Posee una superficie de cinco kilómetros cuadrados, una base militar de la OTAN y cabras con “dientes de oro”.

Ser el soberano de una bella isla en el medio del mar Mediterráneo es el sueño de muchos, pero pocos son los privilegiados que lo pueden vivir. Cerca de la costa de Cerdeña, la solitaria isla de Tavolara emerge desde el mar azul y se erige como el reino más pequeño del mundo.

El mar Tirreno (aquel que se extiende al oeste de la península itálica) rodea los 5 kilómetros cuadrados de la ínsula. Se destacan sus acantilados escarpados y el punto más alto de éstos llega a los 565 metros sobre nivel del mar. Su capital: La Punta del Canone.

No hay carreteras ni hoteles y la única forma de llegar es en un ferry desde el puerto de San Paolo. No hay palacios, solo un par de casas y un restaurante, del cual cabe aclarar, su dueño es el rey. El último censo arrojaba 11 habitantes (que no habitan a tiempo completo). También hay unos treinta residentes ocasionales y unas 100 cabras salvajes.

La isla de Tavolara está ubicada al norte de Cerdeña, rodeada por el mar Tirreno.

La isla de Tavolara está ubicada al norte de Cerdeña, rodeada por el mar Tirreno.

Cabras con “dientes de oro”

Es tomada como parte de Italia, aunque nunca fue anexada de manera formal. El Reino de Tavolara tiene 185 años y, de hecho, le precede al país insular miembro de la Unión Europea. No tiene fuerzas armadas y una familia lo gobierna hace casi dos siglos.

Todo empezó con un viaje y una acusación. En 1807 el genovés Giuseppe Bertoleoni, casado con dos hermanas y acusado de bigamia, decidió buscar un lugar donde huir acosado por la gente de su pueblo. Y encontró esta deshabitada isla de cabras con dientes dorados donde decidió asentarse y convertirse en el primer colono.

Carlos Alberto de Saboya, rey de Cerdeña, escuchó sobre esta isla y sus cabras salvajes con “dientes de oro“, que en realidad tenían ese color por estar teñidas de un color amarillo dorado debido a las algas y los líquenes que consumían, y decidió ir allí en 1836 para cazarlas. El encargado de recibirlo fue Paolo, el hijo de Giuseppe.

El escudo de armas de Tavolara: color rojo, una corona en la parte superior y una estrella dorada de seis puntas en el centro.

El escudo de armas de Tavolara: color rojo, una corona en la parte superior y una estrella dorada de seis puntas en el centro.

El primer rey

Al llegar a Tavolara, como si todo fuese parte de una escena de teatro, el monarca de Cerdeña se presentó: “Carlo Alberto, rey de Cerdeña”. Y recibió como respuesta: “Soy Paolo, rey de Tavolara“. La excursión real duró tres días, en los que se dieron el lujo de cazar varias cabras y tener un gran festín.

Al partir, el rey Carlos Alberto quedó tan complacido con su estadía en la isla que al volver a sus tierras le envió a Paolo unos documentos que decían que Tavolara no pertenecía al Reino de Cerdeña. Entre éstos, un pergamino de la familia real: la Casa de Saboya. Esto, por supuesto, certificaba el estatus de monarquía.

Tras el reconocimiento de feudo independiente, Paolo Bertoleoni creo rápidamente el escudo de armas del pequeño reino, de color rojo con una estrella amarilla en el medio y una corona en la parte superior. Además, dibujó un árbol genealógico de la familia real y mandó a construir un cementerio para él y sus descendientes. Allí descansa hasta hoy.

La reina Victoria hizo fotografiar a la "familia real" de Tavolara y exhibió la imagen en el Palacio de Buckingham. Hoy, una copia cuelga en el restaurante de Tonino Bertoleoni.

La reina Victoria hizo fotografiar a la “familia real” de Tavolara y exhibió la imagen en el Palacio de Buckingham. Hoy, una copia cuelga en el restaurante de Tonino Bertoleoni.

“El reino más pequeño del mundo”

Durante los siguientes años de soberanía, la isla contó con diversos aliados políticos. Giuseppe Garibaldi, uno de los líderes en la unificación de Italia, fue consejero de confianza de la familia Bertoleoni. Entrado el siglo XX, Tavolara encontró buena relación con otro rey de Cerdeña, el monarca Vittorio Emanuele II firmó un tratado de paz con la isla en 1903.

Pero el reconocimiento internacional no quedó ahí. La reina Victoria de Gran Bretaña mandó a un buque militar a la isla para que los oficiales tomaran una foto de la “familia real” de Tavolara. La imagen del clan Bertoleoni estuvo enmarcada en oro durante años y exhibida en el Palacio de Buckingham con la leyenda “El Reino más pequeño del mundo“.

Paolo murió en 1886 y la familia siguió gobernando la pequeña isla. Tonino Bertoleoni nació en 1933 y es la séptima generación de esta particular monarquía. “Soy probablemente el rey más ordinario del mundo. El único privilegio que disfruto es el de tener comida gratis”, confiesa el hombre de 88 años.

El rey Tonino Bertoleoni en la puerta de su restaurante. Lejos de lujos y excentricidades, se dedica a la pesca y la jardinería.

El rey Tonino Bertoleoni en la puerta de su restaurante. Lejos de lujos y excentricidades, se dedica a la pesca y la jardinería.

Una vida tranquila

El regente divide su tiempo entre la pesca y la jardinería. Recibe él mismo a los turistas. Los acompaña por el lugar y les muestra las actividades que pueden realizar. Tonino escolta a los visitantes en un ferry que funciona desde el puerto de San Paolo. Una vida simple y sin lujos para el rey.

Además, es el dueño del único restaurante de la isla, un emprendimiento familiar en el que trabajan sus hijos y su sobrino. Una copia de aquella imagen exhibida en el Palacio de Buckingham está en las paredes del bar. Por otra parte, Tavolara es uno de los destinos preferidos para realizar buceo por sus impresionantes costas y la gran variedad de fauna marina que posee.

En 1962 la OTAN instaló una base militar en plena Guerra Fría. Esto generó que una cuarta parte de la isla quedara como zona prohibida para sus pocos residentes y, en efecto, mucha gente decidió emigrar.

De esta manera, el Reino de Tavolara perdió su independencia, pese a no ser anexada a la Italia moderna (al igual que San Marino). Tonino es el actual monarca de un reino perdido en el medio del mar Mediterráneo, que poca gente conoce pero que sigue exhibiéndole al mundo, con orgullo, el curioso título del “Reino más pequeño del mundo“.

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