La trágica historia que acompaño al último Versalles americano.

En 1900, Peter Widener, uno de los hombres más ricos del mundo de ese entonces, mandó a construir una fastuosa mansión.

La residencia fue bautizada como Lynnewood Hall. Pero luego fue conocida como “el último Versalles americano”.

El lugar elegido fue un terreno de 14 hectáreas cerca de la ciudad de Filadelfia, en Estados Unidos, y el diseño estuvo a cargo de Horace Trumbauer, un destacado arquitecto norteamericano conocido por diseñar las residencias para los individuos más acaudalados del momento.

Lynnewood Hall. Foto: Main Line Luxury

Lynnewood Hall. Foto: Main Line Luxury

En su concepción original, contaba con 55 habitaciones y 20 baños. Además, una pileta de natación cubierta, un salón con una pista de baile con capacidad para 1000 personas, y su propia galería de arte.

Un artículo de 2014 de la revista Philadelphia Inquirer describió la mansión como un lugar “empapado de seda, terciopelo y molduras doradas, con sus habitaciones amuebladas con sillas del palacio de Luis XV, alfombras persas y cerámica chinas y los pasillos repletos de valiosas obras arte de Rafael, Rembrandt, El Greco, Van Dyck, Donatello”.

Widener había amasado gran parte de su fortuna con el transporte público. Cuando se retiró de la actividad empresaria, se instaló en Lynnewood. Pero estos no fueron años para nada tranquilos ni felices para él.

La tragedia familiar

El fastuoso propietario de la enorme mansión fue el inversor de un 20 por ciento del Titanic.

El se salvó del hundimiento porque declinó ocupar un lugar en el barco debido a su avanzada edad. Sin embargo, su hijo George, su nuera Eleanor y su nieto Harry estaban ahí.

Lynnewood Hall fue comprada por un grupo religioso Foto Main Line Luxury.

Lynnewood Hall fue comprada por un grupo religioso Foto Main Line Luxury.

Los tres habían viajado al extranjero en búsqueda de un chef para el nuevo hotel familiar, decidieron volver a casa con estilo y abordaron la icónica embarcación que terminó en el fondo del océano. Solo Eleanor sobrevivió.

Tres años después del terrible hundimiento, Peter Widener murió.

Su hijo menor Joseph, heredó la mansión y luego falleció en 1943.

Lynnewood Hall era conocida como el "último Versalles americano”  Foto Main Line Luxury.

Lynnewood Hall era conocida como el “último Versalles americano” Foto Main Line Luxury.

Nuevos rumbos para Lynnewood Hall

Casi una década después, la estrella de la radio Carl McIntire convirtió la casa en una escuela religiosa, pero el establecimiento cerró en 1992 debido a problemas financieros.

Al parecer, McIntire vendió muchos de los muebles y elementos de la casa. Y se limitó a “sellar las zonas dañadas del edificio” en lugar de repararlas. Lo cual avanzó con el deterioro.

Luego, la Primera Iglesia Coreana de Nueva York compró la propiedad y, en la actualidad, es la propietaria del inmueble.

El irrisorio valor de venta

En sus momentos de esplendor, la mansión estuvo valuada en más de 250 millones de dólares. Aunque la información que circula es que el grupo religioso la compró en US$ 0.

“Es realmente lamentable que esta mansión, que antes era deseable y emblemática, haya caído en un estado de deterioro tan grande”, aseguró Harry Cherry, agente inmobiliario de Main Line Luxury, al periódico Daily Star.

El estado decadente resultó determinante para su valor. Pero, también, “aunque muchas de las creaciones de Horace Trumbauer hayan resistido el paso del tiempo, la ubicación de Lynnewood Hall no es la que buscan las familias adineradas de hoy en día”, lamentó Cherry.

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