Propone una forma distinta de estudiar los movimientos de los cuerpos celestes, y un fenómeno que habría pasado inadvertido.

Todos conocemos los dos movimientos principales que realiza la Tierra: traslación, cuando orbita alrededor del Sol, y rotación, cuando gira sobre su propio eje. Existe, además, otro desplazamiento de nuestro planeta que los Vedas —antiguos textos sagrados hindúes— ya mencionan a través de mitos y símbolos. Se trata de la precesión de los equinoccios.

La precesión se da cuando ocurre una inclinación u “oblicuidad” del eje terrestre, que gira trazando un ciclo de 25.920 años aproximadamente. Esta oscilación o “danza” se relaciona con el cambio de dirección en el continuo espacio – tiempo y se desarrolla sobre la columna de rotación del planeta dibujando, con el transcurrir de los siglos, un cono en su campo gravitacional.

Este cambio lento y gradual en la orientación del eje de rotación de la Tierra genera que, luego de miles de años, se modifique el punto de sincronización desde donde se hace y se “lee” el cielo, por ejemplo, para hacer una carta natal.

Un ejemplar de los Vedas, libros sagrados y milenarios originarios de la India y que da nombre a la astrología védica. Foto: ilustración Shutterstock.Un ejemplar de los Vedas, libros sagrados y milenarios originarios de la India y que da nombre a la astrología védica. Foto: ilustración Shutterstock.

El astrónomo, matemático y geógrafo griego Hiparco de Nicea fue el primero que logró registrar de forma científica y explícita la precesión de la Tierra hace casi 2.200 años.

¿Cómo lo hizo? Dándole un valor matemático y trigonométrico. El sabio calculó un desfase en el fondo de estrellas del Sol de un grado por cada 72 años aproximadamente. De esta forma, pudo precisar que el fondo de estrellas varía paulatinamente en concordancia con el paso del Sol.

En términos simples, si la Tierra hace este movimiento de precesión 1 grado cada 72 años, y teniendo en cuenta que una constelación posee 30 grados, quiere decir que cada 2.160 años estaremos en presencia de un cambio de era astronómica y astrológica, al cual llamaremos ciclo precesional o Año Magno.

El equinoccio de marzo, en el hemisferio norte marca el inicio de la primavera y en el hemisferio sur, la llegada del otoño. Foto: ilustración Shutterstock.El equinoccio de marzo, en el hemisferio norte marca el inicio de la primavera y en el hemisferio sur, la llegada del otoño. Foto: ilustración Shutterstock.

La constelación ascendente en el amanecer del equinoccio de primavera definió lo que numerosos pueblos ancestrales llamaron “Era” o“Yuga” (en sánscrito) y “Pachakuti” (para los pueblos andinos de habla quechua).

Al hacer un análisis de este lento corrimiento en la rotación del eje terrestre, es posible cuestionarse si podemos dar otra mirada a nuestro estudio de los cuerpos celestes.

Cómo difieren el zodíaco sideral del tropical

Hace unos 2.000 años, el zodiaco sideral (basado en las estrellas fijas) y el tropical fueron coincidentes de manera transitoria. Ambos se ubicaban a poco más de 1 grado. Gracias a ello, fueron indistinguibles a simple vista y las culturas eurocéntricas lo estandarizaron al fijar el punto vernal en Aries.

Este parámetro hizo que los sistemas de cálculos anteriores quedarán en el olvido para los occidentales. Sin embargo, el movimiento de precesión a lo largo de los siglos comenzó manifestar discrepancias entre el zodíaco astrológico y las constelaciones astronómicas.

En la India, por ejemplo, el gobierno homologó un cálculo para sincronizar el eje de precesión con respecto a la eclíptica de Sol y las estrellas fijas llamado Ayanamsa. El término deriva del sánscrito: “ayana” significa dirección o desplazamiento y “amsa” equivale a sector, porción o parte.

Es así que esta diferencia o corrección del desplazamiento terrestre hoy se calcula entre 23 y 24 grados con relación al punto del equinoccio de marzo y el punto 0 de la estrella Ashwini o Arietis (el punto donde inicia la constelación de Aries).

Símbolo de la estrella Ashwini, la primera estación lunar en la astrología védica. Foto: ilustración  Shutterstock.Símbolo de la estrella Ashwini, la primera estación lunar en la astrología védica. Foto: ilustración Shutterstock.

Por esta razón, Ashwini es uno de los puntos de sincronización indispensables para la astrología védica al momento de emitir la carta natal y marca una diferencia frente al método utilizado en el zodíaco sideral basado en las estrellas fijas.

La astrología occidental mira el cielo de hace dos mil años. Esto implicaría que, cuando un planeta está en el signo de Tauro, desde la observación posicional astronómica, se encuentra en la constelación de Aries, evidenciando el desfase leve entre el signo zodiacal y la constelación astronómica. Y, si bien hoy ambos se encuentran cercanos, con el paso del tiempo la diferencia entre el zodiaco tropical y el sideral, será cada vez mayor.

Actualmente, el fondo de estrellas del Sol observado en la primavera desde el hemisferio norte se encuentra en el grado 24 o 25 de la constelación astronómica de Piscis en transición a Acuario, de ahí la noción de la entrada en “La Era de Acuario”.

Por Gabriel Conti y Matías Navarrete, astrólogos védicos e investigadores sobre cosmovisión de la India. En Instagram: @espacionagma.

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