Aunque sabemos que los exoplanetas son comunes, aún no existen pruebas concluyentes de que sea usual que también les acompañen otros satélites, por lo que este hallazgo podría reforzar dicha hipótesis

Desde que se descubriera el primer exoplaneta en 1995, hasta la fecha se ha confirmado la existencia de 4.884 mundos fuera de nuestro Sistema Solar -según el recuento de la NASA-, si bien hay más de 5.000 candidatos a engrosar la lista. Estas apabullantes cifras han hecho coincidir a toda la comunidad científica en que nuestro vecindario cósmico no es una excepción, y que muy diferentes y numerosos planetas orbitan otras estrellas como ocurre aquí. Cosa distinta son las lunas: de momento, solo se han hallado pruebas de un solo satélite que orbita al exoplaneta Kepler-1625b, un mundo gaseoso de tamaño comparable a Júpiter y situado a 8.000 años luz de nosotros. Pero ahora, el mismo equipo de astrónomos dirigido por David Kipping, de la Universidad de Columbia, ha encontrado evidencias de una segunda exoluna.

¿Esto quiere decir que estos satélites naturales son muy habituales en el universo? Ellos creen que, en efecto, así es.

Sin embargo, esta afirmación no está exenta de polémica. La primera exoluna encontrada, la de Kepler-1625b, aún está pendiente de confirmación. Y verificar si esta nueva candidata es realmente un satélite podría ser igual un camino igual de largo y controvertido que está siendo el anterior. De momento, el grupo publica su hallazgo en la revista ‘ Nature Astronomy’, donde exponen que se trataría de una ‘superluna’ gigante un tercio más pequeña que Neptuno (también más pequeña que la de Kepler-1625b) y que orbita el planeta Kepler 1708b, un mundo a 5.500 años luz de la Tierra.

¿En un principio fueron planetas?

Según afirma el equipo, ambas candidatos probablemente estén constituidas de gas que se ha acumulado bajo la atracción gravitacional causada por su enorme tamaño. Si su hipótesis es correcta, las lunas pueden incluso pudieron ser en origen planetas que fueron arrastrados hacia la órbita de un mundo más grande que ellas, como Kepler 1625b o 1708b.

Además, las dos comparten otro rasgo: su ubicación está lejos de su estrella anfitriona, donde hay menos gravedad para ‘tirar’ de los planetas y ‘arrancarles’ sus satélites. De hecho, los investigadores buscaron planetas gaseosos gigantes y fríos en órbitas amplias en su búsqueda de exolunas precisamente porque el análogo en nuestro propio sistema solar, Júpiter Saturno, tienen más de cien lunas entre ellos.

En lo que sí concuerda el equipo es que si existen otras lunas, serán más pequeñas y, por tanto, más difíciles de detectar. «Las primeras detecciones en cualquier lista generalmente serán los ‘bichos raros’ -afirma Kipping-. Las más grandes son, simplemente, las más fáciles de detectar con nuestra sensibilidad limitada». Es decir, que millones de exolunas pueden estar esperándonos, pero nuestra tecnología aún no es capaz de detectarlas.

Rebuscando en ‘viejos’ datos

Los investigadores observaron una muestra de los planetas gigantes gaseosos más fríos capturados por el telescopio espacial Kepler (que si bien dejó de funcionar en 2018, su base de datos aún puede revelar mucha información ‘oculta’). Después de escanear 70 planetas en profundidad, encontraron solo un candidato, Kepler 1708b, con una señal similar a la luna. Sin embargo, esta hipótesis deberá ser respaldada por observaciones de otros telescopios espaciales, como el Hubble o el recién lanzado James Webb.

De momento, la polémica ya ha empezado. Eric Agol, profesor de astronomía en la Universidad de Washington, señala que duda de que esta señal proceda, de verdad, de una exoluna. «Podría ser solo una fluctuación en los datos, ya sea debido a la estrella o al ruido instrumental», señala. Sin embargo, otros son más optimistas. «Estoy muy emocionado de ver un segundo candidato a exoluna, aunque es lamentable que solo se hayan observado dos tránsitos» afirma Michael Hippke, astrónomo alemán. Más datos serían geniales».

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