Es el primer motociclista argentino y latinoamericano en lograrlo. “Quería entrar en la historia y lo conseguí, dice.

El 15 de enero de este año, con el mundo mirando las oscilaciones de las curvas de contagio del coronavirus, el salteño Kevin Benavídes alcanzó el mayor logro de su carrera en el motociclismo: ganó el Rally Dakar y se convirtió en el primer argentino y latinoamericano en consagrarse en una de las dos divisiones principales de la carrera más extrema del planeta.

Hay que decir que en el largo trayecto para trepar al máximo escalón del podio, Kevin experimentó sangre, sudor y lágrimas, aunque no en este orden (y no es una metáfora, ya se verá).

El triunfo en el desierto de Arabia Saudita le permitirá a este joven de 32 años saltar a un nuevo nivel dentro del motociclismo. De hecho, viajó a Austria para cerrar contrato con su nuevo equipo, el KTM. Pero narrar la historia que lo trajo hasta aquí es casi como contar su propia vida.

“Ando en moto desde los 3 años. A partir de los 9 empecé a competir. De ahí en más, la pasión fue creciendo y a los 16 ya me hice profesional. Mentiría si digo que tengo recuerdos de mi vida sin una moto”, reconoce.

Kevin Benavídes, domando las dunas del desierto de Arabia Saudita en el Dakar 2021.

Kevin Benavídes, domando las dunas del desierto de Arabia Saudita en el Dakar 2021.

Kevin heredó la pasión por las motos de su padre Norberto, que también fue piloto: “Mi papá compitió en la categoría enduro por muchos años. También empezó a armar motos para venderlas. Después fue creciendo y se metió en el rubro de la venta de autos. Aprendí todo de él. Me enseñó a andar y me reveló los primeros secretos de corredor”.

Había una pasión en el ADN de Kevin que no tardó en explotar. “Cuando hice las primeras carreras, me di cuenta de que me gustaba ganar y estar adelante. Pero todo vino por mi propia voluntad, nunca tuve presión de mi viejo ni de nadie. Hay muchos padres que presionan a los hijos para que sigan tal o cual actividad, pero no fue mi caso. Eso sí, cuando arranqué a competir, me apoyaron y me dieron todos los medios: me compraron las motos y otras cosas que necesité. Fueron mis primeros sponsors. La única exigencia que me pusieron fue que me fuera bien en la escuela.”

Kevin cumplió, pero a su manera: “En el colegio siempre fui bueno, pero no estudiaba. Prestaba atención en clase y después repasaba. Nunca desaprobé ni me llevé materias. Cuando empecé la universidad, en 2007, ya tenía ganas de ir a correr y a vivir a Europa, pero una de las condiciones para poder hacerlo era que me recibiera. En 2011 terminé la licenciatura en Administración de Empresas sin reprobar ningún examen final. En ese momento ya entrenaba mucho, así que tampoco estudiaba demasiado. Al igual que en el colegio, sólo me dedicaba a prestar atención en clase. Por suerte pude llevar bien las dos carreras: la deportiva y la carrera universitaria”.

Kevin Benavídes todavía tiene en la nariz la marca del accidente que sufrió en el último Dakar. Foto: Germán García Adrasti.

Kevin Benavídes todavía tiene en la nariz la marca del accidente que sufrió en el último Dakar. Foto: Germán García Adrasti.

Ese mismo año, con el título universitario bajo el brazo, Kevin fue a competir a Europa por primera vez: “Empecé con el campeonato español de enduro, seguí con el italiano y hasta corrí el Mundial. Los resultados fueron muy buenos y la experiencia me sirvió para seguir evolucionando como corredor”.

En 2015, el Dakar pasó por Salta y del equipo Honda Argentina me dieron una moto para que la probara. Desde el minuto uno me encantó la sensación.

Kevin Benavídes

Un objetivo entre ceja y ceja

El pibe salteño tenía un sueño: disputar el Dakar, la legendaria carrera de rally. El primer ofrecimiento le llegó en 2015 a través de Honda Argentina:

“Ese año la competencia pasó por Salta. Me dieron una moto y me dijeron que la probara. Me la dejó en casa Mariano Casaroli, el manager del equipo. Desde el minuto uno me encantó la sensación. Después, cuando fui a aprender navegación y a leer el roadbook (libro de ruta indispensable para este tipo de travesías), me gustó mucho más y ahí me di cuenta de que quería cambiar de enduro a rally”.

Kevin Benavídes debutó en el Dakar 2016 con el cuarto lugar, performance sorprendente para un novato.

Llegué con muy poca experiencia en rally: apenas con tres o cuatro carreras. Sin embargo, gané una etapa y esto me abrió las puertas de un equipo oficial: el Honda Sudamérica (HVC). Mi objetivo en aquel debut era llegar hasta el final y terminar entre los quince primeros, así que me fue mucho mejor de lo que imaginaba. En ese momento sentí que podía ganar un Dakar”, recuerda.

Al año siguiente, ya confirmado oficialmente como piloto de Honda y con todo listo para una nueva aventura, no pudo correr porque una lesión en el entrenamiento lo dejó afuera dos semanas antes de la largada.

Me quebré una mano en Chile, durante el último día de práctica. Imaginate la bronca”, recuerda. Pero el año se enderezó pronto: fue subcampeón del mundo de rally y ganó el Desafío Ruta 40 Norte, una travesía que va de San Juan a Tucumán.

Año 2018. Expectativas renovadas. Esta vez el Dakar atravesaba Perú, Bolivia y Argentina. Benavídes mostró su destreza, peleó hasta el final y al terminar segundo selló un antecedente clave en su carrera como piloto.

“Pierdo en la etapa 10, en la que hubo un poco de todo: error de navegación, cosas de organización, en fin… Desperdicié como cincuenta minutos y el Dakar se me escapó de las manos”, confiesa.

La edición 2019 fue un paso atrás. Quedó quinto. Recibió una sanción por una falta técnica y le pusieron tres horas de penalización, lo que lo terminó relegando. Luego se comprobó que el castigo había sido injusto porque la regla violada aún no estaba en vigencia.

La muerte de Paulo Gonçalves fue muy fuerte. Uno no está preparado para perder a un amigo ni a nadie, menos en una carrera.

Kevin Benavídes

La tragedia, cerca

Año 2020. El Dakar se realiza por primera vez en Arabia Saudita y el cambio de territorio le devuelve a la competencia los desafíos de años iniciales: polvo, arena, tierra, piedras, dunas.

“Iba ganando, peleando con Ricky Brabec, hasta la etapa 6. Estábamos a un minuto de diferencia. Rompí el motor, perdí cuatro horas para poder salir del desierto. Logré hacerlo, cambié el motor, seguí y terminé en el puesto 19. Simplemente me dediqué a llegar a la meta”, recuerda de aquella primera experiencia en el desierto saudita.

Pero lo peor no fue eso sino la muerte en un accidente de su amigo, el piloto portugués Paulo Gonçalves.

“Fue muy fuerte, porque uno no está preparado para perder a un amigo ni a nadie, y menos en carrera. El nuestro es un deporte muy peligroso, sabemos a lo que nos enfrentamos, pero uno nunca está listo para eso”, dice Kevin, y sus ojos transparentan la tristeza de aquel episodio.

Venía de atrás, pasé por al lado del accidente, pero nunca supe que era él. Cuando llegué al final y me lo dijeron, casi me desmayo. No sabía cómo hacer para seguir, me quedaban 70 kilómetros más ese día. Los hice a fondo y llorando como un chico. Fueron los peores 70 kilómetros de mi vida, incluso habiendo ganado esa etapa”, agrega.

La alegría de Kevin al ganar el Dakar 2021.

La alegría de Kevin al ganar el Dakar 2021.

La consagración

Año 2021. El piloto salteño, después de un recorrido que tuvo de todo, consiguió el título soñado. El 15 de enero se alzó con el trofeo del Dakar y tuvo la oportunidad de mirar al cielo y dedicárselo a su amigo Paulo Gonçalves: “Cruzó la meta conmigo”, dijo. Pero para conseguir el triunfo tuvo que sortear algunos momentos de gran peligro.

En la etapa 5 de la carrera chocó, dio de frente contra un médano y se rompió la nariz. Todavía tiene la herida.

“El impacto fue grande. La moto quedó clavada de punta contra la duna. Pegué la cabeza contra el GPS, me doblé los tobillos, me corté la nariz. Estaba lleno de sangre y prácticamente noqueado. Rompí el casco y todo. Ahí pensé que se me acababa el Dakar, hasta que me dije que no, que no podía ser, y seguí luchando hasta el final”, cuenta.

Y sigue: “Era mi sueño, quería escribir mi nombre en lo más alto del motociclismo mundial. El Dakar es la carrera más peligrosa y más dura del mundo. No hay ninguna más difícil. Son quince días corriendo y aguantando todo tipo de adversidades. No es para cualquiera. Yo quería hacer historia. La sensación es de felicidad y también de tranquilidad, porque sé que ya lo conseguí. Ahora puedo disfrutarlo más”.

Equipo nuevo, el Mundial de su especialidad, un nuevo Dakar en los primeros días de 2022. Estos son los desafíos que se le abren a Kevin Benavídes de aquí en más. “Soy muy competitivo, siempre quiero estar al frente”, dice. Y suena a palabra empeñada.