miércoles, abril 1, 2020
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Sexo y comida sin culpa María del Mar Ramón: “El placer es una idea subversiva, porque subvierte el orden del deber”

Masturbación, sexo, educación sexual y mucho feminismo son parte del libro Coger y comer sin culpa. El placer es feminista.

“El placer es subversivo en las mujeres”. Así lo asegura María del Mar Ramón, quien entiende al goce como un derecho fundamental de las mujeres, un asunto político y colectivo. En Coger y comer sin culpa. El placer es feminista (Paidós), la autora bucea por la sexualidad en muchos de sus aspectos: destaca la importancia del consentimiento, el cambio que puede generar una buena implementación de la Ley de Educación Sexual Integral e, incluso, saca del placard a la tantas veces silenciada masturbación femenina​.

Con el cuerpo como un dispositivo a través del cual se goza o se sufre, la escritora se enfrenta a abusos, mandatos, estereotipos y prejuicios a través de su propia historia. Entremujeres Clarín dialogó con ella.

– Asegurás que “el placer es subversivo en las mujeres”, ¿por qué creés que aún hoy sigue siendo así?

– Porque todavía la conversación sobre el placer y, sobre todo, los mandatos que recaen sobre las mujeres son muy estrictos y siguen siendo muy fuertes. Apenas estamos empezando a cuestionarlos y a pensar en nuestra propia voluntad y en nuestros propios proyectos de vida. Lo que yo de hecho creo es que el placer es una idea subversiva porque subvierte el orden del deber. A las mujeres se nos educó para siempre cumplir con este proyecto de vida que desemboca en la maternidad obligatoria. Pensar que quizás ese no sea nuestro deseo, que nosotras quizás queremos hacer otras cosas con nuestras vidas, que quizás no queremos tener parejas hetero cis sexuales o queremos construir el amor de otra forma y quizás queremos llevar nuestra sexualidad de otra manera es una idea que subvierte ese orden. Esa imposición de ese proyecto de vida, esa imposición sobre la maternidad -que es mucho más trascendental que un tema de salud pública, sino que también es una discusión sobre el cuerpo y la vida de las mujeres- sigue siendo muy estricta. Es menos subversiva ahora que se están dando otras narrativas y se están habilitando otras voces. El castigo por no cumplir estos mandatos es quizás un poquito menor, pero no tanto menor. Cualquier mujer que lleve adelante un proyecto de vida que no sea la imposición de este modelo que desemboca en la maternidad obligatoria sigue siendo muy aleccionada.

"Coger y comer sin culpa" (Foto: Julieta  María)

“Coger y comer sin culpa” (Foto: Julieta María)

– ¿Visualizás un cambio respecto al derecho al placer femenino en las nuevas generaciones?

– Visualizo un cambio porque se está hablando de placer. Hace diez años no se hablaba de placer, ni de consentimiento desde el placer ni de la educación sexual desde el placer. Es súper importante, empiezo a intuir que quizás vaya a haber un cambio mucho más rápido. Está ponderándose como una cuestión muchísimo más relevante para la vida de las mujeres y no un asunto banal. Es una cuestión de la que hay que hablar para garantizar derechos. Esto es muy trascendente para el feminismo porque estamos en un nivel de discusión tan adelantado que nosotras no sólo nos queremos queremos vivas, queremos tener una buena vida, una vida placentera que podamos disfrutar. El disfrute y el goce, como dice la gran Luciana Peker, como una cosa legítima y necesaria para la vida de las mujeres. Por otro lado, destaco mucho la labor de la Ley de Educación Sexual Integral en las nuevas generaciones con respecto a narrativas como el placer, el deseo y el consentimiento. Esta educación sexual basada en desmontar los estereotipos de género y fundamentada en esta idea de disfrute y de cuidado, es un logro titánico respecto a la que nos tocó a nosotras. Tengo muchísima fe en que les pibis de la generación ESI vienen con otro chip y es muy trascendente para generar un cambio cultural.

– La masturbación es otro de los protagonistas del libro: ¿el patriarcado sigue triunfando a la hora de ocultar la autosatisfacción femenina?

– Con la masturbación vamos dando una disputa para poder visibilizar esta práctica en las mujeres. No sólo visibilizar, sino también para generar información científica. Sobre el placer de las mujeres no hubo investigaciones serias durante muchísimos años. Todos estos prejuicios y estos estereotipos también se fundamentan en un sistema científico súper machista que tampoco se interesó en darnos datos. No podíamos hablar del tema públicamente y tampoco de manera privada por el pudor que nos daba; y ni siquiera contábamos con información al respecto, estábamos a ciegas con nuestro propio placer. Ahora hay cada vez más estudios emergentes hechos por mujeres pero, sobre todo, podemos hablarlo. A mí me gusta hablar de la paja, me gusta la palabra ‘paja’ porque me parece que reivindica y nos reapropia de un término que fue históricamente de los varones. La masturbación es una cuestión que nos reapropia del cuerpo y es fundamental para poder tener relaciones sexuales con una o más personas. Simbólicamente, haber ocultado la masturbación femenina tiene este efecto de pensar que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad siempre funciona a disposición de un otro. La posibilidad de conocer tu propio cuerpo sienta una base y un parámetro de cómo la pasás bien y de lo que no estás dispuesta a soportar.

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María del Mar Ramón (Foto: Julieta María)

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– Uno de los puntos que destacás es el consentimiento, ¿considerás que actualmente se educa o hay campañas suficientes al respecto?

– Sí, la conversación sobre consentimiento se está dando de manera súper interesante, desde un montón de ámbitos distintos. Era un concepto que no habíamos pensado ni problematizado mucho. Nuestra educación sexual era mucho más basada en el respeto, el cariño, contra la promiscuidad pero nunca se hablaba de que una vez que tenías una pareja estable el sexo igual tenía que ser consentido. Es un cambio de paradigma muy importante hablar de la sexualidad desde el consentimiento y no de la sexualidad desde el amor.

– Cuando te referís a tus años con desórdenes alimenticios te referís a la contradicción entre ser feminista pero, aún así, tener el deseo de un cuerpo hegemónico, ¿cómo puede luchar el feminismo contra los parámetros de belleza impuestos durante años por la cultura patriarcal?

– Yo celebro que cualquier mujer transite su vida feliz con su cuerpo, pero la idea del amor propio absolutamente despolitizado que no tiene en cuenta que sí hay una imposición de los parámetros de belleza me parece una lógica un poco cruel. Es muy fácil decir que vos te amás cuando sos todo lo que hay que amar, cuando representás todo lo que nos dijeron que estaba bien amar. Nosotras como feministas no nos podemos subir a este desconocimiento de que sí hay una corporalidad hegemónica que tiene privilegios que te otorgan el sistema y las instituciones, tenemos que dar la disputa hacia el sistema que impone estos modelos de belleza. Tenemos que cuestionar esta idea del amor propio como una imposición, como un conjuro que nos salva y nos rescata de formas de discriminación que existen y son materiales. El feminismo siempre es colectivo, el amor propio es una cuestión colectiva y nosotras tenemos que luchas contra ese sistema con acciones concretas: que haya mayor diversidad corporal en los consumos culturales, la ley de talles y todas las cuestiones que van a ampliar los derechos para todas las cuerpas. Las feministas muchas veces tenemos mucho miedo a la contradicción; en lugar de negar la contradicción, tenemos que habitar ese espacio que es súper fértil para cualquier debate. En lugar de ocultar que también somos vulnerables a todos esos mandatos, es mucho más fácil exponerlo y hablarlo.

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