jueves, junio 4, 2020
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Reconexión interior Tiempo de cuarentena, ¿tiempo de volver a descubrirnos?

La periodista, escritora y creadora de Viajo Sola Valeria Schapira reflexiona sobre qué nos aportan estos días de aislamiento en casa, desde un costado espiritual.

Pensaba en la cantidad de personas que se están conociendo a sí mismas ahora. Cantidad de hombres y mujeres que han convivido años, una vida inclusive, con extraños: ellos mismos. Son tiempos estos benditos para reconocernos, es decir, para volver a conocernos. Tiempos para redescubrirnos, reconectarnos y enterarnos que dentro nuestro existen recursos que ni sabíamos existían. Son las grandes tempestades las que fortalecen a los marineros y de esta tormenta saldremos más resilientes.

El coronavirus​ ha venido a enseñarnos, entre otras cosas, a entender que no tenemos control sobre todo –en realidad, sobre muy pocas cosas- y que somos finitos y vulnerables. A vivir el presente, el aquí y el ahora, que es lo único que tenemos como certeza. A resolver situaciones inesperadas, desde aquellas trascendentes, como estar alejados de quienes nos necesitan, hasta cuestiones más cotidianas, como aprender a teñirnos el pelo a quienes íbamos a la peluquería.

La cuarentena nos pone en un estado de hipersensibilidad. Los sentidos se agudizan. Sentimos nuestra libertad recortada y es una enorme oportunidad para entender que la libertad está dentro nuestro. El encierro nos propone el desafío de explorarnos. Resulta que somos más fuertes de lo que pensábamos, más solidarios, más empáticos, más habilidosos. Resulta que podemos sorprendernos. Resulta que podemos. Es cierto que en estos tiempos afloran las sombras, las propias y las ajenas. Es buen momento para hacer una depuración interior y, a la vez, alejarnos de los vínculos que no aportan a nuestro crecimiento.

Estos días en casa pueden enseñarnos a convivir con la incertidumbre, a tolerar la frustración y a entender que nuestros planes y proyectos pueden sufrir postergaciones y finales no esperados. La vida misma, en nuestras narices. Cuántas veces nos hemos preocupado por tonterías hasta que una muerte, una enfermedad o un despido han sacudido nuestros cimientos. Recién ahí nos dimos cuenta que lo demás no era tan trascendente.

Quizás sea tiempo de que aprendamos, de una vez y para siempre, algo que los budistas tienen muy en claro: que la vida es un ciclo. Que cuando algo muere, algo nace. ¿Qué tal practicar el desapego de algunas relaciones? ¿Qué tal entender que no necesitamos tantos objetos ni aturdirnos con tanto ruido?

Aceptar que a veces toca la buena y otras la mala pero, como dicen los mayores, “basta la salud”.

Soplan buenos vientos para practicar la gratitud. Agradecer cuando nos levantamos porque un nuevo día se presenta ante nosotros, porque estamos vivos y porque hay esperanza. Al irnos a dormir, agradecer nuestro techo y comida, los afectos que -aún a la distancia- nos contienen y conmueven.

Inaugurar una libreta o cuaderno de gratitud es una linda idea: anotar en él cada una de las cosas, situaciones, personas, animales, plantas, etc. a las que nos sentimos agradecidos es un ejercicio que ilumina el alma y nos lleva a un lugar de amor.

Cultivar una mente apacible es esencial. No aplica la excusa de “no tengo tiempo” que usamos siempre para no trabajar la espiritualidad. Es cierto que muchos estamos sobrecargados de trabajo y labores hogareñas, pero siempre hay espacio para algo sanador. La tecnología nos está brindando grandes regalos: meditaciones gratuitas en línea, tutoriales para alimentarnos de manera saludable, clases de todo un poco… La cuarentena nos regala la posibilidad de respirar aire puro, aún en el balcón. Los animales recuperan sus derechos y ganan la libertad de la que los hemos privado: el zoológico se invierte y ahora somos nosotros los enjaulados. El planeta pedía a gritos un descanso, y ahora lo tiene.

Es tiempo de sacudir la túnica a nuestros fantasmas. Todo pasa para algo. Para que aprendamos, aún a costa del dolor y las heridas. De esta saldremos más fuertes, más compasivos, más empáticos. Más humildes. Más vulnerables, sí, pero mucho más humanos.

Por Valeria Schapira, escritora y creadora de @viajosolaoficial. * En estos tiempos turbulentos, liberó la descarga gratuita de su libro Dolores del alma . Un viaje del dolor al buen amor (Urano). Para descargarlo, hacé clic acá.

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