–Es una película sumamente valiente que presenta una perspectiva que después no se repetiría en las representaciones de Freud en el cine. Radica en retratar ese momento de la obra de Freud, en que se pasa de la teoría del trauma acaecido a la teoría del fantasma; es decir, que determinados fantasmas, fantasías en la vida de las personas pueden tener el valor de un hecho efectivamente acaecido, aunque como dato empírico, éste no haya ocurrido nunca. El valor de Huston de retratar ese momento y de manera tan verosímil es enorme porque el cine se ha interesado siempre en mostrar traumas espectaculares y efectivamente acaecidos. El campo de la fantasía no es cinematográficamente muy interesante, aunque en el caso de Freud es teórica y conceptualmente imprescindible para conocer su aparato teórico.

–¿Cómo se puede conceptualizar la noción de transferencia en la película sobre el célebre compositor austríaco Gustav Mahler a partir de una sesión en la que iba caminando con Freud?

–Tal vez esa es una de las recreaciones más imaginativas y más respetuosas de toda la filmografía porque introduce algo muy interesante: Freud se prepara para atender a Mahler en ese hotel, que él estaba en tránsito rumbo a sus vacaciones. Toma incluso algunos recaudos tradicionales, como proveerse de un diván y de un espacio medianamente cómodo y silencioso. Y se encuentra con que la contingencia le impone ciertos accidentes que hacen que Mahler salga corriendo. Y Freud no duda en ir atrás de él, seguirlo por las calles de la ciudad y llevar adelante ese análisis tan peculiar que culmina, cinematográficamente hablando, con la despedida en el tren. La película instala un modelo de la transferencia que es sumamente novedoso e interesante y desmitifica al análisis en términos tradicionales, sin resignar un ápice el núcleo conceptual, porque toda esa caminata, toda esa entonación conjunta de Don Giovanni, que improvisan en una plaza, está puesta al servicio de trabajar con Mahler la relación entre responsabilidad y culpa. Lo que Freud hace con Mahler es darle todos los elementos para que pueda responder por su deseo cuando él se está presentando bajo el modo inverso de la culpa. El es el culpable de lo que le está pasando, o su mujer es la culpable por el engaño amoroso que lo hizo víctima. Alterna entre la propia culpabilidad y la culpa proyectada en la mujer para no responder por su propio deseo en esas circunstancias. En eso, Freud es inclaudicable, pero en cuanto al encuadre y el modo de sostener la transferencia, no duda en modificar las coordenadas que tradicionalmente se supondrían como inamovibles.

* La película se puede ver en: https://www.deseodecine.org/freudenelcinehasta el fin de la semana próxima, al cabo de la cual Laso y Fariña dialogarán con el público en una reunión abierta Zoom.