miércoles, enero 29, 2020
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Oficio nómade Alma itinerante: da la vuelta al mundo para escribir sobre lo que somos

Filóloga, escritora y viajera, la argentina Flavia Company cuenta sus impresiones de su primera vuelta al globo, la influencia de las redes sociales en la lengua, el lenguaje inclusivo y más.

Desde 1995 vive entre Barcelona y La Rápita, pero en estos días deambula por el mundo. La argentina Flavia Company es, entre muchas otras actividades, filóloga. Sus libros juegan con el decir desde diferentes aspectos, más allá del obvio uso de la palabra. Es con ese prisma que, según su mirada, se deduce lo que somos.

La despedida por un año y medio es lo primero que se lee en su blog. Es que hace 12 meses decidió saludar a su comunidad públicamente y partir a dar la vuelta al mundo mientras escribe su siguiente libro. Diseñó sus itinerarios como el protagonista del cuento «El nadador», de Cheever, decidía su rumbo. Él cruzaba las piscinas de los demás, tras pedir permiso y hospitalidad. Ha estado alojándose en casas particulares con una mochila pequeña. «No molesto y soy solitaria», dice. Ha asumido su condición nómada. Tal vez de allí parta su muy polifacética personalidad… Tiene estudios de patrona de barco de pesca y estudió piano en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, aunque su base académica es una disciplina que parece salida de otro tiempo. «Llegué a la filología como se llega a casi todo en la vida. Por casualidad, por placer, por curiosidad. Fueron los estudios que elegí tras pensar también en la posibilidad de la arquitectura y la biología», cuenta.

La argentina Flavia Company vive entre Barcelona y La Rápita desde 1995, pero en estos días deambula por el mundo. Foto: gentileza Flavia Company.

La argentina Flavia Company vive entre Barcelona y La Rápita desde 1995, pero en estos días deambula por el mundo. Foto: gentileza Flavia Company.

– ¿Qué te apasiona de la especialidad?

– Lo mismo que me ocurre con todo en este mundo: cómo de cualquier conocimiento puede deducirse el modo en que profundizamos, en que nos adentramos en nosotros mismos, en nuestra manera de avanzar hacia afuera y hacia adentro. Al tratarse, además, de uno de los lenguajes en que nos comunicamos y con el que además somos capaces de crear, me entusiasma todavía más.

– ¿Cuál es el impacto que tiene la filología en tu literatura?

– Haberla estudiado es un camino de consciencia. Del trabajo hecho por otros, de su modo de emplear el lenguaje, de construir estructuras, de imaginar mundos. A mí me ayudó, me instruyó, me guió. Conocer la tradición para revisarla. La humanidad es una repetición de sí misma hasta el infinito.

– ¿Qué actualidad creés que tiene hoy como materia de estudio?

– Estudiar nuestro lenguaje, una de las proezas más grandes de la humanidad, parece que no debería tener límite ni fin. Es tal vez lo que más estudio merece y necesita.

– ¿Cuál es su aplicación en la comprensión de las esencias culturales propias de cada pueblo?

– Una enorme pregunta… No cabe duda de que conocer el modo en que nos expresamos, qué palabras usamos y por qué, qué historia tienen, cómo se adaptaron, de qué modo y en qué ámbitos creamos neologismos, de qué lenguas integramos barbarismos, nos ofrece una información sobre nuestra identidad nada desdeñable.

– ¿Creés que existen diferencias en las estructuras lingüísticas que expresan la personalidad del pueblo que habla cierta lengua?

– Por supuesto. Implican un modo de hacer preguntas, de dar respuestas, de escuchar a les otros, de pensar lo que nos rodea, de referirnos al mundo emocional, al mundo real, al entorno… Los inuit [pueblos que habitan en las regiones árticas de América del Norte], por ejemplo, tienen un montón de términos para decir nieve o hielo, pero ninguna propia para hablar de algunos animales que jamás se vieron en sus latitudes.

– ¿Cuál es el impacto que tienen las nuevas formas discursivas de las redes sociales en el estudio de las palabras?

-Es demasiado pronto para saberlo. Se necesita perspectiva histórica para conocer la influencia de ciertos fenómenos. Lo que está claro es que va a operar diversos cambios en el modo de comunicarse, sintetizar y, por lo tanto, de pensar el mundo que nos rodea.

– ¿Qué visión tenés sobre el lenguaje inclusivo?

– Me parece un modo de denunciar una situación de desventaja de algunos colectivos. Siento que es necesario de momento, al menos, como denuncia. El lenguaje puede cambiar nuestra forma de pensar. Nos hace conscientes. La consciencia es la transformación más importante, el origen de cualquier posibilidad de un verdadero cambio.

– Magokoro, tu último libro, se trata de una carta que se escribió hace años pero la destinataria, Haru, nunca leyó. ¿Has escrito cartas?

– Muchísimas. Y sigo escribiéndolas. Y recibiéndolas. Me di cuenta de que Haru soy yo, pero lo hice cuando leí el libro. No cuando lo escribía. Hasta entonces no comprendí que la base de la protagonista tenía su anclaje en algunas de las anécdotas más importantes de mi vida. Haru somos todos. Seguro en un orden distinto, pero con los mismos ingredientes. Comprender esto es un escalón indiscutible para subir la escalera de la empatía.

– ¿Tenés alguna carta sin abrir, como Haru?

– Debería decir más bien que tengo algunas sin recibir. Y que las espero.

– Tal vez no te llegan por tu alma itinerante. ¿Cómo va tu vuelta al mundo?

– Muy interesante. Al llegar ahora a Argentina terminé la primera vuelta, que di yendo todo el tiempo hacia el oeste por el hemisferio sur. En breve voy a empezar la segunda vuelta, que planeo hacer yendo hacia el este y por el hemisferio norte. No son planes cerrados, se trata de transitar y de practicar el desapego. De ir siendo a medida que la vida va disponiendo. Para mí el secreto de este viaje está en dejar el protagonismo a la vida y dejar de creer que mi control podría mejorarla.

Por Flavia Tomaello (flaviatomaello.blog). En Instagram, @flavia.tomaello.

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