El ejemplo que les das como mapadre es más potente que lo que les decís. Evitar las chatarras e identificar si comen por hambre o ansiedad es clave.

“Al mediodía resolvemos con panchos”, “le ponemos dibujitos para poder trabajar”, “pedimos delivery porque no hay nada en la heladera”, “yo quería comer un alfajor, así que también le di uno”. Con rutinas patas para arriba y poco tiempo (y ¿ganas?) para dedicarle a la alimentación familiar, la comida hogareña termina convirtiéndose, en muchos casos, en comida “rápida”. Por qué no debemos perder de vista que los hábitos alimentarios aprendidos en la niñez son la principal estrategia para evitar el sobrepeso u obesidad en los chicos y chicas.

En Argentina, un 13,6% de los niños menores de 5 años tiene exceso de peso y la cifra se extiende al 41,1% en la población de 5 a 17 años, según datos de la Segunda Encuesta de Nutrición y Salud (2019). ¿Cuáles son los principales factores que influyen en el sobrepeso y obesidad infantil?

“El sobrepeso parental es el mayor predictor de riesgo de obesidad infantojuvenil, seguido de la presencia de un bajo nivel socioeconómico. Cuando uno de los padres tiene obesidad, la posibilidad de que el niño tenga sobrepeso alcanza un 40%, y esta probabilidad se duplica cuando ambos padres presentan obesidad”, explica a Clarín Paola Harwicz, especialista en cardiología y nutrición, magister en diabetes e integrante de la mesa de trabajo Argentina del Congreso ECO Obesity 2021.

Y agrega la directora del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología: “En relación al entorno en el cual se desarrollan las actividades de los niños, encontramos una gran disponibilidad de alimentos hipercalóricos que invitan a su sobreconsumo, lo cual favorece el aumento de peso. Asimismo, un estilo de vida sedentario y muchas horas frente a la pantalla también contribuyen a esta escalada en el peso”.

Todas aquellas interacciones alimentarias que realizamos en presencia de los niños durante las comidas son un ejemplo para ellos. Foto: ilustración Shutterstock.

Todas aquellas interacciones alimentarias que realizamos en presencia de los niños durante las comidas son un ejemplo para ellos. Foto: ilustración Shutterstock.

Publicidad chatarra

La comida chatarra y la publicidad dirigida a los chicos también contribuyen a la mala alimentación de los chicos: uno de cada dos chicos y chicas reconoce haber comprado un alimento poco saludable porque lo vio en una publicidad en los últimos 3 meses, según una reciente investigación de UNICEF sobre la exposición de niños, niñas y adolescentes al marketing digital de alimentos y bebidas en Argentina, que se encuentra en el primer puesto de la región en sobrepeso en menores de 5 años.

“El incremento en los niveles de obesidad se debe fundamentalmente a cambios en el patrón alimentario de la población, que ha pasado de consumir alimentos naturales y comidas caseras a desplazarlos por productos procesados y ultraprocesados, que son envasados listos para consumir, y bebidas azucaradas. Esta conducta, en muchos casos, responde a la influencia de estímulos que alientan el consumo de productos que tienen exceso de azúcar, grasas y sal añadidos, con escaso valor nutricional”, comenta Fernando Zingman, especialista en salud de UNICEF Argentina.

Mientras tanto, el proyecto de ley que impone el etiquetado frontal de alimentos ya cuenta con media sanción en la Cámara de Senadores desde hace ocho meses. “Que no te tapen los ojos” es la consigna de la campaña que lanzó un grupo de organizaciones no gubernamentales para exigir que avance en Diputados esta medida que busca que los productos alimenticios con exceso de nutrientes críticos (grasas, sodio, azúcares y calorías) lleven en el frente de los paquetes sellos negros de advertencia que permitan a los consumidores tomar decisiones informadas de manera rápida y sencilla.

Por otro lado, y en línea con limitar el impacto de la publicidad en este sentido, recientemente el gobierno de Reino Unido anunció que prohibirá la emisión en televisión de anuncios de comidas con elevados niveles de azúcar, grasas o sal antes de las nueve de la noche. Cuando la reforma entre en vigor, en principio a finales de 2022, entre las 5.30 y las 21 no se podrán emitir anuncios de chocolate, gaseosas, helados, galletitas, jugos azucarados, cereales de desayuno, papas fritas o pizzas, entre otros productos.

La comida chatarra y la publicidad dirigida a los chicos también contribuyen a la mala alimentación de los chicos. Foto: ilustración Shutterstock.

La comida chatarra y la publicidad dirigida a los chicos también contribuyen a la mala alimentación de los chicos. Foto: ilustración Shutterstock.

Palabra versus ejemplo

La manera de comer y las elecciones de los mapadres son fundamentales a la hora de educar a los chicos a seleccionar de manera equilibrada los productos y alimentos. “‘La palabra’ en la recomendación o la indicación de comer algún alimento puede ser débil si no se complementa con ‘la acción de dar el ejemplo al comer’ por parte de los padres”, señala Harwicz.

Sergio Farinelli, especialista en crianza y obesidad infantil, coincide: “Todas aquellas interacciones alimentarias que realizamos en presencia de los niños durante las comidas son un ejemplo para ellos. Si ingerimos grandes bocados de alimentos los niños seguirán esas pautas, si comemos pizza y decimos que es lo más práctico, el hábito de la practicidad y lo rápido también será un patrón a seguir por los infantes. Es así como la exposición repetida ante los niños de estos modelos familiares, genera un estímulo condicionado que asocia determinados alimentos con la cultura alimentaria de ellos”.

Si insistimos en el hábito de la practicidad, lo rápido también será un patrón a seguir por los chicos.

Si insistimos en el hábito de la practicidad, lo rápido también será un patrón a seguir por los chicos.

“Si no ordenás, no comés postre”

Padres y madres agotadas, chicos y chicas aburridas… No es una buena combinación. Mapadres que ya no saben qué argumento darles a los niños o qué juego “inventar” para que se entretengan. Y en esa combinación de hastío hogareño se puede caer en el “incentivo” para convencerlos de que hagan, o dejen de hacer, algo.

“El uso de la comida como premio en el ámbito de la infancia es algo que sigue estando muy arraigado en los padres, lo cual es sumamente erróneo. Tal es así que cuando premiamos a los niños con comida, y que además generalmente es comida chatarra, no hacemos más que enseñar a ese niño o niña que las comidas con altos porcentajes de grasas, sal y azúcares otorgan ‘felicidad’. Entonces, desde infantes aprenden a asociar satisfacción con mala alimentación y ese es el patrón que repiten a lo largo de sus vidas”, señala Farinelli.

La alta disponibilidad de los alimentos ultraprocesados facilita su consumo.

La alta disponibilidad de los alimentos ultraprocesados facilita su consumo.

Identificar las emociones

¿Cómo ayudar a los chicos con ansiedad por comer, y que la comida deje de ser el centro de la escena? “Lo más importante es detectar cuáles son los gatillos que favorecen las comidas desordenadas, el picoteo o los atracones. Identificar las emociones que se esconden en estos actos es el primer paso para conocer si existen factores psicológicos que podrían derivar en desajustes alimentarios”, dice Paola Harwicz.

Farinelli recomienda, además, evitar juzgar o criticar su accionar, ya que con esto también estaremos activando aún más el disparador de sus emociones.

Los profesionales subrayan que “es muy valioso realizar una consulta con un especialista que los ayude a definir la necesidad de investigar posibles situaciones de estrés de los chicos en su ámbito escolar, con amigos, dentro de la familia, etc. De esta manera, de ser necesario, avanzar con una consulta psicológica para reconocer las emociones y trabajar sobre ellas”.

Los ultraprocesados ontienen a menudo cantidades más elevadas de lípidos, lípidos saturados, azúcares y sales añadidas.

Los ultraprocesados ontienen a menudo cantidades más elevadas de lípidos, lípidos saturados, azúcares y sales añadidas.

Cuarentena fast food

La ausencia de actividad presencial en las escuelas, el cierre de instituciones deportivas, el aumento del tiempo de pantalla en relación a la época pre-pandemia fueron determinantes de un incremento en el peso corporal, indica la integrante de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Además, señala, “favoreció dos posibles situaciones: algunas familias (las menos) mejoraron sus hábitos alimentarios, cocinaron en sus casas al estar realizando home office, optaron por encontrar un equilibrio en las elecciones de las comidas… Pero muchas otras fomentaron las preparaciones de budines, tortas, galletitas caseras, etc. como entretenimiento para paliar la angustia del encierro”.

Es así que señala que, según muestran las encuestas realizadas por la Sociedad Argentina de Nutrición publicadas recientemente, muestran un incremento en el peso en el 40% de la población encuestada (5.635 personas) asociado a ansiedad, tristeza, entre otras y debido a una mayor ingesta (16,6%) o menor actividad física (19,1%), o ambas condiciones (64,3%).

Mostrarles variedad de alimentos es clave para mejorar y fortalecer los hábitos alimentarios más saludables.

Mostrarles variedad de alimentos es clave para mejorar y fortalecer los hábitos alimentarios más saludables.

Obesidad infantil: 6 consejos para padres

En caso de no poder ordenar las rutinas y comidas, es recomendable hacer una consulta con un profesional, que será el encargado de ordenar los pasos a seguir. Mientras tanto, algunos “cambios de hábitos” para tener en cuenta:

  • Profundizar en la educación alimentaria de los niños, mostrándoles variedad de alimentos, verduras y frutas, sus colores, sus formas e incentivar su consumo.
  • Incorporarlos a cocinar en casa con los adultos, realizando tareas específicas para cada edad.
  • Motivar la actividad física en los niños. Salir a caminar e ir a la plaza.
  • Volver a jugar con los infantes (los padres ya no juegan con sus hijos), evitando así el consumo directo de pantallas.
  • No fomentar la “cultura de la Play”. Jugar con la tecnología no es saludable para los niños. La ansiedad y la frustración que estos juegos producen también derivan en excesos alimentarios.
  • Establecer rutinas y horarios de descanso en casa.

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