En 1976, el cantante compró un club de mala muerte y lo llevó de la cuarta categoría a la Premier en cinco años. Sus tacos en las reunión de comisión y su reacción ante la homofobia de los hooligans.

El 5 de mayo de 1974, Elton John se presentó ante los hinchas del Watford inglés disfrazado de abejita. Así rompió el hielo. Todo comenzó en una entrevista. Elton aún no era Sir Elton John pero ya había trabajado con David Bowie, saltado el charco y roto la taquilla de los charts americanos cuando escribió Your song y era uno de los músicos más representativos de la cultura inglesa. Su talento, sumado a sus excentricidades lo convertían en toda una celebridad. Pero, más allá de la música y sus atuendos extravagantes, el artista tenía una pasión: Elton John era un enfermo del fútbol.

Fue en 1974 que el músico se quedó hablando con el periodista que le había hecho la entrevista en cuestión. Los dos venían del mismo lugar y tenían la misma obsesión: el Watford Football Club. “El club está en ruinas”, le tiró el reportero, a ver si podía moverle alguna fibra. Y le movió todas.

No hace falta aclarar que en esa época, a mediados de la década del 70, no existían el WhattsApp ni los celulares. Pero Reginald Kenneth Dwight (tal, el nombre del artista) se comunicó con su amigo Rod Stewart y le propuso hacer un concierto en beneficio del club de sus amores que se caía de a pedazos. Y RS aceptó.

Después de ese recital repleto de hippies y fans de los Hornets en el que Rod Stewart (quien tiene una tribuna a su nombre en cancha del Celtic) no paró de cargar a Elton por el estado del campo de juego, pasaron dos cosas: Elton y Rod aparecieron entrenando con el plantel principal del club situado a 27 kilómetros de Londres. ¿La segunda? La movida anduvo tan bien que al músico le ofrecieron la vicepresidencia del club, pero John Reid, su mánager y pareja, estalló de bronca: “Te vas a fundir”, vaticinó.

La cosa es que Elton John aceptó la vicepresidencia y su entrada al equipo revolucionaría la vida del Watford. Y también la de los integrantes de la comisión directiva que tuvieron que adaptarse a un nuevo “biotipo” de dirigente. “Si les molestaba tener al único vicepresidente de la Liga de fútbol que se presentaba en las reuniones con el pelo teñido de verde y naranja, por encima de todos gracias a mis plataformas, nunca me lo dijeron. Pero mi presencia tampoco significó nada especial en el Watford: el equipo seguía sin tener solución, y el club estaba arruinado”.

Para colmo, en septiembre del 76, cuando comenzó a mostrarse activamente en las canchas del ascenso inglés como la cara visible de los Hornets, el cantante sintió la necesidad de contar su orientación sexual. “Un consejo que le daría a cualquiera que esté planeando salir del clóset sería este: que no lo haga como presidente de un club de fútbol británico, a menos que quiera pasar las tardes de sábado escuchando a miles de aficionados del equipo contrario cantando, ‘No te sientes cuando Elton esté cerca, o te meterá la p… por el culo’, al ritmo de de My Old Man Said Follow the Van. Quizá debería repudiar la homofobia de los fans ingleses, pero debo ser honesto: a mí me daba gracia. Era mortificante, pero divertido. No me sentí ni amenazado ni asustado, lo hacían en broma. Hay que saber encajar los golpes. Ellos cantaban, y yo simplemente sonreía y les saludaba con la mano”, aceptaba el cantante en Yo.

Si en esos años los hinchas del Watford se convirtieron en el hazmerreír de los hooligans ingleses, en un breve lapso serían ellos los que se reirían del resto. Y su vicepresidente se convertiría en el estandarte del club.

El comienzo de la revolución Watford

Una de las medidas fundamentales que tomó Elton John al mando del Watford fue echar a Mike Keen, el técnico que piloteaba un barco de “las Avispas” que navegaba en el fondo de la tabla. En abril del 77 nombró en su lugar a Graham Taylor, un exmarcador central que había pasado por equipos menores como el Lincoln City y el Grimsby Town.

Pero, más allá del glamour del músico, por esas épocas el Watford vivía un presente de mala muerte: “El estadio parecía decir a las claras todo lo que se necesitaba saber sobre ellos. Solo había dos tribunas cubiertas muy pequeñas, viejas e inestables. Y también se utilizaba como canódromo. Si yo hubiera tenido criterio, le habría echado un vistazo antes y hubiera decidido defender a un equipo que jugara de verdad al fútbol. Podría haberme ahorrado 20 años de casi completa desdicha. Pero el fútbol no funciona así. O, al menos, no debería. Lo llevas en la sangre; el Watford era el equipo de mi padre y, por tanto, el mío”, cuenta Elton en su biografía titulada “Yo”.

Sin dudas, lo primero que necesitaba el club para que esas dos tribunas destruidas se convirtieran en un estadio a la altura de las ambiciones era una inyección de dinero. Y hay que ver cómo se movió el en el mundo de los negocios. Elton acercó a Iveco como main sponsor a cambio de 400 mil libras esterlinas. ¿A plata de hoy? Más de 5.400.000 unidades de la moneda británica, unos siete millones cuatrocientos mil dólares para transformar el mítico Vicarage Road. Esa montaña de plata, para un equipo de la cuarta división. Nada mal para arrancar.

¿Lo deportivo? Reid, el manager de EJ, se iba a tener que comer sus prejuicios. El Watford, que estaba en el fondo del mar, subió con la velocidad de un buzo táctico que se queda sin oxígeno. En la temporada 78-79, el equipo dio el primer paso y salió campeón de la cuarta división. Pero el autor de Club at the end of the street no se quedó con eso y apostó por un ascenso meteórico para el humilde WFC. “Fue como tomar una droga a la que al instante te volvías adicto”, cuenta el músico en su biografía.

En 2016, Sir Elton John asiste a un partido entre Watford y Sunderland.
Foto: Michael Zemanek

En 2016, Sir Elton John asiste a un partido entre Watford y Sunderland. Foto: Michael Zemanek

Eso, las drogas. En esa etapa Elton John vivía una adicción severa. Y sería nada menos que su cabeza puesta en el fútbol lo que lo correría de ese lugar.

¿Cómo siguió volando la avispa? La cosa en la Tercera categoría no fue mal: llegaron el segundo escalón del podio en su primer año, lo que les dio el ascenso. Y, después de tres años jugando en la First Division (la segunda categoría que desde 2004 se llama Football League Championship), los Hornets consiguieron un tercer puesto que les dio el ascenso a la Premier League.

Sir Elton John lo había logrado: el equipo de su infancia saltaba de Cuarta a Primera en apenas cinco años, entre 1977 y 1982. Y la película no acababa: aún había capítulos por escribir. En su primer año en la Premier, el Watford fue subcampeón y sacó boleto directo para jugar la UEFA: “Cuando empezamos esta aventura le dije a Taylor que en diez años jugaríamos una competencia europea. Nos llevó cinco”.

La pasión según Elton John: “El Watford me salvó la vida” y la última chance de “impresionar a mi padre”

Como en la mayoría de los casos, la pasión de Elton John por el fútbol llegó por una cuestión hereditaria: de padre a hijo. El lo cuenta claro en su bio: “Es una cuestión de sangre. El Watford era el club de mi padre, por lo tanto también era el mío”. El músico recuerda que a los 6 años iba de la mano con su papá a ver al equipo: “Los únicos recuerdos felices de mi infancia están relacionados con el fútbol”.

De hecho, la pelota era una de las pocas cuestiones que conectaban al pequeño Regie con Stanley Dwight, su padre. Es más, Dwight era un tipo duro, un militar formado en la Fuerza Aérea británica con una piedra en el costado izquierdo del pecho. Tanto, que cuando Elton empezó a reproducir en su piano las canciones que escuchaba en la radio (de puro oído autodidacta, con menos de once años), el hombre lo desalentó a seguir su vocación. Lo mismo le iba a ocurrir en todos los órdenes de la vida, incluida su pasión por el fútbol.

“Nunca cambió de parecer con respecto a mi carrera. Nunca me felicitó. Sin embargo, el hecho de que nunca lo hiciera me infundió el deseo de demostrarle que había tomado la decisión correcta. Me motivó. Pensaba que cuanto más éxito alcanzara, más evidente sería que mi padre se había equivocado, lo admitiera él o no. A veces, incluso hoy en día, me parece que intento demostrarle a mi padre de qué pasta estoy hecho, aunque lleva muerto desde 1991”, cuenta EJ en sus memorias. Y la apuesta por el equipo de toda la vida era una forma de mostrarle de qué pasta estaba hecho.

Elton John, en el espacio donde mejor se mueve, el escenario. ¿El segundo? Una cancha de fútbol.
Foto: AP

Elton John, en el espacio donde mejor se mueve, el escenario. ¿El segundo? Una cancha de fútbol. Foto: AP

En 1976, cuando el Watford seguía siendo un mal negocio y todavía jugaba en la Cuarta, su dueño, Jim Bonser, buscaba un comprador. No hace falta aclarar con quién cerró la operación.

Cuando Elton John compró el equipo, pensó que iba a recibir un abrazo de su padre: ahora era dueño del club de sus amores. Pero ni así lo logró.

Lo dicho: en esos años, el cantante luchaba contra las drogas y al alcohol, a lo que años después se le sumarían ciertos desórdenes alimenticios. Y fue su nueva ocupación la que lo sacó, al menos por un rato, de su adicción.

Le debo al Watford mucho más de lo que el equipo me debe a míFui presidente durante el peor período de mi vida. Cuando sentía que no había amor en mi vida, sabía que tendría el amor del club y de los aficionados. Me dio algo más en lo que concentrarme, una pasión que podía apartar mi atención de todo lo que iba mal. Por razones obvias, hay momentos de la década del ochenta de los que no guardo ningún recuerdo, pero todos los partidos del Watford que vi están fijados en mi memoria. Si no hubiera tenido el club de fútbol, Dios sabe qué hubiera sido de mí. No exagero: estoy convencido de que el Watford me salvó la vida”, jura Elton John en su exquisita biografía editada en 2019.

El músico y su padre se reencontraron en Liverpool tras unos años sin verse. La excusa fueron los Hornets, claro. El cantante hizo todo por impresionar a su progenitor: le mostró su vida, lo llevó a comer a hoteles caros y lo sentó en el palco de honor del mítico club de la ciudad donde brillaran los Beatles. ¿Le habrá mostrado el Aston Martin que se compró rojo y amarillo, con los colores del Watford?

Estaba en su salsa. La hinchada a la que lo había llevado cuando era un chico cantaba, “viva el ejército Taylor de Elton John”. Era el héroe que los había sacado del triste ascenso inglés.

Stanley jugaba sus últimas cartas en la vida. Estaba muy enfermo y tenía la posibilidad de decirle a su hijo lo orgulloso que estaba de él. Si es que lo estaba. O al menos de agradecerle por haber sacado al club de sus amores de la cuarta categoría y llevarlo a la elite inglesa.

“Lo llevé a comer al hotel Adelphi. Estuvo bien. Nos limitamos a hablar cordialmente de cosas sin importancia. De vez en cuando se hacía un silencio incómodo, lo que ponía de relieve que no nos conocíamos muy bien. Yo seguía enfadado con él por cómo me había tratado, pero no lo saqué a relucir. Vimos el partido desde el palco de honor. El Watford perdió por 3 a 1, pero sigo pensando que lo pasó bien, aunque con él nunca se sabía. Supongo que, en el fondo, esperaba que le impresionase el hecho de que yo fuera el presidente del club al que él me había llevado de niño, y que los seguidores del Watford cantaran por mí cuando hacíamos un gol o avanzábamos en el campo. Si con mi música nunca me había caído un: ‘te felicito hijo, hijo, me siento orgulloso de ti’, tal vez lo consiguiera con mis logros con el Watford. Pero nunca llegó”.

Stanley murió en el 91 y a Elton le alcanzó con esa última vez. No asistió a su entierro.

El último baile en el Watford

Elton John tiene una tribuna con su nombre en el estadio del Watford.
Foto: AFP PHOTO / IAN KINGTON

Elton John tiene una tribuna con su nombre en el estadio del Watford. Foto: AFP PHOTO / IAN KINGTON

Hay una imagen que define la revolución que vivió el Watford en aquellos años: ya corre 1984 y Elton John está sentado en la tribuna del estadio de WembleyA unos metros se ubica la reina Isabel. Cien mil personas entonan Abide With Me, el himno tradicional de la FA Cup, y el cantante rompe en llanto. Es que, desde su llegada al equipo, el Watford fue una verdadera sensación en el fútbol inglés. Tras el ascenso meteórico logrado entre los años 77 y 82, el equipo de Elton John fue subcampeón de la Premier League en 1983 detrás del Liverpool. Y ahora, en ese 84, el cantante estaba a punto de ver a su cuadro jugar una final frente al Everton. Ni el Manchester United, ni el Arsenal: allí estaba el Watford Football Club.

“Escuché el himno de la FA Cup y me puse a llorar ante las cámaras de la BBC. Y finalmente aquella fue la nota cumbre del día porque el Everton nos ganó 2 a 0. Tendría que haber sido un resultado más ajustado, deberían haberles anulado un gol, pero es cierto que jugaron mejor”, recuerda el Sir, amigo de Lady Di que, a pesar de la bronca, “estaba fastidioso con el resultado”, decidió ofrecer una fiesta para el plantel: “Antes del inicio del partido vi con claridad lo lejos que habíamos llegado, pasando de ser un pequeño club sin remedio al que nadie iba a ver jugar y del que todos se reían, a terminar siendo lo que éramos”.

Dos años después, el proyecto W empezó a desmembrarse. El DT Graham Taylor dejó el club y se fue al Aston Villa. A los tres años, el propio Elton John se alejó del club para dedicarse de lleno a la música. Le vendió sus acciones a Jack Petchey, un millonario que se dedicaba al negocio de los autos. Pero, diez años después, la avispa volvió a picar y recuperó sus acciones, aunque esta aventura duró cinco años y volvió a venderlo. Lo nombraron presidente honorario.

Hace dos años, cuando el Watford volvió a jugar la final de la FA Cup frente al Manchester City, todos esperaban su presencia en el palco de honor. Es que, él era gran responsable de ese presente. Y de cualquier cosa buena que pueda pasarle al Watford, el club al que Elton John le salvó la vida. ¿O fue al revés?

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