jueves, junio 4, 2020
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“Peña de padres” en cuarentena: otro espacio de encuentro que migró a lo digital

Las medidas de aislamiento para evitar la propagación del coronavirus afectaron la dinámica diaria. En un intento por mantener la rutina, los ámbitos de intercambio se adaptan a la virtualidad.

Debido a las medidas impuestas por el Gobierno nacional a raíz de la pandemia de coronavirus, los espacios que funcionaban como encuentros dinámicos, y presenciales, de intercambio se cancelaron. El modo on line es hoy la estrella, y la alternativa, para mantener las propuestas y adaptarlas para que puedan ser realizadas a distancia. Este fue el caso de la “Peña de Padres”, un espacio para papás presentes en la crianza de sus hijos, y con conciencia de género, coordinado desde hace ocho años por el psicólogo y sexólogo Mauricio Strugo.

En estas reuniones -que se hacen el tercer viernes de cada mes- los hombres comparten sus experiencias de paternidad y la relación con sus parejas sin ser juzgados, mientras se deconstruyen. En este marco, la reunión se realizó el viernes pasado, primer día de cuarentena obligatoria, vía Skype.  “Analizamos suspenderlo, pero nos dimos cuenta que necesitábamos hablar sobre la cuarentena y lo que nos estaba pasando a todos con esto del coronavirus y la incertidumbre”, comenta el coordinador. Así, ocho padres charlaron de sus sensaciones de manera virtual.

La peña de padres, coordinada por Mauricio Strugo, se volcó a lo virtual.

La peña de padres, coordinada por Mauricio Strugo, se volcó a lo virtual.

“El coronavirus nos está atravesando a todos y a partir de la recomendación de cuarentena obligatoria del Ministerio de Salud, los niños dejaron de estar escolarizados para estar en casa. Ellos suelen percibir la angustia de sus padres y preocuparse porque de un día para otro no tienen clases. Por lo tanto, los padres estamos buscando maneras creativas de poder acompañarlos en estos momentos compartiendo desde casa”, explica Strugo a Entremujeres Clarín.

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“Lo vivimos como un espacio de contención, donde todos hablamos de cómo estamos. Por ejemplo, uno de los participantes está esperando un hijo que nacerá en estos días y también fue importante contener esa situación y hablar de cómo se van a manejar. Nos sirvió para ver de manera empática y resonando que todos estamos en la misma, cómo hacer para atravesar la situación en familia, en cuarentena”.

“En esta época de tanta incertidumbre, angustia y preocupación, es una forma de, al menos, encontrarnos de manera virtual para hablar de estas cuestiones que tienen que ver con cómo todos están llevando adelante la cotidianidad acompañando a sus parejas y a sus familias en estos momentos particulares”, comenta.

La peña de padres, coordinada por Mauricio Strugo, se volcó a lo virtual.

La peña de padres, coordinada por Mauricio Strugo, se volcó a lo virtual.

Qué es la Peña de Padres​

La idea de la Peña surgió en 2012 a raíz de la experiencia del especialista en terapia de parejas y familias al haberse convertido en padre. “Atendía parejas en las que impactaba negativamente el hecho de que los hombres no manifestaran sus emociones en la familia, con todo lo que mueve la estructura la llegada de un hijo y los cambios en la pareja”, cuenta a Entremujeres Clarín.

Esto lo llevó a diseñar un espacio para que los hombres pudieran hablar de los sucesos que atravesaban en un marco terapéutico, sin ser juzgados y con el objetivo de compartir historias que, sin perder la individualidad, coincidían. Mauricio cuenta que al principio le costó, y mucho: “No es fácil convocar a hombres a espacios terapéuticos y menos para hablar sobre lo que sienten y exponerse”.

De hecho eran las mujeres quienes consultaban por la propuesta y en algunos casos hasta mandaban a sus parejas “obligadas”, al menos “a probar”.

“Si bien había cierta timidez, al producirse la resonancia de historias y ver que otros se animaban a contar cuestiones con las que se sentían identificados, aparecieron en todos nosotros emociones sin control. Revisamos nuestras historias acerca de cómo fuimos criados y cómo conectamos con situaciones en las que, desbordados, pusimos límites de maneras muy fuertes y luego no supimos qué hacer por el estado de shock”, recuerda.

Fervi, de 50 años y padre de Nao, de 6, y también coordinador del espacio junto al sexólogo por sus conocimientos en grupos y experiencias en espacios de masculinidad, dice: “Siento que tengo la oportunidad de compartir mi experiencia y mi mirada sobre el tema, nutriéndome al mismo tiempo de la de los demás. Este grupo sirve para hablar del conectarme con mi ser padre, con mi pareja, y con la dinámica familiar. El sólo hecho de poder abordarlos a mí me ha servido para quitarles peso, y encontrarles una vuelta y solución”.

Pasaron unos años. Quienes habían empezado desde el inicio sostuvieron el espacio y al mismo tiempo, al ser una actividad abierta con el objetivo de sumar a aquellos hombres que necesitaran concurrir, fueron apareciendo nuevos participantes. Estos ya iban por decisión propia y al sentir el clima de confianza ya generado, desde el primer momento entraban en el ambiente terapéutico y se animaban a compartir.

“Se generó la particularidad de que aquellos con más recorrido podían acompañar a los nuevos compartiendo sus experiencias sobre paternidad y posparto para darles esperanzas de que con su presencia a la par de sus compañeras, la estructura familiar y de parejas en algún momento se estabiliza”, explica Mauricio.

Gastón, de 42 años y papá de dos niños de 5 y 2, cuenta su experiencia: “Es un espacio donde podemos trabajar y destrabar conceptos arcaicos y mandatos relacionados a la masculinidad pudiendo así encarar la paternidad desde una posición más libre y auténtica.” “Me sirve para aprender a ser padre, algo que nadie nos enseñó. Y a su vez mejorar aspectos que en su momento no nos gustó siendo hijos, así como también adaptarme a dejar de ser una pareja y transformarnos en una familia, un salto enorme para un hombre”, asegura, por su lado, Pablo, de 43 años y padre de Vega, de 5.

Durante los ocho años que lleva el proyecto, Mauricio trabajó con distintos formatos hasta encontrar el que le resultó más adecuado: “Hemos tenido encuentros de hasta 20 padres en los que me resulta inevitable emocionarme al borde de las lágrimas al ver que hay hombres que, al igual que yo, reconocen sus falencias por vivir y haber sido criados en una cultura patriarcal y tienen absoluta conciencia de que su presencia impacta positivamente en el crecimiento y desarrollo del autoestima de sus hijos”.

Algunos encuentros están destinados a que los participantes tomen el espacio y aprovechen para contar algo que les viene sucediendo. Foto: Mauricio Strugo

Algunos encuentros están destinados a que los participantes tomen el espacio y aprovechen para contar algo que les viene sucediendo. Foto: Mauricio Strugo

A las reuniones asisten padres de distintas edades, lo que permite un cruce generacional que para el sexólogo es muy nutritivo. Hay padres con familias ensambladas, otros que fueron padres al mismo tiempo que armaban parejas, otros separados y algunos, en pareja hace muchos años.

“Aquí la única condición es ser padre entendiendo que no hay un manual para ejercer esa función, y que siempre, cuando nos convertimos en tales, se nos remueve la estructura personal, porque el tener un hijo nos encuentra con nuestras propias sombras y carencias, al igual que a las mujeres. La diferencia es que ellas pueden expresar sus sentimientos con mayor soltura y en más espacios. En cambio, los hombres socialmente escondemos lo que sentimos y solemos expresarlo a través de conductas que pueden resultar absolutamente disruptivas cuando hay un niño pequeño que requiere toda la atención de ambos padres”, explica el sexólogo.

A veces, los encuentros establecen temas de antemano, como “el posparto en la pareja”, “escenas de la vida cotidiana en pareja y familia”, “depresión Posparto masculina y femenina”, “límites y encuadre en la crianza de nuestros hijos”, “sexualidad en etapa de hijos”, “tiempos personales y compartidos”, o “cómo fuimos criados y como queremos criar”.

En cambio, otros encuentros están destinados a que los participantes tomen el espacio y aprovechen la oportunidad para contar algo que les viene sucediendo. “Lo trabajamos todos a partir de técnicas vivenciales terapéuticas que nos permiten revisar cómo está cada uno con el tema”, explica Mauricio y asegura que la contención continúa en el grupo de WhatsApp: “En el grupo alguno retoma que se quedó pensando en algo de la peña, o comparte su experiencia después de haber hecho algo que pudo registrar a partir de algún trabajo vivencial, o cuenta alguna situación que le está ocurriendo con su pareja o hijos, y todos funcionamos como red y sostén”.

Rodrigo, de 43 años y padre de Caetano, de 4 años, comparte: “Me ayudó a transitar más livianamente el torbellino de ser padre. Todos estamos en el mismo camino por lo que el reflejo en los relatos de los otros genera una empatía casi instantánea. No nos conocemos y nos vemos solo dentro de la peña, sin embargo, se genera un sentimiento muy genuino y fraternal. Ojalá siga creciendo. Nos hace bien a los que vamos, y también a nuestro entorno”.

Mauricio resume: “Hemos reído y llorado, nos hemos enojado y también hecho enojar a otros con cada intervención. Pero siempre este espacio resulta placentero porque propicia el crecimiento y la responsabilidad que nos corresponde como padres con nuestras parejas e hijos para combatir la desigualdad social, para vivir, y para enseñar a nuestros niños y pares que ser papás no es acompañar la crianza como si fuéramos secretarios, sino estar a la par como equipo desde el embarazo y por siempre, para que nuestras parejas no se resientan y también para poder volver a encontrarnos y celebrar la potencia de lo conseguido juntos”.

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