Una nueva tribu de consumidores comienza a influir en la venta de productos y alimentos.

Torben Lonne, un buceador de 34 años, de Copenhague, nunca come sin considerar la huella de carbono y el nivel de emisiones contaminantes de los alimentos que está a punto de consumir.

Por esa razón, su dieta gira en torno a frutas y verduras locales y pizza.

Sin embargo, evita las paltas.

Cada vez se imponen más los cultivos orgánicos y sólo comer alimentos de estación Foto AP Photo/The Journal and Courier, Tom Leininger.

Cada vez se imponen más los cultivos orgánicos y sólo comer alimentos de estación Foto AP Photo/The Journal and Courier, Tom Leininger.

“Loas paltas que son producidos para la exportación tienen un increíble impacto ambiental, en especial cuando se considera que de la granja al plato hay en realidad varios miles de kilómetros de distancia”, dijo Lonne.

“Aparte de la logística, las granjas de palta han agotado muchos ríos y lagos, particularmente en Sudamérica, para saciar nuestro apetito voraz de guacamole”.

Lonne se autodenomina un “climatariano”, término que apareció por primera vez en The New York Times en 2015, ingresó al Diccionario Cambridge al año siguiente y ahora se está volviendo más común.

Apps como Kuri, lanzada el año pasado, ofrecen recetas climatarianas.

Los restaurantes rápidos y casuales, como Just Salad y Chipotle, están marcando en sus menús platos que encajan en esta dieta.

Entre las marcas amigables con los climatarianos figura Moonshot, una compañía neutra en carbono de San Francisco que produce una línea de galletitas saladas a partir de ingredientes cultivados de forma regenerativa con trigo ancestral molido en piedra y paquetes 100 por ciento reciclados.

Julia Collins, la directora ejecutiva de 42 años y fundadora de Moonshot, también inició Planet FWD, que vende lo que ella llama “software de sustentabilidad” para ayudar a otras compañías de alimentos a calcular el impacto ambiental de sus ofrecimientos.

Cuando Just Salad agregó una opción de menú climatariano en septiembre, más del 10 por ciento de sus ventas de ensaladas provino de ese menú, dijo Sandra Noonan, directora de sustentabilidad de la cadena, un puesto creado en el 2019.

Quienes siguen la dieta se apegan a las frutas y verduras de temporada de su región; evitan la carne que proviene de granjas industriales, y buscan ingredientes locales porque tienen menor huella de carbono, dijo Brian Kateman, cofundador de Reducetarian Foundation, una organización sin fines de lucro de Providence, Rhode Island, que promueve el consumo de menos productos animales.

Muchos “reducetanarios” también son climatarianos, al privarse porque están preocupados por la crisis climática.

Kateman, de 31 años, se convirtió en uno de ellos después de leer un libro del 2007, “The Ethics of What We Eat” (“Somos lo que Comemos”), de Peter Singer y Jim Mason.

Se horrorizó al saber que las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura aumentaron 12 por ciento entre 1990 y el 2019, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

“Ya no se puede decir que nuestras elecciones de alimentos —tanto a nivel individual como corporativo— son personales”, dijo.

“Tenemos un solo planeta y lo compartimos”.

Sin embargo, no es fácil determinar exactamente cómo hacer eso cuando de la dieta se trata.

Si bien muchos climatarianos no son vegetarianos, puesto que creen que el pollo o el cordero son opciones mucho mejores que la carne de vaca, algunos evitan la carne por completo, ya que las verduras en general tienen una menor huella de carbono.

Mike Tidwell, de 59 años, de la Red de Acción Climática de Chesapeake, evita las almendras y los pistachos porque su cultivo requiere grandes cantidades de agua.

“Las sequías crónicas en California, provocadas por el cambio climático, me han hecho comer menos alimentos que consumen mucha agua”, dijo Tidwell, que vive en Maryland.

Shelbi Storme, de 28 años, bloggera de sustentabilidad en San Antonio, Texas, comenzó a evitar la carne roja cuando se enteró de que se necesitan más de 500 litros de agua para producir una sola hamburguesa, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Pero es difícil para ella sortear las opciones de comida, en especial cuando sale con amigos.

Storme a menudo usa la app Happy Cow para encontrar lugares ideales para vegetarianos, pero sus amistades no siempre son tan complacientes.

“Definitivamente he sentido ser juzgada a lo largo de los años”, dijo Storme.

“Lo he escuchado todo, desde, ‘sabes que nunca harás una diferencia’ hasta, ‘pero la carne ya está aquí; ¿qué importa?’”.

De hecho, los climatarianos pueden marcar una gran diferencia, dijo Jennifer Jay, profesora del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de California, en Los Ángeles.

“La comida es lo más fácil de la ecuación climática”, afirmó Jay, citando un estudio del 2020 que predice que incluso si la combustión de combustibles fósiles se detuviera de inmediato, las emisiones de gases de efecto invernadero de los sistemas alimentarios aún impedirían alcanzar los objetivos climáticos.

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