En la cima de este monte hay estatuas de entre 3 y 8 metros de alto y más de dos mil años de antigüedad.

Antíoco I resultó muy útil a los romanos. Cuando accedió al reinado en el año 64 aC., firmó un pacto de no agresión con Roma y se convirtió en el estado-tapón que frenaba el avance de los partos, con quienes también mantenía relaciones amistosas.

Tal vez fuera el viento reinante en la zona de la Anatolia Central –que dicen que puede desestabilizar las mentes– o, sencillamente, verse el amo y señor de una estepa que no se acababa, que decidió que era tan importante como los dioses. Y que así debía saberlo la humanidad por el resto de los siglos.

Así que el monarca mandó seccionar el cono superior del monte Nemrut para erigir un monumento en su propia gloria. Hoy, más de dos mil años después, ese lugar sigue siendo uno de los más impresionantes de Turquía y, sin duda, el más impactante de su mitad oriental.

Nemrut Dagi, en Turquía, es una de las visitas obligadas que muchos turistas se pierden por el difícil acceso. Foto Shutterstock.

Nemrut Dagi, en Turquía, es una de las visitas obligadas que muchos turistas se pierden por el difícil acceso. Foto Shutterstock.

Sin embargo, sigue teniendo un acceso antipático, por lo que los turistas que llegan hasta él no se cuentan en gran número.

Tras cortar la montaña y rellenarla con millones de kilos de cantos para que conformaran una pirámide uniforme, Antíoco mandó tallar estatuas que lo reproducían a él mismo y a algunos de los dioses y héroes más importantes de la época.

 Hoy, los viajeros llegan a ese paraje ventoso y desnudo situado por encima de los dos mil metros de altitud y se hallan ante el impresionante espectáculo de unas estatuas de nueve metros de altura en actitud sedente.

Poco visitado, el sitio fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Foto Shutterstock

Poco visitado, el sitio fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Foto Shutterstock

Ocupan las dos terrazas que se tallaron artificialmente. En el lado oriental, el propio Antíoco, Aslan, Zeus, Hércules, Apolo y Kartal. En la opuesta, dándose la espalda, Comagene, el dios águila persa, un león o nuevas reproducciones de Zeus. Todos ellos tienen facciones griegas, aunque sus tocados recuerdan la cultura persa.

La zona anatólica presenta una intensa actividad sísmica, por lo que en estos dos milenios diferentes terremotos han resquebrajado algunas de las tallas y han derribado las cabezas, ya que el cuello es el punto de unión más estrecho y frágil del trabajo en piedra.

Cuando el lugar fue declarado patrimonio mundial, la Unesco se encargó de recoger las testas que habían rodado por el pedregal y colocarlas convenientemente al pie de cada uno de sus cuerpos.

En más de dos mil años, distintos terremotos fueron deteriorando las esculturas. Foto Shutterstock

En más de dos mil años, distintos terremotos fueron deteriorando las esculturas. Foto Shutterstock

El espectáculo, con los primeros rayos del sol tocando en las pulimentadas faces, es tan majestuoso e inquietante que aunque se ha hablado de que se podrían reponer las cabezas a su lugar, nunca se ha emprendido el proyecto. Parece que la forma actual es incluso más misteriosa que la original.

Nemrut Dagi (como se ha denominado tradicionalmente al monte, en armenio) forma ahora parte de un parque nacional que es valioso, sobre todo, por sus restos arqueológicos.

Desde el río Cendere, en el que comienza la carretera de acceso al delirio de Antíoco, se halla un espectacular puente romano en perfecto estado.

La mejor época para visitar el monte es el verano, ya que la nieve hace más complicada la experiencia. Foto Shutterstock.

La mejor época para visitar el monte es el verano, ya que la nieve hace más complicada la experiencia. Foto Shutterstock.

Y durante el ascenso se pueden ver varios túmulos, fortalezas y estelas grabadas en las que se da cuenta de las intenciones del rey y se reproducen escenas heroicas de Zeus.

Nemrut Dagi es un lugar frío y pedregoso que no tiene acceso mediante transporte público. Algunas agencias de viaje se aventuran desde la lejana Capadocia, a 500 kilómetros de distancia, pero quienes desean un trayecto de aproximación más razonable lo abordan desde la sagrada –y hermosa y divertida– ciudad de Sanliurfa, a unos 200 kilómetros rodeando el embalse Atatürk.

Hay que alquilar un vehículo con conductor o unirse a un tour. En cualquier caso, lo mejor será tomarse dos jornadas y alojarse la noche previa en algunos de los modestos alojamientos que bordean la ruta de acceso. Normalmente, es el lugar donde se pagan las tasas de acceso al parque nacional, ya que en las inmediaciones del monumento no suele haber personal.

Antíoco I mandó seccionar el cono superior del monte Nemrut para erigir un monumento en su propia gloria. Foto Shutterstock

Antíoco I mandó seccionar el cono superior del monte Nemrut para erigir un monumento en su propia gloria. Foto Shutterstock

Así se puede llegar a la cumbre para contemplar el amanecer, que es espectacular, con las luces más dulces del día calentando los rostros pétreos y realzando el color del trigo de la roca. Las cabezotas superan la altura de una persona y se hallan, en general, muy enteras, algunas conservando una mirada penetrante.

A Nemrut Dagi solo se puede acceder con facilidad desde el final de la primavera hasta el principio del otoño, porque las nevadas en la zona son frecuentes y abundantes y dificultan la subida de los vehículos.

Sea como sea, hay que caminar cuesta arriba diez minutos desde donde se estaciona hasta el monumento en honor a Antíoco, lo que con hielo y nieve alta se convierte en una penitencia. Eso sí, aun en verano, hay que ir muy abrigado.

Vista del monte Nemrut Dagi. Foto Shutterstock

Vista del monte Nemrut Dagi. Foto Shutterstock

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