Un equipo de científicos analizó el ADN de estas enormes burbujas translúcidas, algunas del tamaño de un humano.

Un grupo de científicos descubrió qué son las misteriosas esferas gelatinosas halladas por los buzos cerca de la costa occidental de Noruega. Esta suerte de burbuja gigante y translúcida que podían superar el metro de diámetro fueron observadas flotando entre la superficie y el fondo del mar.

Un equipo liderado por la investigadora Halldis Ringvold, directora de la organización Sea Snack Norway, decidió animar a recolectar pequeñas muestras de tejido de estas esferas, que se almacenaron y analizaron.

El objetivo de la misión era poner fin al misterio que rodeaban a estos cuerpos que desconcertaban a los biólogos. Los resultados de las pruebas fueron publicados en la revista Scientific Reports.

Los análisis de ADN permitieron establecer qué eran las extrañas esferas. Foto: Sea Snack Norway

Los análisis de ADN permitieron establecer qué eran las extrañas esferas. Foto: Sea Snack Norway

Los análisis de ADN permitieron establecer esas extrañas esferas como sacos de huevos de un calamar común llamado Illex coindetii. De hecho, revelaron que cada masa esférica puede contener cientos de miles de huevos  protegidos por una especie de mucosa que con el paso del tiempo se va desintegrando.

“Pudimos ver los embriones de calamar en cuatro etapas diferentes. Además, pudimos seguir cómo la esfera iba cambiando de consistencia, de firme y transparente a quebradiza y opaca”, explicó la autora principal del estudio durante una entrevista con revista a Live Science.

Calamar del Mediterráneo

La investigación sostiene que este calamar pertenece a la familia Ommastrephidae, habitan el Mar Mediterráneo y ambos lados del norte del Océano Atlántico.

Las hembras generan grandes esferas de huevos con su propio moco. Foto: Captura YouTube

Las hembras generan grandes esferas de huevos con su propio moco. Foto: Captura YouTube

Justamente durante la reproducción, las hembras generan grandes esferas de huevos fabricadas con su propio moco para mantener a sus embriones flotantes y a salvo de posibles depredadores.

Pese a que esta especie se conoce desde hace más de 180 años, los avistamientos de sus sacos de huevos resultan sumamente extraños y hasta ahora jamás habían podido ser identificados.

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