Hay empresas que provocan “dolor emocional crónico” en sus empleados. Cómo pueden ayudar los programas de atención plena.

El mindfulness llegó a occidente de la mano de Jon Kabat-Zinn y su clínica de reducción de estrés, con un inicio promisorio con pacientes de las clínicas de dolor. Personas que padecían dolores crónicos, principalmente de espalda, y que no encontraban una solución a su patología invalidante.

Kabat-Zinn vio el poder de esta práctica de conciencia plena para acompañar los tratamientos (que son prolongados y desgastantes) y asumir un rol responsable en la gestión de la calidad de vida. Deporte, alimentación saludable y vínculos sociales adecuados también pueden influir positivamente en esta apertura de la atención plena en nuestras vidas.

¿Las empresas se parecen en algo al dolor crónico? ¿Hay algún punto en común que nos permita pensar en el impacto de la atención plena allí?

7 cada 10 empleados la pasan mal en el trabajo

Para Andrea Linardi, doctora en administración de empresas y coach empresarial, los datos de Gallup de su estudio anual asustan un poco.

“Las emociones negativas (tales como: preocupación, estrés, ira y tristeza) alcanzaron niveles récord entre los empleados de todo el mundo en el 2020. El reporte muestra que 7 cada 10 empleados declaran estar luchando o sufriendo, en lugar de prosperar, en su vida en general”.

Linardi considera interesante reflexionar acerca de cómo vivimos nuestras jornadas laborales y qué podemos hacer para sentirnos mejor.

“Aquellos que recorremos los pasillos conocemos la sensación de estar pasándola mal en el trabajo. Cuando el domingo a la noche comienza el malestar en la boca del estómago, sabemos a qué se debe. Comunicaciones con agresividad corporal y/o lingüística, ninguneos en reuniones, falta de involucramiento en proyectos, urgencias que luego nos damos cuenta que no eran tales, decisiones caprichosas basadas sólo en posiciones de poder, favoritismos discriminatorios y así podemos seguir con el listado. En definitiva, culturas corporativas que quedan en palabras y no logran concretarse en experiencias de los colaboradores”, enumera.

Y sostiene que el impacto no discrimina por sexo, pero sí lo hace de diversa manera. “Según un informe de McKinsey & Lean In, el 54% de las mujeres en funciones directivas declaran estar exhaustas y el 39% quemadas, mientras que sólo el 41% y el 29% de los hombres sienten de igual modo. Las mujeres estamos siendo más afectadas por la pandemia en nuestra salud mental”, afirma.

Se me ocurre pensar en la sobrecarga familiar que injustamente en ellas suele caer con más fuerza.

El malestar impacta en la productividad. Foto Shutterstock.El malestar impacta en la productividad. Foto Shutterstock.

Menos bienestar, menos productividad

“Nuestras emociones impactan en nuestras acciones -prosigue la profesional- y éstas en nuestros resultados. En los negocios, la concatenación corre en el mismo sentido. El estrés impacta en el compromiso de nuestras responsabilidades y como consecuencia altera los resultados de negocio alcanzados.”

Gallup en su reporte señala que el 80% de los colaboradores declara que no está comprometido o está activamente desconectado en el trabajo globalmente, comenta Linardi. Y como consecuencia, se estima que esta falta de compromiso le cuesta a la economía mundial unos US$ 8,1 billones en pérdida de productividad cada año, alcanzando a representar casi el 10% del PBI.

Más allá de las pérdidas en el crecimiento y progreso económico, el bienestar socavado en los trabajadores nos preocupa. Siendo la experiencia laboral central en nuestras vidas (al menos la mitad de nuestro tiempo de vigilia lo utilizamos trabajando), ¿cómo es que no podemos experimentar disfrute y fluir sanamente con ella?

La salud mental, una prioridad impostergable

En la pandemia tuvo un lugar muy secundario. ¿Quién se preocupó y se preocupa por la salud mental? ¿Acaso el gobierno tomó nota de que vienen décadas (más de una seguro) de pase de factura de todo el sufrimiento experimentado durante la pandemia?

Bien con las vacunas y el cuidado prioritario de la vida, pero: ¿Es excluyente atender eso y en simultáneo la salud mental de la comunidad? ¿Por qué no se crearon verdaderos sistemas de prevención y abordaje de la pandemia? Lo que se armó parece más bien un simple (y pobre) refuerzo de lo que ya había; esto es, atención pública en consultorio externo (muchas veces colapsada) en las instituciones de salud.

Para Andrea, tomar conciencia de nuestra salud mental es el primer paso. La salud según la definición de la OMS, es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. “Claramente, el bienestar mental hace a nuestra salud y allí el mindfulness puede ser una experiencia concreta y alcanzable para gestionar nuestro estrés”, dice.

Distintas intervenciones basadas en la atención plena pueden ayudar a incrementar el bienestar. Foto Shutterstock.Distintas intervenciones basadas en la atención plena pueden ayudar a incrementar el bienestar. Foto Shutterstock.

Empresas que producen dolor emocional crónico

Como hablábamos de dolor crónico, podemos también hablar de “dolor emocional crónico”, esto es, la experiencia de sufrir por el impacto de los síntomas de esta categoría en nuestro sistema muscoesquelético.

Quizás podamos experimentar dolor emocional en espacios (settings) que producen excesivo estrés e impactan en nuestro bienestar.

¿El mindfulness podría aportarnos algo allí? Quizás sí. Aunque creo que, a diferencia de “los espacios médicos”, donde el paciente crónico está buscando intencional y voluntariamente reponerse de su afección, en “los espacios corporativos” puede no existir consciencia real del malestar reinante.

Es que a veces la adrenalina y el éxito pueden camuflar el intenso esfuerzo que debemos generar para “sobrevivir” allí.

Sólo asumiendo la necesidad de un cambio profundo y verdadero en la dinámica laboral y los estándares de bienestar emocional en la empresa podremos progresar hacia una organización inteligente que proteja verdaderamente a su equipo.

Entonces: ¿qué funciona?

Este es un tema no tan sencillo de establecer. El programa “search inside yourself” (de Google) y el programa de Janice Marturano Mindful leadership son los dos principales validados en el ámbito del mindfulness, mientras que el propio Daniel Goleman (autor del concepto de Inteligencia Emocional) sugiere utilizar ese concepto para crear organizaciones emocionalmente inteligentes, pero aún no se aprecian experiencias con un desarrollo importante y sistematizado.

Lo que tiene un impacto más débil son las intervenciones de entrada y salida: cortas, puntuales y en forma de talleres. Eso no es tan benéfico.

Las intervenciones continuas, que se sostienen en una organización y son avaladas por los niveles gerenciales, parecen ser más efectivas.

Pero claramente una combinación del mindfulness y “el acompañamiento en terreno” a través del coaching, el liderazgo, entre otros, pueden potenciar el nivel de bienestar de los empleados.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de “Mindfulness, la meditación científica”.

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