Estimulado por María Elena Walsh, Yupanqui e incluso Borges, el cantautor celebra medio siglo de trayectoria con un disco doble en el que lo escoltan desde León Gieco hasta Eruca Sativa.

Como Irineo Funes, el hombre memorioso del cuento de Borges, Jairo recuerda todo. Pero en su caso no es una maldición. El hombre que Mercedes Sosa calificó como uno de los mejores cantantes de la Argentina disfruta de los detalles de la infancia en Cruz del Eje, criado en una casa de ferroviarios sin antecedentes de artistas en la familia, con un padre que lo alentaba a cantar y dibujar.

Su memoria recrea escenas minuciosamente: el día que María Elena Walsh le contó que había escrito “Como la cigarra”, el encuentro en un departamento de París con Julio Cortázar, la tarde que vio junto a Piazzolla los dos goles de Maradona contra los ingleses en el Mundial 86, las largas sobremesas con Charles Aznavour cuando compartieron una gira por Francia y aquella vez que fue a cantarle sus primeras canciones a Luis Aguilé y le ofreció grabar un disco en España. “¿Viste eso que dicen que el tren pasa una vez? Para mí, pasó varias veces”, dice ahora Jairo del otro lado de la pantalla, sentado en el living de su casa en Buenos Aires, custodiado por dos guitarras por si alguien le pide que cante, porque cantar es lo que lo salvó cuando comenzó la pandemia.

“Cantar y grabar me ayudó anímicamente en este tiempo. No sé que hubiera pasado si no cantaba. Tuve un problema serio de ansiedad que casi me provoca un ACV”, cuenta Jairo, que grabó un disco doble para celebrar sus 50 años de trayectoria con distintos intérpretes, de Eruca Sativa a Abel Pintos. La celebración se postergó un año por la pandemia, ya que el aniversario se cumplió en 2020. La fecha festeja la edición de su primer disco Emociones, producido por Luis Aguilé. Ese encuentro marcó un quiebre en su historia. Había emigrado de Cruz del Eje a los 14 años contratado por Canal 13 para ser parte del elenco de Escala Musical, donde estaban Sandro y los del Fuego, Los Iracundos y Los Shakers. Todavía se llamaba Marito Gonzalez hasta que se rebautizó con el seudónimo de Jairo y se fue a vivir Europa, donde estuvo veinticinco años, entre su residencia en Madrid y París.

–¿Cómo conociste a Luis Aguilé?

–En aquella época tenía un amigo con el que estudiábamos en la escuela de arte. Era una época de bajón para mí. En un momento pensamos en hacer una historieta y escribir canciones, aunque estaba un poco decepcionado con la música. Él conocía a Luis Aguilé, que venía periódicamente a la Argentina y era una estrella en España. Le habló y nos pidió que fuéramos a cantar las canciones con la guitarra al hotel donde paraba. Después de escucharme, dijo: “Esas canciones no son para mí, pero deberías cantarlas tú”. Yo le dije que estaba medio muerto. “Tú no estas muerto, estás renaciendo”, me contestó. Hizo un par de llamadas, habló con dos personas de CBS, que distribuían sus discos, y después de 15 minutos me propuso grabar un álbum en España. Me lo iba a producir él. “Eso sí, tendrías que cambiarte el nombre”. Entonces ni lo pensé. Tenía 20 años y era un cambio total para mí, de repertorio, de formas, de nombre, pero eso me abrió muchas puertas que no imaginaba.

–Cuando se mira el mapa de tu vida y de tu música, es evidente que está muy marcado por esos encuentros con artistas que señalaron o guiaron tu camino.

–Todos esos encuentros se fueron dando de manera natural. Conocí a muchos artistas que son importantes para nuestra cultura viviendo afuera. Muchos a través de cartas que les enviaba. Por ejemplo, a Horacio Ferrer le mandé una carta donde le preguntaba si podíamos hacer una canción juntos. Al tiempo me llegó su respuesta con la hoja casi en blanco y estas palabras: “¿Por qué una? A María Elena Walsh la conocí durante un viaje relámpago a Buenos Aires en la editorial Lagos, charlamos mucho y quedamos en escribir una canción juntos. Después terminamos escribiendo “El valle y el volcán”, uno de mis grandes éxitos en aquella época.

–En la editorial Lagos, donde se encontraron, estaba toda la elite cultural de la época.

–Era una editorial singular. Habían creado una serie llamada “Canción Estampa” que reunía pintores con músicos y había una participación colectiva de los artistas. Eso coincidió con un cancionero argentino extraordinario, donde estaban desde el Cuchi Leguizamón a Piazzolla. Lagos armó un reducto especial que no tenía mucho que ver con las editoriales de la industria discográfica con una metodología más parecida a la de los Estados Unidos. Ellos fueron los que me invitaron a musicalizar un poema de Borges para un proyecto con doce compositores, en el que estaban Guastavino, Eduardo Falú, Piazzolla, Eladia Blázquez y el Cuchi. Tenía 25 años y me sentía un poco intruso frente a semejantes compositores, pero ya había grabado dos discos en España y les gustaba mi música. Después me dijeron si no quería hacer un disco con esos poemas de Borges. Se lo ofrecí al sello Ariola y me dieron vía libre para hacerlo. El arreglador fue Ricardo Miralles y es uno de los pocos discos míos que escucho hasta hoy.

–Borges no era muy melómano.

–No, por suerte le gustó mi voz cristalina y hasta me acompañó a hacer varias entrevistas juntos para promocionar el material. Un día me invitó a su casa. Eso fue insólito. Para mí, fue como un sueño. Es una de las cosas más importantes que me pasaron en la vida.

–A Yupanqui lo conociste cuando vivías en París, ¿no es así?

–Sí, una vez vino a unos shows que hice en el Olympia de París y me espero a la salida del teatro. No le interesaba tanto lo que hacía artísticamente sino que quería charlar del norte cordobés. Me habló mucho de personas, amigos y lugares que había conocido cuando andaba a caballo por esa zona. Con el tiempo se fue abriendo y se hizo muy amigo de mi familia. Nos juntábamos, íbamos a comer y hablábamos de la patria a la distancia. Toda esa gente no me decepcionó nunca.

–El encuentro con el poeta cordobés Daniel Salzano también marcó otro hito en tu historia. Con él formaron una dupla autoral muy importante.

–A Daniel lo conocía por sus libros, sus poemas, sus artículos. Nunca habíamos hablado y un día me mandó una carta con dos poemas y me preguntaba si esos poemas podían ser canciones. Me pasó su dirección en Madrid y a las pocas semanas me fui directamente a su casa. A partir de ahí no paramos más. Lo curioso es que nunca nos juntamos para componer. Al principio era vía fax, por carta o hablábamos mucho por teléfono. Con el tiempo lo seguimos por las redes. Había una cuestión de confianza. Él mandaba la letra y yo le ponía música. Así de simple.

–En tu nuevo disco incluís varios de los temas que hiciste con Salzano pero con distintos invitados. ¿Cómo fue esa selección?

–Todos los intérpretes que participaron del disco tenían alguna relación con mis canciones. “Caballo loco”, donde participa Luciano Pereyra, era la canción preferida de su madre. Me contó incluso que cuando salió la versión original del tema le regalaron un equipo de sonido con su papá y le pusieron ese disco. Raly Barrionuevo, que participa con el tema “Ferroviario”, dice que la primera vez que la escuchó por la radio en el auto cuando iba a Frías tuvo que parar al costado del camino porque se emocionó mucho. Y así pasó con muchos que escucharon mis canciones por sus padres o hermanos mayores. Toda la grabación del disco tuvo ese ambiente de festejo verdadero.

Clásicos con nuevos vestidos

En el arte de tapa de Jairo: 50 años de música, el nuevo disco aniversario del gran cantante, hay pájaros, raíces, flores y un reloj antiguo de cobre con un autoretrato realizado por él mismo. Allí aparece dibujado en carbonilla el joven de 20 años que conoció a Luis Aguilé y se fue a grabar su primer disco a España, y que abraza por el hombro al Jairo de 71 años, con las huellas del paso tiempo en el rostro, después de haber escrito canciones con María Elena Walsh, Horacio Ferrer, Jorge Luis Borges y Daniel Salzano.

El álbum aniversario, del sello DBN, tiene la producción musical de Lito Vitale, que propone en lo instrumental un sonido aggiornado de diez clásicos de Jairo. El aporte de los invitados no es circunstancial. Cada uno brinda el color de su propio estilo. En este primer volumen, el cantante reafirma ese carácter crossover de su camino artístico, en el que interpretó pop, balada, chanson, tango y folclore, con una identidad cosmopolita. Lo hace no solo con la autoridad de 50 años de trayectoria, sino con la sensibilidad interpretativa para conectar con distintas generaciones.

El primero volumen del disco arranca con “Milonga del trovador”, la canción que escribieron Astor Piazzolla y Horacio Ferrer para Jairo en la década del setenta. El trío rockero Eruca Sativa se termina adueñando de la versión en la primera parte del tema con esa fuerza magnética de su groove rockero que explota con la aparición de Abel Pintos.

“Caballo loco”, con Luciano Pereyra de invitado, trajinan un ritmo de bachata suave, que parece el corte perfecto para las FM. En “Había una vez”, una de la serie de canciones compuestas con María Elena Walsh, se destaca el contraste entre el color de la trova rosarina de Juan Carlos Baglietto y la textura áspera de Lisandro Aristimuño. “Por si tu quieres saber”, uno de los grandes éxitos de los setenta de su primer disco, se readapta a la cadencia sutil y rítmica del charango y la suave voz de Marcela Morelo. “Milagro en el Bar Unión”, tiene el aire aguardentoso de las historias de Johnny Cash, un clásico escrito con Daniel Salzano que Jairo canta con León Gieco y Víctor Heredia.

Con su hijo Yaco hace una versión bilingüe en francés y español de“Nuestro amor será un himno”. En cambio con “El Ferroviario”, apela a la historia de su padre y la épica que transmite Raly Barrionuevo como si fuera su propia historia. La balada “Volver a vivir”, también de su primera etapa en España, gana en los arreglos de voces de Pedro Aznar y el folclorista Nahuel Penissi. “Le diable”, cantada en francés, tiene el aire de un musical parisino con el sonido urbano de Escalandrum y la voz de Elena Roger.

El final del álbum es una escena familiar. Jairo celebra el amor con Teresa Sainz, su compañera de 48 años, en “Podría bailar toda la noche contigo”, cantada junto a sus hijos: Iván, Yaco, Mario y Lucía. Allí, Jairo aparece sin más vestiduras que la emoción pura.

El álbum, del cual ya se lanzaron tres singles, se subirá completo a todas las plataformas digitales en mayo y saldrá además en formato de vinilo y CD. El segundo volumen se editará en los próximos meses. Si el contexto lo permite, Jairo lo presentará en vivo el 29 de mayo en el Teatro Ópera.