jueves, febrero 27, 2020
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I love me Té para uno: celebrar el amor propio en un “San Valentín individual”

Este Día de los Enamorados, se presenta, también, como oportunidad para disfrutar de nosotros mismos. ¡Date los gustos, disfrutá y querete mucho!

Nuestro veraniego San Valentín se derrite sobre la Ciudad de Buenos Aires formando un pegote denso de mercancía rosa hecha para dos que atasca locales, modas y pelusa. Algunos aprovecharán las propuestas que el festejo tiene para ofrecer made in Argentina, y se harán cariños bajo alguna brisa acondicionada en 24°. Y aquellos que disfruten de planear esta fecha solo consigo mismos se rociarán con spray antiadherente para que no se les pegue lo cursi, y se prepararán para amarse por completo.

Porque el que quiere festeja (obvio), y a lo grande. En nada se parece a la realidad la imagen que las películas norteamericanas reflejan de la soltería: llorar en el sillón por lo desdichado que es estar solo y permanecer en pijama todo el día comiendo helado (esto, de hecho, está bastante bueno). Las propuestas reales se expanden cada vez más fuerte en el abrazo a nuestra constitución como individuos, el propio valor y el reconocimiento de todo el afecto que nos rodea y no tiene por qué besarnos al estilo francés.

Es que el único sentido de afiliarse a un día propuesto como especial para «celebrar el amor» es que el que quiera cenar en un restaurante, el que quiera salir a caminar, o el que quiera comer el único pedacito de chocolate en todo Buenos Aires que se haya salvado de quedar pegado en el envoltorio, lo haga, sin importar si está, o no, en pareja.

Debido a la cultura nos acostumbramos a creer que el único merecedor de nuestro afecto y atenciones era un otro. Foto: Shutterstock

Debido a la cultura nos acostumbramos a creer que el único merecedor de nuestro afecto y atenciones era un otro. Foto: Shutterstock

No es nuestra culpa haber creído en el amor marca Hollywood. La historia se ha encaprichado en instalarnos ejemplos poco sanos como representación de este sentimiento. Por ejemplo, Romeo y Julieta, “los amantes de Verona”: un amor que surgió en los últimos herederos de un odio acérrimo y ancestral entre familias, lo prohibido, las visitas clandestinas del balcón, y la boda secreta. Claro que ahora somos más conscientes de que tenían entre 13 y 16 años, y que vivieron un amor adolescente plagado de un deseo obsesivo que duró tres días y dejó al menos cinco muertos. Aún así, fueron el estereotipo de romance por mucho tiempo.

Gracias a la cultura y las concepciones adoptadas a lo largo del desarrollo de nuestra sociedad, nos acostumbramos a creer que el único merecedor de nuestro afecto y atenciones era un otro. Según el documental de Netflix En pocas palabras, la idea de casarse por amor se arraigó alrededor del 1700 y para evitar divorcios se instaló el concepto de que mujer y hombre eran dos partes complementarias de un todo. Así surgieron los primeros roles de género y las opiniones de Darwin en El origen del hombre acerca de la “superioridad natural” del hombre sobre la mujer.

La escritora y activista Kate Millet se animó a asegurar por los 70: “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas: mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban (…) Tal vez no se trate de que el amor en sí mismo sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos (…) Entre seres libres es otra cosa”. Y ahí estaría la clave.

Incluso hoy, para los seres libres, independientemente de sus géneros y elecciones sexuales, tener que completar un corazón de dos piezas sigue siendo un «requisito» que ha impuesto la cultura y el mercado. Tan arraigado está el concepto de un amor complementario como sinónimo de felicidad, que no encontrarlo supone un problema, y representarlo como una mitad rota nos mal predispone psicológicamente. ¿Acaso no somos merecedores de una representación irreal de un órgano de nuestro cuerpo, al menos completa?

En las películas se empareja absolutamente todo. Recordemos Herbie, que no satisfecha con relacionar a los personajes principales tuvo que ir más lejos y generó una historia de amor entre el Volkswagen Beetle y el New Beetle… Si antes no, ahora seguro que resulta absurdo.

Lo más interesante y complejo de todo, tal vez sea el hecho de que ya encontramos el amor, y no necesitamos, por ejemplo, ir a cenar al self-love restaurant de Reino Unido que nos pone frente a un espejo, para reconocerlo.

“Amarse a sí mismo es el principio de una novela que dura toda la vida”, decía Lord Goring en uno de los diálogos de Un marido ideal, de Oscar Wilde.

Los Beatles, potenciados por el flower power y las alucinaciones lisérgicas, cantaron que todo lo que necesitamos es amor, pero tampoco nos limitaron especificando a quién debíamos amar.

Replantearnos y cuestionar la idea de la «media naranja» para poder disfrutar de nuestra compañía y virtudes de naranja completa nos evitará caer en falsas concepciones del amor. Nunca se trató de buscar un «complemento» basado en lo que otro nos haría sentir, sino con quien compartir un sentimiento entero que nos prioriza (y sólo en caso de que realmente deseemos compañía).

"Amarse a sí mismo es el principio de una novela que dura toda la vida". Foto: Shutterstock

«Amarse a sí mismo es el principio de una novela que dura toda la vida». Foto: Shutterstock

Por ejemplo, Sarah, de 29 años, se encontró por primera vez con su actual ex en un bar la medianoche de un 14 de febrero y creyó que su alma gemela se había materializado. Esas almas gemelas que tienden a durar cuatro meses. Ahora cree en un amor más real, el propio, que “surge no sólo de la belleza, sino de los logros y desafíos que hay que enfrentar en el día a día”.

Por eso, quienes este día festejarán el amor propio, lo harán con planes de lo más variados. Desde un tour cervecero por La Plata, salidas con amigos, escapadas al cine, merienda con los nietos, y sesión de masajes viendo Netflix, hasta festejar “el día de los enamorados” comiendo bastoncitos de queso. La mayoría quiere darse gustos porque considera que “antes de querer a otra persona es importante quererse a uno mismo”. Y tienen razón.

El psiquiatra especialista en género Enrique Stola explica a Entremujeres Clarín que esta fecha produce una fuerte presión sobre los grupos y las individualidades. Poder pasarla bien solos sin sentir la obligación de celebrarlo con otro tiene que ver con el autoestima, la libertad con la que vivamos y la frescura que tengamos. “Cuando las personas deciden celebrar a solas y pasarla bien, viven un momento de libertad que les sirve mucho para su vida”.

Entre todas las ideas que puedan ocurrírsenos para festejar un día como este, es importante hacernos felices y darnos placer, provenga de donde provenga. Lo más probable es que tengamos un entorno extenso y nutrido de afecto de diversos tipos, con los que podemos o no compartir. Pero lo único seguro es que nos tenemos a nosotros mismos, una comunión que inició desde el principio de nuestra existencia y terminará con ella (por eso mejor llevarnos bien, ¿no?).

Lo cierto es que nadie podrá entendernos mejor, y lo bueno es que no necesitamos ganar nuestro afecto con grandes muestras de amor público (a menos que ese sea nuestro deseo).

No es necesario practicar la “sologamia”, ni realizar una boda unilateral, ni incluso festejar San Valentín para tener una excusa para celebrarnos a nosotros mismos.

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