Una película que marca una bisagra para el estudio

Trato de describirle el efecto de una escena de Red a su directora, Domee Shi, y su productora, Lindsey Collins. Presenta a la heroína y protagonista, una chica de 13 años llamada Mei, que se encuentra de pronto poseída por una sensación de profunda urgencia sobre el chico lindo que trabaja en la tienda multipropósito local. Ella se zambulle bajo la cama. Agarra su cuaderno de notas, y empieza a dibujar cuadro tras cuadro del chico, con sus musculosos brazos rodeándola y estrellas en los ojos. Está en el medio de… ¿cómo llamar a esa sensación?

Shi interviene, solícita: “¿Una espiral de calentura?”

Sí, una espiral de calentura. La más reciente película de Pixar, estrenada hace dos semanas en la plataforma Disney+ y situada a comienzos de la década 00 en Toronto, se siente un poco como un diccionario de la adolescencia femenina. La película de animación tiene en su corazón una inesperada metáfora de la pubertad: Meilin Lee, más conocida como Mei, se despierta una mañana y descubre que cada vez que se disparan sus emociones, ella de pronto se convierte en un panda rojo gigante.

Cuando se trata de Pixar, las metáforas son una costumbre habitual: Woody y Buzz Lightyear, los protagonistas de Toy Story, son en realidad representaciones de todas nuestras infancias marchitas; Wall-E nos advierte que el consumismo desenfrenado lleva a la despersonalización y el aislamiento; Intensa-mente convierte nuestras emociones en personajes antropomórficos. Pero Red es algo destacable -una marca indeleble en la historia de Pixar- por el material que no deja para los ensayos futuros de los estudiantes. Es bien frontal con respecto a la pubertad, sobre lo olorosa y desgarbada que de pronto se siente Mei. Y es bien frontal con respecto a la menstruación, con la madre de Mei, Ming, malinterpretando el súbito pánico de su hija como la señal de su primer período. Ella irrumpe en el baño, con los brazos llenos de paquetes de tampones y toallitas sanitarias. ¡Toallitas sanitarias en una película de Disney! Se siente como un pequeño milagro.

“A veces la pubertad es tratada como una temática tabú”, señala por Zoom Rosalie Chiang, quien interpreta a Mei en la versión en inglés. “En la realidad, todos pasan por eso. Todas las personas del mundo”. Finalmente, las pantallas ofrecen una película de Pixar que refleja el panorama completo de esa realidad. “Ahora está normalizado”, agrega Sandra Oh, la voz original de Ming. “Y aunque en un modo algo confuso, de alguna manera también es celebrado.”

Sandra Oh.

¿Tenía Shi preocupaciones por algunas potenciales reacciones negativas? “Yo sentía más curiosidad por cómo podía reaccionar la gente”, dice la realizadora. “Esas escenas pertenecen a la primerísima versión de la película. Y se sentía como un acto de verdad, y la verdad es que me metí de lleno en eso antes que andar de puntillas alrededor del asunto.” En palabras de Collins, Shi es alguien a quien “le gusta abrazar los momentos incómodos”. Y eso sucede de manera hermosa en Red, que está llena de nervios y mareos. Aunque se podría decir que Shi en realidad ya “abrazó el momento incómodo” con su debut como directora, el cortometraje Bao de 2018 (también del estudio Pixar), que terminaba con una madre comiéndose a su hijo, un dumpling con sentimientos al que había criado y tenía miedo de dejar ir. Presentado como introducción de Los Increíbles 2, el corto era divertido y extraño de un modo al que nunca antes se había atrevido Pixar. Le hizo ganar un premio Oscar de la Academia. Y abrió la puerta para Red.

“Pixar se contactó conmigo y me propuso si quería desarrollar tres ideas para una película de largometraje”, explica Shi. “Y yo supe inmediatamente que todas las tres ideas iban a tratar de historias de crecimiento que se desarrollaban con personajes femeninos, porque era el tipo de historia que realmente me apasionaba. Y creo que Red era la más personal de las tres.” Para Collins, Pixar siempre estuvo en el negocio de contar historias personales, y eso fue especialmente cierto para cada debut de sus realizadores. Cuando Pete Docter, el actual directivo del estudio, presentó la idea original para Monsters Inc., encapsuló allí todas las ansiedades que le habían disparado el hecho de ser padre por primera vez.

Domee Shi (Imagen: Gentileza Pixar)

Como Mei, Shi nació a fines de los años ochenta, en Chongqing, en el suroeste de China. Su familia se trasladó a Canada cuando ella tenía dos años. El último título de Pixar, Luca, fue inspirado por los idílicos veranos genoveses que disfrutó en la infancia su director italomericano, Enrico Casarosa (excepto por los monstruos marinos). Unidos tenía que ver con la pérdida de su realizador Dan Scanlon, cuyo padre murió cuando él era pequeño (solo que sin los elfos). “Creo que eso es lo que estamos viendo ahora: que la próxima generación de realizadores cinematográficos llega para contar sus más personales y seminales historias”, argumenta Collins. “De alguna manera, se siente como si escucharan con atención a un par de décadas atrás. Pero en otro sentido se siente muy refrescante, un paso hacia adelante. Con lo que es extraño. Es una rara combinación de la vieja escuela y la nueva.”

Parte del pensamiento de esa nueva escuela, ciertamente, tiene que ver con el liderazgo exclusivamente femenino en el equipo detrás de Turning Red. Es la primera vez que sucede en toda la historia de Pixar. “La mayoría de mi cuerpo de trabajo se produjo junto a mujeres. Mujeres encabezando, mujeres escribiendo, mujeres produciendo”, dice Oh, con un guiño a proyectos del pasado como Grey’s Anatomy y Killing Eve. “La prueba estará en cómo esta película es vista y recibida. Porque son mujeres en la cumbre de su juego, a las que se les dio la oportunidad de tomar la iniciativa, el liderazgo en una narración. Y hay una diversidad en eso. Y hay una diversidad cultural en eso. Y es como decir, bueno, aquí está nuestra historia. Esto es lo que queríamos decir.”

Pero no siempre es tan fácil cuando no se está acostumbrada que te pasen el micrófono. Para algunas integrantes del equipo, fue la primera vez que se pusieron al frente de la nave Pixar. Un día, Collins se llevó aparte a la diseñadora de producción de la película, Rona Liu. Ella había estado notoriamente callada en los encuentros generales por Zoom. No tengas miedo de hablar, le dijo Collins. Tu voz es requerida para esto. Te ganaste ese lugar. “Mi actitud era ‘¿Me estás jodiendo?’ Ustedes son el más impresionante grupo de mujeres con el que haya trabajado alguna vez”, dice la productora. “Hablen, porque yo quiero escuchar lo que tienen para decir.”

Shi nunca tuvo ese problema, y dice eso con la leve, algo maliciosa risa que acompaña la mayoría de las descripciones que hace sobre sus métodos de trabajo. Pero a la vez admite que “tuve algunos problemas con mi manera de expresarme”, y lanza otra risa: “Pero pude trabajar en eso”. Collins amplía sobre la cuestión: “Eso es una cosa bastante habitual con los directores porque, creo, la primera vez que lo hacés, te olvidás del gran impacto que puede tener tu voz. No te das cuenta de que tenés a 250 personas que están pendientes de cada palabra que pronunciás, un lugar en el que sos responsable de hacer que sientan confianza en lo que hacen. Y hay una verdadera responsabilidad en eso.”

Una cosa es cierta: Shi ciertamente supo cómo engatusar a los más suprimidos, viscerales recuerdos de la adolescencia de sus colaboradoras. “Creo que nosotras, como personas, tratamos de evitar lo más posible ese momento de nuestras vidas, tratamos de evitar lo más posible de hablar de ello, o mirar fotografías de ese momento. Punto”, dice Collins. “Y creo que para Domee eso fue como una droga. Oh, todos odian hablar de eso. Hagamos toda una película sobre el tema.” Red se siente como si pasaran la páginas de un diario íntimo. No solo cuando se trata de los desórdenes de la pubertad o la santidad de las primeras amistades (la pequeña pandilla de Mei es verdaderamente envidiable), sino también de la manera en que las relaciones entre padres e hijos pueden fluctuar a través del tiempo.

“Tenés que empezar a sentirte más alejado de tus padres”, dice Oh. “No importa cuánto los ames.” Mei pasó la mayoría de su infancia en un estado de absoluta lealtad hacia su madre; una lealtad que tenía que ver con el amor, por supuesto, pero también parcialmente como consecuencia de las tradiciones de su herencia china. Eso cambió a medida que empezó a crecer y empezó a formarse una mejor percepción de sí misma como un individuo. “Si querés convertirte en una persona por derecho propio, realmente tenés que atravesar esa experiencia”, agrega Oh. “Con lo que aquí lo tenemos en un paisaje cultural específico pero le está hablando a todos, algo del estilo ‘No te lo puedo explicar a vos, mamá, no sé qué es lo que está sucediendo pero no se lo puedo trasladar a la persona con la que siempre me estaba comunicando’.”

Red puede estar firmemente encajada en el mundo de los Tamagotchis, las revistas para adolescentes y los relojes de Baby-G, pero es más un artefacto andante por las suyas que un vehículo para la pura nostalgia. Collins tiene tres hijas adolescentes. “Estamos siempre poniendo música en la cocina”, dice. “Y la canción de Billie Eilish ‘Ocean Eyes’, que creo que salió en 2016, sonaba constantemente. Y simplemente veías que les estaba hablando a ellas. Aun cuando la estaban cantando bajito, casi en un suspiro, todas ellas se sabían la letra. Eilish le habló a toda una generación de chicas.” Con lo que, cuando se llegó a la cuestión de quién debía escribir las canciones para la banda ficcional de la película 4*Town, Collins no vio ninguna necesidad en que Pixar ejercitara sus músculos para tratar de reunir a los Backstreet Boys o ‘NSync. Eilish podía hacerlo perfectamente. Ella y su hermano y compañero de composición, Finneas O’Connell, contribuyeron con tres canciones para la banda de sonido.

Y, seguro, las cosas son diferentes al día de hoy. “Creo que con las redes sociales puede haber definitivamente algunas cosas ocultas, inseguridades escondidas, porque compartís lo que querés compartir, la parte que querés mostrar“, dice Chiang, quien tenía 12 años cuando empezó a trabajar en Red. “Y con Mei y su panda rojo, ella no puede evitar que todos puedan ver esa faceta que ella quiere esconder.” Pero de todos modos todo se reduce a los mismos temores e inseguridades, a ese código universal que Shi se propuso escribir. “Espero que les adolescentes se den cuenta de que abrazar tu costado más embrollado está bien”, agrega Chiang. “Es perfectamente normal. Y no hay nada extraño sobre eso.”

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