El proyecto “Volver a contar”, del Hay Festival en colaboración con el Museo Británico, propone revisitar el pasado desde una perspectiva crítica. Participan las argentinas Gabriela Cabezón Cámara y Dolores Reyes.

Vivimos tiempos interesantes y no se trata de una maldición china. Sumar a la Historia voces silenciadas y revisitar objetos, culturas, comunidades, formas de construcción de vínculos hace de la época un momento significativo porque todo eso nos propone nuevas perspectivas de nuestra identidad. Sobre todo en América latina, donde son muchos los intelectuales, narradores y artistas que están volviendo al mundo prehispánico y reexaminando los efectos de la colonización española.

Como dice el gran escritor colombiano William Ospina, si la llamada conquista de España sobre nuestra región dejó “grandes hechos civilizatorios”, también cometió “graves atrocidades”.

Eso no significa pasar factura por lo acontecido ni de dar discursos con profundo desconocimiento de lo que en América latina se resignifica hoy, como el reciente de Felipe VI en Puerto Rico en el que reivindicó que la conquista España trajo “su lengua, su cultura y su credo”, como si los pueblos preexistentes lo hubieran reclamado.

Con la mirada puesta en los nuevos debates, el Hay Festival -evento literario que se celebra anualmente en Cartagena de Indias y culminó este domingo- anunció una nueva colaboración internacional. Esta vez con Centro de Excelencia Santo Domingo para la Investigación Latinoamericana (Sdelar) del Museo Británico. La intención es alumbrar nuevas historias basadas en algunos objetos de una colección vastísima que nunca fue exhibida.

El Hay Festival anunció una nueva colaboración internacional. Esta vez con el Sdelar, del Museo Británico. La intención es alumbrar nuevas historias basadas en algunos objetos de una colección vastísima que nunca fue exhibida.

La colección del Museo contiene aproximadamente 62.000 objetos que abarcan 10.000 años de historia humana tanto en Centroamérica como en América del Sur, y el proyecto Volver a Contar explorará las narrativas sobre nuestro pasado a través de esas colecciones, a pesar de las lagunas y desarticulaciones existentes.

Son diez los escritores elegidos por el Hay Festival que, en diálogo con curadores del Sdcelar, escriben por estas horas historias sustentadas en piezas que la institución les presenta para su trabajo.

Concluida la etapa, todas las historias en el género optado por el escritor (crónica, cuento, ensayo, etc.) será parte de un libro que Anagrama publicará en mayo de este año en español y Charco Press lo hará en septiembre en inglés.

De tal manera, el proyecto Volver a contar profundizará las conversaciones que se llevan a cabo en el Hay Festival de Cartagena por estos días, pero también en sus versiones de la galesa Hay on Wye, Reino Unido, en mayo próximo; en Querétaro, México, en septiembre; en Segovia, España, también a finales de ese mes, y en Arequipa, Perú, en noviembre de este año.

El Museo Británico. En colabotación con el Hay Festival invitó a un grupo de escritores latinoamericanos contemporáneos a interrumpir la caracterización de las culturas, dando lugar a nuevas narrativas. / 
Foto: gentileza The New York TimesEl Museo Británico. En colabotación con el Hay Festival invitó a un grupo de escritores latinoamericanos contemporáneos a interrumpir la caracterización de las culturas, dando lugar a nuevas narrativas. / Foto: gentileza The New York Times

Los escritores participantes de esta saludable iniciativa son las argentinas Gabriela Cabezón Cámara y Dolores Reyes; las mexicanas Yásnaya Elena Aguilar y Cristina Rivera Garza; los colombianos Velia Vidal y Juan Cárdenas; Joseph Zárate, de Perú; Lina Meruane, de Chile; Djamila Ribeiro, de Brasil; y Carlos Fonseca, de Costa Rica.

Los diez narradores, que han alcanzado el podio de prestigiosos premios internacionales y traducidos a diferentes lenguas, están coordinados por los editores Sophie Hughes, Carolina Orloff y Felipe Restrepo Pombo, así como por las curadoras de Sdcelar, Laura Osorio, Mercedes Martínez y Magdalena Araus.

Cristina Fuentes La Roche, directora internacional del Hay Festival, puso de relieve que Volver a contar invitó a estos escritores latinoamericanos contemporáneos a interrumpir la caracterización de las culturas, dando lugar a narrativas moldeadas por la imaginación”.

Ante una consulta de Clarín, la directora que reside en el Reino Unido pero tiene a su cargo las ediciones del Hay Festival en América latina y otras propuestas internacionales, agregó: “Nos interesa explorar los vínculos entre América latina y el Reino Unido, a partir de estas piezas y colecciones que acabaron en el Museo Británico y que estos narradores volvieran a contar historias de ficción y no ficción.”

Y agregó: “En nuestros festivales se abordará más a fondo esta experiencia particular, los temas relacionados con las colecciones, sus contextos y el modo en que preservamos nuestra historia y como contamos la multiplicidad de historias”.

Dolores Reyes en su casa durante una entrevista con Clarín. / Foto Federico Lopez ClaroDolores Reyes en su casa durante una entrevista con Clarín. / Foto Federico Lopez Claro

Para Laura Osorio, del Sdcelar, “este proyecto trata sobre los individuos detrás de los objetos del museo y sus narrativas, que trascienden las historias culturales y políticas de las colecciones. Los escritores involucrados explorarán los contextos políticos relevantes del pasado y el presente, recordándonos a la vez la importancia de dejar espacio en estas discusiones a los sueños y la multiplicidad. Así surgirán nuevas estructuras con las que podemos leer objetos del Museo para apreciar el pasado”.

Osorio señaló que de los 62 mil objetos solo se ha exhibido o se exhibe actualmente el 0,5 por ciento. “De Argentina hay unas mil piezas que nunca han sido expuestas. Hay muchos objetos de Perú y de México. Nunca se hizo una exhibición de estas colecciones preciosas”, subrayó en diálogo con Clarín.

La curadora señaló que, junto al Hay Festival, buscaron la manera de “visibilizar estas colecciones y sacarlas a la luz. Podíamos hacerlo con antropólogos e historiadores, pero queríamos re-imaginar estas piezas de manera emocional, porque esa es la mirada de quienes escriben y pueden relacionar las piezas con hechos contemporáneos”.

Osorio explicó que “Gabriela (Cabezón Cámara) y Dolores (Reyes) enfatizan en sus textos los temas de género y sexualidad. Fue interesante que Dolores eligiera un objeto de Ecuador para cuestionar las lecturas sobre ambos temas en el mundo prehispánico. En tanto, Gabriela eligió una pieza indígena argentina que tiene un siglo y que se vincula con la magia, el amor y la medicina, y de cómo se tratan las enfermedades espirituales”.

Osorio, directora del Hay Festival, explicó que “Gabriela (Cabezón Cámara) y Dolores (Reyes) enfatizan en sus textos los temas de género y sexualidad.

En diálogo con Clarín, la autora de Las aventuras de la China Iron dijo: “La pieza que elegí es una pulsera de cuero con unos saquitos también de cuero que tienen semillas de distintas plantas adentro. Se usaba, parece que todavía se usa en algunas zonas, para atraer animales humanos y no humanos. Es decir: sirve para la caza y para el amor. Para la caza ya no creo que se use más porque de manera impiadosa se ha desmontado casi todo el territorio wichi, con evidente complicidad institucional. Para el amor se sigue usando, pero también me han dicho, eso no es amor verdadero: es un encantamiento, amor falso”.

Gabriela se trasladó a vivir con la comunidad wichi en Salta para poder darle contexto e historia a la pieza seleccionada. “Yo iba a ir igual a conocer a las artistas. La gente del Museo me mostró fotos de varios objetos, pero sobre éste no había mucha información”, comenta.

Desde su mirada política, la autora de La Virgen Cabeza explica: “Estas son cosas de pueblos originarios de distintos lugares de América en poder de una institución que alguna vez fue el museo del centro del mundo, del centro del imperio. En ese contexto el Museo Británico las pone de manifiesto y el Hay Festival nos las hace llegar a diez escritores” y anticipa que escribió ya una crónica a partir de la centenaria pieza seleccionada.

A medida que cuenta, Gabriela se indigna con la situación actual del pueblo wichi, tan expoliado como olvidado por los sucesivos gobiernos. “Es un mundo hermoso y desgarrador. Tiene que quedar claro que lo que hicieron con el mundo wichi es como si llegaran extraterrestres, se apoderaran de nuestras ciudades, mataran a la mayoría, cambiaran las reglas de la propiedad, se robaran todo y nos dejaran con el culo al viento.”

Explica: “Así, sin entender cómo, quedamos muertos de hambre y nada de lo que era nuestro, y todo pasó en dos o tres generaciones; totalmente rota toda nuestra forma de vida entera y empezara un mundo donde todo lo que somos es despreciado, asesinado y robado”.

Si algo distingue al trabajo de Cabezón Cámara es que convivió con la comunidad wichi para contextualizar su preciado objeto elegido. “Vi, sentí y entendí el despojo más brutal e impiadoso del pueblo wichi. Esto no tiene nada que ver con la grieta nacional; esto involucra a todos los que estuvieron en el poder desde el principio de esta República: conservadores, militares, peronistas y radicales. Vi cómo les robaron todo. Vi como los acorralaron en tierras ya desmontadas: sin sus árboles y hierbas, sin sus animalitos, sin nada de lo que siempre, por centenares de años fue de ellos: el monte.”

Si algo distingue al trabajo de Cabezón Cámara es que convivió con la comunidad wichi para contextualizar su preciado objeto elegido. “Vi, sentí y entendí el despojo más brutal e impiadoso", plantea. / Foto; Martín BonettoSi algo distingue al trabajo de Cabezón Cámara es que convivió con la comunidad wichi para contextualizar su preciado objeto elegido. “Vi, sentí y entendí el despojo más brutal e impiadoso”, plantea. / Foto; Martín Bonetto

Sigue: “Vi cómo están acorralados en tierras sin acceso al agua. Cómo les mandan camiones cisternas y no les mandan tanques. No tienen dónde guardar el agua. Estas mujeres tienen el coraje y la valentía y la resistencia de organizarse en el contexto más feroz e impiadoso, mientras sus hijitos se enferman porque se ven forzados a tomar agua con arsénico. Todo un mundo hermoso y desgarrador”.

El relato de la narradora es sobrecogedor, no porque los argentinos lo ignoremos, sino porque lo cuenta con dolor e impotencia.

En tanto, la autora de Cometierra se decantó por una pieza ecuatoriana cuya temporalidad va de 500 años a.C. a 500 d.C. En diálogo con Clarín, Dolores dijo que la elección de la pieza fue una parte fundamental del trabajo “porque yo sentía que de alguna manera estaba sustraída de la circulación. Nunca se vieron. Mi interés fue por el lado de las diosas femeninas, la representación de mujeres poderosas, el mundo de las mujeres ligado a la tierra y que estuviese vedado. Cuando vi esta pieza de cerámica de Ecuador fue un amor a primera vista”.

“Mi interés fue por el lado de las diosas femeninas, la representación de mujeres poderosas, el mundo de las mujeres ligado a la tierra y que estuviese vedado. Cuando vi esta pieza de cerámica de Ecuador fue un amor a primera vista”, cuenta Reyes.

Se trata de “una representación femenina con unos ojos muy particulares, parece que sonriera con la mirada y fue como mirarnos mutuamente. No puedo dejar de ver en ella a las mujeres indígenas, dueñas de esta tierra, que han sido despojadas desde la colonia hasta la actualidad. Y me parece super interesante que se saque de una caja en una colección arrumbada en un Museo”, expresa Dolores.

Consultada sobre el contexto que rodea a la figura elegida, la escritora señala que se interesó también por “los nombres versus las instituciones: quién la encontró, quién excavó la tierra para que vomitase esta hermosura. Se sabe que el British Museum la sumó a sus colecciones, pero hablo de esas manos anónimas que hicieron esta figura. Y anónima ha sido siempre la mujer. Cómo se vuelve a ese origen? Se vuelve por medio de la teoría o de la ficción y eso elegí. Qué sintieron? Qué atravesaba a esas mujeres? Qué las conmovía para que se crearan esas figurinas?”, se pregunta la autora argentina.

“Volver a contar, dice Dolores, es algo que la literatura viene haciendo de Faulkner para acá. Pensemos en Sara Gallardo o Libertad Demitrópulos. De alguna forma permite meterse en la piel de las que ya no están y contar desde esa voz que, en mi caso, es colectiva. No puedo dejar de ver esa pieza como una expresión colectiva de algo que nos han robado: la cara de una diosa.”

Dice: “Vivimos hace más de dos mil años con un único dios hombre y mi tierra latinoamericana me está devolviendo a esta diosa femenina. Es como una reversión de la historia y una guerra más por el significado”, reflexiona de manera muy convincente.

Clarin le preguntó a Dolores si esta revisita literaria puede contribuir a cambiar el actual paradigma histórico-social-cultural. La escritora dice, sin dudarlo, que sí. “Estoy absolutamente convencida que en este momento hay una disputa por contar qué nos pasó. “

Y explica: “Te doy un ejemplo práctico: en la UBA nos hablaban de Rimbaud, cuando abandona Europa y se va a vivir la poesía a Africa. Yo lo veía irse. Ahora leo ese momento y siento otra cosa. Lo veo llegar a Africa y no irse. Como si estuviera parada en Africa o en la colonia, que es donde estoy. Somos Abisinia recibiendo al poeta y también al conquistador en América latina. Entonces vamos a construir desde esa pluralidad de voces que resuena en nuestras identidades. Esa pluralidad de voces resuena mucho en las artes cerámicas, muy relacionada con la tierra que a mí tanto me convoca”.

¿Pero cómo llegaron estas colecciones tan valiosas al Museo Británico teniendo en cuenta que la colonización fue española, mayoritariamente en América latina?

El Centro Santo Domingo fue creado hace tres años, precisamente para abrir un debate y un futuro a las colecciones invisibilizadas de nuestra región. Así como la pieza elegida por Dolores Reyes es milenaria y la de Gabriela Cabezón Cámara es centenaria, lo cierto es que hay un legado muy importante de todas las américas hispanohablantes.

“Todas las colecciones se movieron al Museo del Hombre pensando en exposiciones futuras pero regreso al Museo Británico, pero al volver ya no había espacio en las galerías permanentes. Solo una parte pequeña en términos de representación ocupa una galería permanente. Así lo cuenta Laura Osorio a Clarin, desde Colombia donde actualmente se desarrolla el Hay Festival de Cartagena de Indias.

“Desde el Centro quisimos movilizar estas colecciones y dar un perfil a América latina en el Museo Británico”, señala la curadora. Detrás de estos 62 mil objetos hay miles de historias que recuperar. Las colecciones comenzaron en los años 30 del siglo pasado. No son arqueológicas sino etnográficas, aclara Osorio.

El acervo se armó mientras en América latina se definían los contornos de las naciones y los misioneros que decían evangelizar a los pueblos nativos recolectaban objetos y piezas para “comprender” las culturas prehispánicas.

Lo que hicieron los escritores es muy amplio y diverso, explica Osorio. Esa fue la razón por la que se eligieron también perfiles con posturas políticas definidas para esta relectura del pasado latinoamericano.

En mayo en español y en septiembre en inglés habrá nuevas y conmovedoras miradas sobre este patrimonio que nos pertenece, tanto como la memoria y la historia.

Radio Pinamar FM 100.7