Exploramos lo que se esconde debajo del pasado del naked dress y su poder actual, que genera tanta controversia como fascinación.

Podemos graficarlo con un sueño (o mejor dicho, dos). Es como un juego de ruleta de fantasía. Un intercambio que resulta emocionante para ambas partes. La que porta el naked dress que deja el cuerpo a la vista y quien lo ve. La imaginación dejada a su suerte promete revelar lo real en un momento próximo y ahí reside el poder de su ilusión.

Esa es la imagen del sueño más lindo.

El menos temerario. Pero también  está el otro sueño respecto a un desnudo. Más precisamente una pesadilla. (El que induce a la vergüenza en el mejor de los casos). En donde uno debe lidiar con el miedo a aparecer desnudo en público, en una reunión importante y ahí debe lidiar con una ola de miedo mientras millones de miradas arden en la carne propia expuesta.

Estos sueños pueden sentirse como si existieran en extremos opuestos de un espectro, pero comparten algo crucial. Ambos sugieren que la desnudez todavía está encerrada; algo que hay que anticipar, reprimir, tomar en broma. Algo que no es para el consumo público generalizado.

Sin embargo, hoy, el clima de la moda cuenta una historia diferente. Y esa historia es que menos  es más. Para anunciar el cierre del telón de 18 meses de sueño aislado intermitente, las mujeres llegaron en masa con vestidos totalmente transparentes.

La omnipresencia del naked dress se mostró en diseños de  Khaite,  Rejina Pyo, o AMI (por nombrar solo algunos) defendiendo los vestidos largos súper translúcidos, con cuentas de lentejuelas, que exponen lo que hay debajo.

En la Gala del Met se  vio cómo la tendencia atrevida se convirtió en una tarjeta de presentación para cualquiera que quisiera  llamar la atención. Por ejemplo el vestido de Irina Shayk de Moschino con flores bordadas, el transparente de Kendall Jenner goteando cristales (una oda sexualizada a Audrey Hepburn en My Fair Lady) y el de  Zoë Kravitz de  Saint Laurent.

Siempre dijimos que la confianza en uno mismo es uno de los atributos más sexy. He aquí la prueba.

Sin embargo, como cualquier persona con una cuenta en las redes sociales puede atestiguar, por cada gramo de gran elogio, un seguimiento de odio se encuentra no tan distante a su paso. ‘No entiendo por qué van prácticamente desnudos’, comentó un usuario de Instagram debajo de la imagen de Kravitz (que desde entonces fue eliminada). ‘Ella es maravillosa. ¿Por qué siente la necesidad de usar un vestido como este? ‘, Dijo otro. ¿La respuesta de Kravitz? “Estar incómodo con el cuerpo humano es colonización / lavado de cerebro. Es solo un cuerpo. Todos los tenemos.”

Polémico

La reciente controversia no sorprende. Hace mucho que esta categoría de prenda suscita opiniones viciosas. El vestido transparente con cuentas de Cher usado en el Met Ball de 1974, diseñado por el legendario Bob Mackie, dominó los titulares en ese momento. Es presumiblemente por esta razón que la revista TIME le pidió que lo usara para la portada de ‘Glad Rags To Riches’, un año después. Con la certeza de que esto, de una publicación cuyas estrellas de portada consistían principalmente en líderes mundiales, en lugar de celebridades, causaría una segunda explosión de atención. Fiel a su estilo, el número  fue prohibido en algunas ciudades y se agotó de inmediato.

Sonnet Stanfill, curadora de moda contemporánea y del siglo XX en el V&A, está de acuerdo en que este código de vestimenta es intrínsecamente divisivo, y seguirá siéndolo, pero que el poder del vestido es algo dictado por el usuario. “Podrías ver el desnudar el cuerpo como un acto de celebración y reclamo”, dice sobre el vestido que usa alguien con una intención particular. “Por otro lado”, concluye, “uno no tiene control sobre dónde aterriza eso con los espectadores”.

Y, sin embargo, a pesar de la intención propuesta por el usuario, la pregunta sigue flotando en el aire: ¿para quién es un striptease? ¿Es realmente para nosotros mismos, una declaración de orgullo, de disfrute de nuestro cuerpo y un desprecio de la vergüenza? ¿O es solo una cortina de humo para buscar la exaltación de los demás? El encanto del naked dress, sin duda, se encuentra en este límite maravillosamente borroso.

Como explica Stanfill, el naked dress es una combinación de elementos que “sugieren la forma femenina a través de la tela, la transparencia o la rigidez. Puede ser embellecido, hecho de una variedad de telas. Hay mucho que interpretar.” Añade que, aunque el vestido se considera “revelador”, también “no siempre es totalmente explícito”.

El ojo solo ve lo que la mente está preparada para comprender.

Es aquí donde me vienen a la mente tres momentos icónicos. El emblemático minivestido de Paco Rabanne de 1966, compuesto por discos de plástico iridiscentes, a veces complementado con ropa interior de color nude para imitar la desnudez debajo. El vestido transparente Jean Louis “Feliz cumpleaños, señor presidente” de Marilyn Monroe, estratégicamente decorado con pedrería, diseñado para “despertar a la gente” y, para que no lo olvidemos, el vestido micro-mini en tono carne de Carrie Bradshaw que usó en  Sex and the City en una cita con Mr Big.

Lo cual, en una salida previa al público, generó  reacciones diversas en la juntada con amigas. Incluida la broma de Miranda. “Ella no va a tener sexo … solo se verá como sexo”. Al igual que con los sueños desnudos,  nuestra percepción se encuentran entre la ilusión seductora y la vulgaridad deslumbrante. Y esto se debe a que sostiene un espejo de nuestra relación más íntima con el cuerpo desnudo.

Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, se regularon los deseos y necesidades de las personas. Y parece que lo superamos completamente. Y la verdad desnuda es esta: siempre y para siempre debe haber un espacio de celebración para que las mujeres muestren con orgullo, sin pedir disculpas, su confianza física y sexual.

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