clases de actuación en el barrio de Florida con un gran proyecto por delante: convertirse en febrero en docente teatral de la Universidad de Granada.

El grito inmortal. Mónica Villa en "Esperando la carroza"

El grito inmortal. Mónica Villa en “Esperando la carroza”

“¿Esperando la carroza 3? No lo veo posible. La primera parte fue algo genuino, Doria había quedado muy movilizado por la muerte de su mamá y el tema del adulto mayor. La segunda parte fue mercantilista”, juzga la reina inmortal de ese “sindicato” (real) llamado Asociación de Enfermitos de Diálogos de Esperando la Carroza. “¡Hay que tener plata para que lo inviten a uno!”, le repiten su parlamento como loros. Villa camina por la calle y de pronto la interceptan con la letra exacta que ella pronunció en 1985. Lejos de enojarse, sonríe. “Fue una bendición en mi vida. No podría despreciar eso nunca”.

Radio Pinamar FM 100.7