jueves, febrero 27, 2020
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PARTOS RESPETADOS De Ushuaia a La Quiaca: ¿cómo es parir en casa en la Argentina?

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

El libro Parirnos libres, de reciente edición, es un compendio de relatos nacimientos planificados en domicilio a lo largo y ancho del territorio nacional.

“Un miércoles Margarita llegó a casa, floreció la noche, y el amor se hizo parto, ser hembra se hizo pujo. Y la flor vio la luz y a su padre. Y mis mujeres danzaron alrededor como gorriones después de la lluvia” (Mariángeles, empalme Villa Constitución, Santa Fe). Versos y narraciones que son capaces de desafiar el imposible: intentan recrear ese momento tan señalado del tiempo, que los astrólogos envuelven de magia y misticismo, el nacimiento.

Isis Coalova (30) y Cintia Martín (34) son las principales responsables de que este compendio ilustrado de 500 páginas que es Parirnos libres, Argentina naciendo en casa haya visto la luz. Una mujer embarazada rodeada por el contorno del mapa argentino en la tapa es la puerta de entrada a los más de cien relatos de alumbramientos, divididos en las 23 provincias argentinas, con un apéndice de entrevistas a parterxs y una red de contactos de doulas de nuestro territorio.

 

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

En Amapola nació en casa, Nati Tannure (Tucumán, de Yerba Buena) describe con intensidad el momento previo: “Después de los seis centímetros y de vomitar, las contracciones se volvieron más soportables, el cuerpo ya no me temblaba. A veces dormitábamos con Joaquín, lo recuerdo como un trance. En un momento me acerqué a la ventana, a escuchar los aullidos de mi picho, el Tango, que estaba recluido en la casa de la Chola, a sólo unos metros, y tomé un rato este aire tan cálido y suave y miré al jardín, la achira que habíamos plantado había florecido esa noche. Un buen presagio, pensé”.

 

En Amapola nació en casa, Nati Tannure (Tucumán, de Yerba Buena) describe con intensidad el momento previo: “Después de los seis centímetros y de vomitar, las contracciones se volvieron más soportables, el cuerpo ya no me temblaba. A veces dormitábamos con Joaquín, lo recuerdo como un trance. En un momento me acerqué a la ventana, a escuchar los aullidos de mi picho, el Tango, que estaba recluido en la casa de la Chola, a sólo unos metros, y tomé un rato este aire tan cálido y suave y miré al jardín, la achira que habíamos plantado había florecido esa noche. Un buen presagio, pensé”.

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

¿Esto será lo que llaman un “parto orgásmico”? Resignificar dolor de la dilatación, asimilarlo con la explosión de placer, con el clímax sexual, es parte de la valentía y la extrema corporalidad erótica que atraviesa los relatos: la piel que se abre, el calor, la humedad, el grito, el suspiro. Los sentidos se sensualizan a tono con la naturaleza. “Una puerta que se abre, un capullo que espera el momento exacto para desplegar todos sus pétalos e inundar el aire con su perfume húmedo, dulce, metálico. Y allí estamos en esa contemplación que une la vida y la muerte en un círculo perfecto. Y solo podemos nacer una vez más”.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

“La sentí transitar cada milímetro de mi cuerpo con el dulce dolor de lo profundo, me sentí colmada de piel, de amor; me sentí bella, desobediente, salvaje, sexual y poderosa. Sabía que mi hija nacería con la luna llena del 23 de febrero. Para ese día preparé mi corazón», escribe Soledad Cerqueira (Santa Fé).

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrian Escandar.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrian Escandar.

Reapropiaciones desobedientes del cuerpo

Según Isis, mamá de Miel, licenciada en biología a punto de doctorarse, la idea del libro empezó luego de que su coequiper Cintia, mamá de Santiago y Paloma, tuvo su primer parto en casa. Empezó a recopilar textos en el blog. “Me contacté con ella por una amiga en común, yo vivía en Capital Federal y Cintia en ese momento en Santa Cruz, a ella se le ocurrió hacer un mapa de la Argentina, y fuimos poniendo una flor en las provincias a medida que nos iban mandando sus historias. Esa imagen se viralizó rápidamente y nos empezaron a llover las historias que terminaron conformando el libro”.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

Los partos en casa parecen estar frente una nueva oleada de protagonismo social: según el libro, son un lugar de escape frente a la «epidemia» de cesáreas (que rondan el 5 al 8% en los partos planificados a domicilio, más cerca de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud), pero en instituciones médicas públicas y privadas pueden llegar a ser más del 40%) y la violencia obstétrica muchas veces naturalizada en usos y costumbres profesionales.

Yvana Cornejo, Buenos Aires.

Yvana Cornejo, Buenos Aires.

En un momento histórico, donde el Congreso nacional debate el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, las reapropiaciones del cuerpo se ponen sobre la mesa a la hora de decidir si llevar adelante un embarazo o no, pero también a la hora de elegir cómo parir.

Yvana Cornejo, Buenos Aires.

Yvana Cornejo, Buenos Aires.

Un reporte de la Organización Mundial de la Salud del año 2012 resalta que “una mujer debe tener su parto en un lugar donde ella se sienta segura… para mujeres con embarazos de bajo riesgo, puede ser el hogar o una pequeña clínica”, poniendo el énfasis en la libre elección de cada una sobre un proceso vital del cuerpo. “Es indudable que contar con un plan de contingencia previsto, en caso de cotejarse desviaciones a la salud o la sospecha de las mismas, mejora la atención y las perspectivas para las madres y los bebés”.

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

En algunos lugares del interior del país, cuentan las compiladoras, no es tan fácil decir “quiero parir en casa”: “Nos faltaban relatos de algunas provincias y nos preguntábamos por qué; y era porque no se encontraban equipos de doulas y parteros en esos lugares, tenían trabas institucionales y las parteras estaban mal vistas. Esto nos pasó en Formosa, Santa Cruz, Chaco, por ejemplo.” La información y contar con un equipo idóneo que señale cuándo sí y cuándo no, es fundamental. Hay partos gemelares, de cola, de bebés muy chiquitos o muy grandes, en el agua, dolorosos y más simples, diversos.

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

Círculos de fuego

El último pujo: “Y ahí sí puse mi alma, mi vida, mis respiros, mi aire… todo lo que pude. Cuando me dicen ‘dale que sale’… sentí que me ardía, que me quemaba, pensé que me estaban cortando, sentí un círculo de fuego que me invadía, y me decían, ‘dale que sale’. Y de repente siento que me ponen a nuestro bebé en mi panza y fue tan grande mi sorpresa que lo abracé sin pensar, solo sintiendo su cuerpito suave, resbaladizo, chiquito, hecho un bollito. Así, como un soplido, nació el pequeño Wayra, cuyo nombre significa ‘viento'».

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

Yvana Cornejo, parto domiciliario en Buenos Aires.

Elida Turco, de Colón, Entre Ríos, es una de las tantas que describen ese momento como una quemazón, como un big bang interior, un fuego.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

Suyay Maria, nacimiento de Felipe. Fotógrafo: Adrián Escandar.

“Me encerré en el baño, me descompuse, me bajó la presión, me desvestí… Ellos ordenaban la habitación, prepararon la cama, inflaron un colchón. Salí del baño en ropa interior, mi hija y mi sobrino tocaban el teclado, la música sonaba. Me recosté, sentí fuego en la parte baja de mi espalda, me arrodillé, contracción, me paré, abracé a mi hermano, respiramos, pasó… Fue magia deseo, poder. Yo quería tener mi parto, yo confiaba en que mi bebé sabía cómo nacer, fue mucha conexión durante el embarazo, creo que no hubiera podido sin el apoyo incondicional y la sabiduría de mi hermano, supo qué hacer en el momento exacto, recibió a su sobrina con tanto amor. Mi hermano, mi partero», relata Débora Montalbán, de Concordia.

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

El relato de Ayelén Díaz Fernández va entretejiendo humor, ridículo y desborde en una situación donde la madre no es ninguna beata, protesta, refunfuña y se queja: “Hay unos videos divinos de prolijos partos a domicilio, con esas muchachas flaquitas que solo les falta maquillaje… lo mío ni a palos que fue así. Estuve con dos colitas en el pelo, una camisa grande de mi compañero arriba, una tanga con puntillas (lo único con un toque de glamour), unas crocs que originalmente habían sido blancas, frazada de polar a modo de poncho (‘parecés Mercedes Sosa’, escuché a mis espaldas) y luego de un rato unas medias toalla rosas que completaban el look…»

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

Parirnos libres, Argentina naciendo en casa, ilustraciones de Cintia Martín.

La «embarazada racional», como se llama a sí misma, terminó pariendo de la mano de una doula hippie y a la vez combativa, una partera contrariada, una fotógrafa amateur y un círculo de mujeres espirituales que apoyaron con su energía.

“Todo duró un mirco segundo, durante un solo pujo. De mi vagina fue directo a mis brazos y a mi pecho, alguien no sé cómo, la envolvió en ese corto y triunfal trayecto. Ahí está mi bebé con los ojos bien abiertos y la luz del sol que entraba por la ventana iluminada. Nos habíamos preguntado tantas veces cómo sería su cara, que no podíamos dejar de mirarla, ni contener una especie de risa histérica. No sabíamos el sexo aún, pero alguien levantó la toalla, ¡es nena! ¡Es Amapola! Como tantas veces lo había soñado, ahí estaba ella, carita rosada y cuerpo pálido, las manos delgadas y largas», escribe la tucumana Nati Tannure.

Tanto en las ilustraciones como los relatos, las flores también son protagonistas, la vulnerabilidad sin miedo que se abre, no importa la tormenta que se venga. Porque la tormenta, la posibilidad de volver a nacer y de elegir cómo hacerlo, siempre estuvo adentro.

El 1 de julio se presenta «Parirnos libres, Argentina naciendo en casa» en el Espacio 7 Colores (Av. Nazca 3766, CABA).

 

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