jueves, febrero 27, 2020
Cultura

San Isidro La chica de Martínez que rompió el mandato familiar para dar vueltas colgada de una tela

Verónica Arabetti empezó a estudiar medicina influenciada por sus padres. Dejó todo para convertirse en acróbata.

Romper con la tradición familiar puede sonar arriesgado. Pero Verónica Arabetti (34), artista de Martínez, apostó por su sueño de ser acróbata y hoy inspira a toda su familia a seguir su ejemplo.

Desde muy pequeña, su vocación estaba clara. “Iba a un colegio doble turno y no tenía mucho tiempo libre, pero lo explotaba al máximo para ir a entrenar”, explica. Y agrega: “Fui a todos los cursos de danza, acrobacia, gimnasia artística y expresión corporal que encontré”.

Sin embargo, una vez llegada su adolescencia, tomó una decisión poco premeditada: se anotó para estudiar Medicina. “Cuando terminé el secundario, pensé que tenía que seguir el legado de mi familia, pero después de un tiempo me di cuenta de que era la elección incorrecta”, asegura. Y admite: “Pasaba una hora estudiando y las otras 23 colgada de una tela haciendo acrobacia, cantando o bailando”.

“No vengo de una familia de artistas y al principio me costó mucho romper el molde", dice Verónica Arabetti.

“No vengo de una familia de artistas y al principio me costó mucho romper el molde», dice Verónica Arabetti.

Y fue así, como en un entorno de médicos e ingenieros, Verónica se convirtió en Licenciada en Arte Dramático. “No vengo de una familia de artistas y al principio me costó mucho romper el molde. Pero hoy me apoyan y me acompañan”, dice orgullosa de contar con sus parientes en todos sus espectáculos.

Poco a poco, lo que parecía ser una rareza para los Arabetti, se transformó en moneda corriente: “Abrí la puerta para que todos se animen a probar alguna actividad artística, aunque sea pintar”. Su madre apostó por el arte plástico y su hermana – también bailarina – se convirtió en su mano derecha. Pero la sorpresa tuvo que ver con otro miembro de su familia: “Mi abuelo Celso de 80 años es ingeniero, pero después de venir a mis muestras, se anotó en un curso de teatro para hacer algo distinto”.

«Mi abuelo de 80 años es ingeniero pero después de verme, se anotó en un curso de teatro para hacer algo distinto”.

A pesar de dedicarse a lo que le gusta, Verónica sentía que algo más le faltaba a su vida: transmitir todos esos conocimientos. “Amo ser maestra y enseñar lo que sé, por eso hace ocho años abrí mi propia escuela en San Isidro que se llama VA Circo”. El instituto, que lleva sus iniciales, también deja otro mensaje: “Para mí VA tiene una energía entusiasta y de impulso, me gusta ir siempre para adelante”.

Y aunque ahora pase sus días dictando clases de tela, trapecio, acrobacia áerea y danza contemporánea, sueña con más: “Me encantaría presentar un show en el Luna Park para toda la familia”.w

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