viernes, junio 5, 2020
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La neurociencia del coronavirus: cómo reacciona el cerebro ante la cuarentena

Un experto explica el peso de los instintos primarios y la incertidumbre en nuestro comportamiento.

La neurociencia se dedica a estudiar los mecanismos que regulan las reacciones nerviosas y la actividad cerebral. La información obtenida sirve para entender cómo determinadas acciones repercuten en la conducta, los pensamientos y las emociones de las personas. En un tejido de pandemia por el coronavirus, un experto en el tema indaga las razones del acopio desmesurado, la frustración social ante la cuarentena y la necesidad de romper el aislamiento.

Se trata del Ingeniero Federico Fros Campelo, docente del ITBA en el programa “neurociencia aplicada a la toma de decisiones”. Este investigador en psicología cognitiva y evolutiva, autor del libro Mapas emocionales, entiende también que nuestras pautas de comportamiento se puede explicar a través de diferentes instintos elementales.

“Vivimos en una sociedad mimética y el instinto de imitación es considerado una actitud típica de la manada que nos ayuda a sobrevivir. Desde los niños más pequeños que repiten lo que dicen los mayores para mejorar su aprendizaje, hasta los adultos que copian la vestimenta de sus semejantes para dar origen a las modas. Por eso, cuando uno ve que su vecino fue al supermercado en medio de la cuarentena y trajo dos changos repletos, muchos siguen ese ejemplo porque estos actos están asociados a un reflejo grupal”, ejemplifica.

Desde el punto de vista biológico, el instinto es un término que nos recuerda que somos una rama de mamíferos evolucionada. El propósito de estas pautas de comportamiento hereditarias es facilitar la adaptación, ya que están programadas en el cerebro de nuestra especie para garantizar protección y resguardo.

Un análisis sobre la reacción del cerebro ante el encierro

¿Por qué corrimos a comprar en los supermercados?


“Ante todo somos seres sociales que fuimos evolucionando en manada. Cuando alguien queda aislado del grupo, como ocurre con la cuarentena, la falta de contacto físico genera un impacto fisiológico que produce alteraciones en los ritmos del sueño y en sus hormonas. La sensación que se siente es muy similar al rechazo. Esta y otras conductas tienen su razón de ser en el funcionamiento del cerebro”, describe Fros Campelo.

La realidad que uno percibe -explica- no es un fiel reflejo del mundo exterior, es una predicción cosechada por los sentidos, que el cerebro se encarga de analizar, sintetizar y transmitir. El conflicto surge cuando la información que ingresa es ambigua, ya que las señales se contradicen entre sí.

El ingeniero Federico Fros Campelo, docente del ITBA.

El ingeniero Federico Fros Campelo, docente del ITBA.

“La incertidumbre, que es otro instinto básico, genera emociones negativas ya que el cerebro no logra descifrar qué va a suceder en lo inmediato. Su ejercicio más frecuente es trazar modelos de realidad para intentar explicarla. Pero al no disponer de recursos suficientes para una interpretación –porque es algo inédito, como el confinamiento- se generan teoría de complot. Esto incluye que el coronavirus es una infección programada en laboratorios o que las vacunas son un invento”, sintetiza Campelo.

Lo cierto es que el cerebro necesita encontrar un significado y un equilibrio a todo lo que ve. Si no da con ninguna respuesta satisfactoria, reinterpreta los datos en función del contexto y después de haber extraído la información disponible, llega a una conclusión.

“Cuando el órgano opera con normalidad, rige el pensamiento secuencial y se da la vinculación causa-efecto. Pero cuando domina la incertidumbre, las causas y los efectos pueden ser reemplazadas con premisas falsas, lo que conducen a la superstición. El miedo a lo inexplicable puede desembocar en pensamiento mágico. Y nos hace creer que todas las noticias que nos llegan son ciertas”, señala.

El cerebro es el órgano que se encuentra detrás de todas las emociones, a través del sistema límbico. El miedo, la alegría, la tristeza, la rabia y otras manifestaciones, tienen una base neurológica en esta red.

Muchas de nuestras conductas tienen su razón de ser en el funcionamiento del cerebro, dice Campelo

Muchas de nuestras conductas tienen su razón de ser en el funcionamiento del cerebro, dice Campelo

“Las emociones son una herramienta adaptativa que informa al entorno sobre el estado anímico de una persona. Ante la falta de contacto físico, nuestra empatía, que es otro instinto, se resiente y nos cuesta cada vez más ponernos en el lugar del otro. También nos vuelve más egoístas, menos sociables. Las charlas virtuales, en parte puede suplir esta carencia y permitir que, pese a no poder tocar al otro, se lo pueda ver y escuchar”, advierte Fros Campelo.

La oxitocina es una poderosa hormona que se fabrica en el cerebro. Una de sus funciones es la de fortalecer vínculos de proximidad. Y si bien sus niveles en sangre pueden ser altos y beneficiosos, también pueden disminuir por el aislamiento y provocar el efecto contrario.

“La oxitocina, además de ser una hormona, es un neurotransmisor que promueve el sentimiento de pertenencia, fundamental en nuestra especie y está implicada en comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad, la formación de vínculos y la empatía. Su ausencia puede provocar estrés, ansiedad y agresión. Ante la falta de contacto, se puede engañar al cerebro a través de la tecnología. Ya que el videochat brinda una sensación de falsa realidad. Es un efecto similar al de la pornografía, donde use se siente acompañado aunque sabe que está solo”, advierte Campelo.

En los momentos de aburrimiento el cerebro activa una parte del lóbulo parietal medial que permite planificar escenarios posibles o proyectar nuevas soluciones. El problema surge cuando el tedio se vuelve crónico por el aislamiento, la persona empieza a desconcentrarse, acumula tensión y necesita escapar de su encierro.

“Ante una situación inédita, el cerebro libera dopamina, el neurotransmisor relacionado con la sensación de bienestar y la intensidad de las recompensas. Pero ante la falta de novedad, los estímulos se reducen y el aburrimiento se hace presente. La gente que cumple cuarentena está buscando despejarse pero como todo gira en torno al coronavirus se produce un efecto túnel, es decir, ante la necesidad de centrar y concentrar la atención en el virus y no ver más allá de la amenaza”.

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