jueves, junio 4, 2020
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Para los chicos Abrir la valija en el living, una idea para ofrecer a los bebés

La cuarentena obligatoria hizo que guardemos las maletas en el armario. Melina Bronfman, especialista en crianza respetuosa, comparte algunas pautas para que los más chiquitos puedan desplegar sus habilidades de movimiento en casa y con mucha imaginación.

Por qué te lo recomendamos: Porque los bebés se mueven más de lo que pensás y necesitan desplegar sus habilidades en el espacio que tengas disponible en tu hogar, y la propuesta es utilizar un elemento que, en el contexto que atravesamos hoy, todos tenemos que tener bien guardado para quedarnos en casa: las valijas.

“Hasta los seis años aproximadamente, los niños necesitan moverse prácticamente el día entero”, dice Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil y crianza respetuosa, a Entremujeres Clarín. “Esto quiere decir que las propuestas educativas ‘normales’ ya son artificiales, porque de alguna manera vulneran las necesidades de movimiento de los niños”, grafica. ¿Cómo cubrir semejantes necesidades de movimiento durante la cuarentena obligatoria -por la pandemia de coronavirus- que estamos transitando? La doula, eutonista, coach ontológico y musicoterapeuta comparte algunas pautas para tener en cuenta con los bebés más pequeños.

Melina Bronfman, especialista en crianza respetuosa, comparte algunas pautas para que los más chiquitos puedan desplegar sus habilidades de movimiento. Foto: Melina Bronfman.

Melina Bronfman, especialista en crianza respetuosa, comparte algunas pautas para que los más chiquitos puedan desplegar sus habilidades de movimiento. Foto: Melina Bronfman.

Movete, chiquita, movete

Para que tomemos dimensión de cuán esencial es el movimiento, incluso, en los más pequeños, Melina describe que los bebés de entre seis meses y un año de vida “están prácticamente veinte minutos en movimiento por -diría- cada minuto de quietud, y cuando están en movimiento cambian de postura casi constantemente. Entonces, un bebé (que tuvo la posibilidad de desarrollar su movilidad de manera totalmente autónoma y fisiológica) no se queda mucho tiempo sentado o jugando con algo, sino que tiene diversidad de movimientos constantes y, cada tanto (como a esa edad están muy conectados con sus sensaciones corporales), cuando está cansado se detiene, descansa, se recupera y continúa”.

Teniendo esto en cuenta, pensemos el primer año de un bebé en tres grandes (o pequeñas) etapas, para desglosar cuáles son, a grandes rasgos, sus necesidades de movimiento y las habilidades que empiezan a desplegar en esos meses, tal como detalla Bronfman:

– Durante los primeros meses de vida, los bebés están en una posición boca arriba, y de a poco empiezan a lograr controlar los movimientos reflejos de sus manos y pies, así como de brazos y piernas; logran empezar a hacer movimientos reflexionados y dirigidos por su voluntad hasta que finalmente empiezan a generar modificaciones en el eje: hacen empujes empujes, se dan vuelta y, luego, se ponen de costado y panza abajo para, más tarde, reptar y gatear.

"Hasta los seis años aproximadamente, los niños necesitan moverse prácticamente el día entero", dice Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil y crianza respetuosa, a Entremujeres Clarín. Foto: Melina Bronfman.

“Hasta los seis años aproximadamente, los niños necesitan moverse prácticamente el día entero”, dice Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil y crianza respetuosa, a Entremujeres Clarín. Foto: Melina Bronfman.

– Desde los cinco meses en adelante, aproximadamente, los bebés ya gatean y reptan por toda la casa. Cuando llegan a algún tope, que por ejemplo puede ser algún sillón o silla, es probable que quieran agarrarse y podrían intentar ponerse de pie (aunque lo ideal es que no se incentive la verticalización y que los niños sigan desarrollando el gateo, porque éste produce una enorme coordinación entre las cuatro extremidades, y lo que hace es generar mucha destreza a nivel desplazamientos y pensamientos -tenemos que pensar para poder coordinar- y tiene un impacto muy importante en el desarrollo de la cognición).

– Entre los ocho, nueve o diez meses (después de haberse desplazado y gateado), el bebé comienza a sentarse de manera autónoma, aunque permanece escasos segundos en una misma posición. Panza arriba, panza abajo, panza de costado, reptado, gateo, sentado… Cambia de una posición a otra y, más tarde, aparece la posición de pie. Cuando esto sucede, puede agarrarse de una silla o sillón firme para pararse y practicar pararse, sentarse y ponerse en cuclillas, haciendo “estocadas” durante mucho tiempo.

Cuarentena obligatoria, en casa y con mucha imaginación. Foto: Melina Bronfman.

Cuarentena obligatoria, en casa y con mucha imaginación. Foto: Melina Bronfman.

Alrededor del año (unos meses más, o unos meses menos), el niño se pondrá en posición vertical y empezará a practicar la marcha; primero tomado de ciertos elementos y, luego, soltándose. Aparecen otras necesidades para ver qué pasa en el mundo más alto: empiezan a ver qué encuentran para agarrar con las manitos en las mesas, avanza la necesidad de treparse y desplazarse más distancias, que se va complejizando cada vez más.

Cómo propiciar el movimiento

Más allá de “lo que ocurre fisiológicamente” (cada niño o niña tiene su programación genética para ir haciendo lo descripto arriba), todos los bebés necesitan de un entorno que le permita desarrollar estas habilidades. “La situación de cuarentena​ -dice Melina a Entremujeres Clarín– es una limitación física y puede producir una limitación en el desarrollo, por eso, necesitamos despejar más los ambientes y quitar todo lo que sea pueda: los muebles, las sillas, las mesas ratonas, los revisteros, los adornos… El objetivo es que dispongamos una parte de la casa para que sea un espacio totalmente libre, como un campo despejado donde ahí puedan ocurrir los desplazamientos”.

A partir de ahí, con el bebé descalzo y con ropa cómoda que no le impida movimientos -y claro, la presencia de un adulto-, el espacio libre de obstáculos ayudará a evitar que los niños tropiecen o que algo les quede debajo de su pierna y no puedan quitárselo, obstruyendo el movimiento.

Una canasta con distintos elementos para estimular la motricidad fina puede ser una opción. Será útil para que el bebé investigue qué hacer con sus manos, y cómo funcionan las cosas; irá a la canasta a curiosear mientras se mueve por la casa desplegando sus destrezas de motricidad gruesa.

La cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus que transitamos dentro de casa hizo que guardemos las maletas en el armario hasta próximo aviso. Una idea para jugar con los chicos en el living de casa. Foto: Melina Bronfman.

La cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus que transitamos dentro de casa hizo que guardemos las maletas en el armario hasta próximo aviso. Una idea para jugar con los chicos en el living de casa. Foto: Melina Bronfman.

Abrí la valija… En el living

El contexto en el que estamos nos hizo guardar las valijas en el armario. Por eso, Melina propone sacarlas del placard y usarlas como objetos para dar lugar al juego y movimiento.

Para empezar, es preciso ubicar una o dos maletas abiertas, de par en par y con las dos cavidades hacia arriba, en el suelo. La idea es que el bebé pueda reptar o gatear y meterse adentro de la valija, y pueda también pasar de una mitad a la otra.

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En una de las dos cavidades se pueden poner algunos elementos que tengamos en casa, para que juegue con ellas, o las pase de un lado a otro. Melina asegura que podrán estar entreteniéndose mucho tiempo haciendo esta actividad.

Otra opción es llenar una maleta con mantas o sábanas pesadas y que ésta quede en el suelo como una tarima de la que el niño se pueda subir y bajar todas las veces que quiera, o inclusive pararse (como está llena y pesada no debería ser peligrosa). Incluso la tarea de armarla y llenarla de cosas puede ser una tarea fascinante para después lograr el objetivo, por lo que incluso armar este elemento puede ser parte de la actividad.

“Con la maleta abierta podemos cambiar día a día las cosas que metemos dentro, que pueden ser cosas muy sencillas, tuppers, cucharas de madera, algún juguete (no muchos), pedazos de manguera, ollas, teclados de computadora viejos, mouses que no funcionen, teléfonos inalámbricos o con cable en desuso… Para los niños es más entretenido jugar con cosas que no sean juguetes que con cosas que sí lo sean”, cierra.

Melina Bronfman es especialista en desarrollo infantil, crianza respetuosa, musicoterapeuta, coach ontológico, doula y eutonista.

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