viernes, junio 5, 2020
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Entrevista exclusiva Ludovica Squirru Dari: “Cada ladrillo de mi casa está ahí gracias al horóscopo chino”

Vive hace décadas en Córdoba, pero la cuarentena la sorprendió en Buenos Aires. Sin redes sociales y sin perder la calma por el aislamiento obligatorio, la astróloga cuenta cómo se encomienda a la tarea de ser médium de Oriente en Occidente.

-¡Squirru!

Ludovica Squirru Dari atiende el teléfono con una energía que al instante nos pone en sintonía y fija el ritmo de la conversación. Será porque, como confesará a los pocos minutos, está contenta con la tercera reedición de Mi China. Diario íntimo de un viaje (Penguin Random House), su autobiografía y el más querido de sus libros, o tal vez porque sabrá que para el horóscopo chino o el maya es un día benéfico. Quizás también sea que hasta las 19 gozará de la lucidez matinal que le aporta el haber realizado todos sus rituales. Puede ser un adicional que ella sea mono y yo, rata, y como grata sorpresa el horóscopo​ confirmará que “nos llevamos divino”.

Ludovica crea una atmósfera donde impera el humor, rasgo que la caracteriza y del que es consciente como algo necesario para llevar la vida; y en este viaje de recuerdos en el que nos embarcamos para recordar la experiencia que creó a Mi China, en los 90, se decide:

-Te voy a tirar una primicia.

Está en pleno proceso creativo de un documental sobre su vida. En esto trabaja durante la cuarentena​ y, fiel a su estilo, espera poder mezclarlo con sus poesías.

-Quiero que sea como un sueño.

Con nuevos proyectos, otros en simultáneo y la práctica de los rituales diarios, lleva el caos de la cuarentena con alineación, y arroja despreocupada una de esas frases que queman y marcan historias:

-Hay que tener varios universos paralelos. Eso es lo único que nos salva.

Tapa de Mi China, Diario íntimo de un viaje.

Tapa de Mi China, Diario íntimo de un viaje.

Mi China​, diario íntimo de un viaje

-Mi China es un diario de viaje pero también es una conexión con esa experiencia que te unió a tu papá, que es China.

-Era muy necesario para mí ir a China y confirmar si lo que yo sabía existía y era verdad, y si los chinos creían en la astrología​ como nos llegaba a acá.

La herencia espiritual fue la de mi padre. La primera parte del libro es el diario de cuando él viajó, a los 20 años, como cónsul del embajador José Arce, y se quedó por cinco años.

Mi China cuenta un poco la historia de mi vida para explicar el origen, de dónde vino mi amor por China, cómo me lo transmitió mi padre, su viaje y su experiencia, y lo que mamé en mi casa, que se hablaba siempre de la filosofía oriental de los grandes maestros. A mí me fascinaba. “¿Cómo puede ser que una argentina se dedique a eso?” y… El complejo de Electra. Esto marcó mucho mi vida y mi infancia y pude cumplir el deseo de hacerlo a los treinta.

Como desde mi primer libro fui best seller sentí que tenía la obligación de ir a Asia a ver qué era todo esto. Ya no por mi papá, era por mí. Ludovica andá, viajá, conocé, metete, estudiá. Fueron seis meses de viaje iniciático.

-Vos te fuiste con una idea. ¿En qué difirió con la China que conociste? ¿Cómo creés que te transformó?

-Me cacheteó. Tenía muchas ganas de llegar, estudiar, ver, y estar en los lugares donde mi papá había estado, pero no encontré la China que mi papá me contaba, ni la de El último emperador, de Bertolucci.

Me transformó totalmente, como si viajara una Ludovica y llegara otra. Volví convencida de que la astrología era mi camino y que esto es mi vida.

La experiencia fue fuerte y brutal y fui para el año del dragón. En ese momento, a China se iba en tour, y yo viajé sola en pleno invierno, viajando en tren, metiéndome en las aldeas, los pueblos, y los templos sin hablar chino. Estuve muriéndome de frío y de soledad. Mi mamá no sabía si yo estaba viva, porque no llegaban las cartas, pero mi interés por comprobar si esto era verdad fue más fuerte que cualquier cosa.

Mi viaje fue muy largo porque primero fui a Nueva York, donde se me habían abierto las puertas de todo, y después a París. Desde Europa logré la visa para ir a China porque no era tan fácil hacerlo, pero la juventud me ayudó muchísimo.

El contraste de todo lo que viví en esos seis meses fue tan brutal en mi organismo que volví anémica. Fue tal el impacto, que estuve un año metida adentro de mi casa, no me adaptaba a la Argentina. Era como si me hubiera traspolado a otro planeta. Quizás hice mucho de golpe, pero pude. Tuve la posibilidad, era joven, y tenía toda la fuerza y energía.

Para mí fue la experiencia donde me transformé en otra persona, otra mujer que había tocado fondo con una vida a la que le debo el reconocimiento de la gente y que me sirvió para que quizás mis libros lleguen de la manera en que lo hacen.

-En el libro se menciona el rol de la mujer china arraigada a las costumbres familiares y el goce parcial de sus derechos. ¿Cómo sentís conexión con esa herencia espiritual de tu papá?

-Al volver me di cuenta de que mi papá nos había criado a mi hermana y a mí con la educación de las mujeres chinas, porque él quedó muy deslumbrado con todo. Nos tenía haciendo todo el día tareas “de hombre y de mujer”. Hasta que él murió no supe lo que era sentarme cinco minutos en una silla.

Después de leer el libro El abanico de seda descubrí que nos crió así. Es realmente lo que las mujeres chinas están obligadas a hacer, más en el campo. De grande se lo agradezco cada día de mi vida. Si no hubiera tenido esa educación, no hubiera podido subsistir porque en Traslasierra, Córdoba, donde vivo hace 20 años, tenés que hacer todo para afrontar las situaciones en la naturaleza. Tengo una vida muy campesina. Yo le agradezco a mi padre la herencia espiritual que me dejó, por ahí, sin saberlo, porque con eso hice mi vida.

-¿Cómo pondrías en palabras tu experiencia con la astrología?

-Es parte de mi vida cotidiana. No me disocio. Sigo la astrología china, maya, las lunas, y los calendarios día a día. Tengo muy claro en qué día chino estoy, qué día es benéfico para determinadas cosas, y qué día mejor no. Me rijo absolutamente por esto. Sigo calendarios sagrados.

La gente me dice “decime qué número va a salir en la lotería”. No, eso no lo hago. Si supiera qué billete va a salir en la lotería sería millonaria (ríe).

Cuando más o menos te sincronizás con estas coordenadas astrológicas estás más protegida. Si tengo que hacer un viaje, un contrato, o una entrevista busco un día que sea mejor. La astrología ya es parte de mi vida y convivo con ella en armonía total.

"La gente ha estado apegada a cosas banales e intrascendentes".
Foto: Claudio Herdener

“La gente ha estado apegada a cosas banales e intrascendentes”. Foto: Claudio Herdener

Médium de Oriente en Occidente

-La quinta de Parque Leloir era tu lugar en el mundo, tu edén. ¿Traslasierra es tu nuevo edén?

-Por supuesto. Me gusta muchísimo vivir ahí. Voy desde que soy muy chica porque mi abuela materna tenía su casa. Fui muy feliz. Me gustaba tanto que sentía que de grande iba a vivir en Traslasierra. Ahora vivo a un kilómetro.

Al quemarse la quinta de mi infancia esperé toda mi vida construir mi casa desde los cimientos. Es como haber traído un poco esa raíz de Parque Leloir a Traslasierra y tener un poco de ese hogar que perdí.

¡Todo gracias al horóscopo! Porque todo lo que he ganado en mi vida es por los libros. Para mí cada ladrillo de mi casa, cada piedra, es un libro de horóscopo chino.

-¿Cómo estás viviendo la cuarentena, y dónde?

-Me agarró acá en Buenos Aires. Vine a principios de marzo a visitar a mi hermana Margarita, y por trabajo. Acá tengo un departamento que es como una sucursal de Traslasierra porque vivo llena de plantas. Todo es aprendizaje en la vida. Yo acepto las cosas que me van pasando y hago la vida que hace todo el mundo en Buenos Aires: salgo poco a la calle, hago las compras, vuelvo. Me siento en Nueva York las tres cuadras que hago y agradezco tener un lugar para quedarme. No me puedo quejar. Limpio la casa, hago mis ejercicios de yoga, estiramientos, y entre lo que estudio, escribo, e investigo se me va el día. No estoy fóbica con la cuarentena.

-¿Qué es lo que más te cuesta del aislamiento?

-Lo que me tiene triste es no poder ver a mi hermana, que está en un geriátrico a una cuadra y media. No la puedo ver desde hace dos meses. La llamo todos los días.

-¿Y lo que más te entretiene?

-Estoy armando el documental de mi vida con mi amiga, la editora de cine Marcela Sáenz, el director de cine Juan Cruz Sáenz y Claudio Gerber, que tiene toda la historia de los últimos trece años de mi vida. Me propusieron hacerlo hace dos o tres años, pero pensé ¿qué mejor que la cuarentena para que todos empecemos? Hay que tener mucha creatividad en esta etapa, porque sino uno se vuelve loco.

Creo que tengo mucho para mostrarle a la gente. Quiero hacerlo muy poético, con imágenes divinas y con mi poesía. También va a tener de otras cosas, pero que sea como un sueño. Es movilizador para mí ver fotos, mi vida, el pasado, y ahora que sale Mi china, también es como un revival. Yo vivo mucho el aquí y ahora. No soy nostálgica, pero una foto de hace 10, 20, 30 años me mueve la vida.

Entre el libro y esto me entretengo. Me gusta crear otras cosas. Hay que tener varios universos paralelos, eso es lo único que nos salva.

Yo creo que toda esta experiencia es cambiar muchas cosas que adentro tuyo tocan fondo, porque a todos nos toca fondo esta cuarentena y esta realidad mundial. ¿Qué hacés con eso, que sale de tu nuevo ser? Porque a todos nos va a brotar algo que a lo mejor estaba muy escondido o que estaba esperando despertar, o te hartaste de algo o de alguien. Vienen cambios muy fuertes a nivel personal y mundial.

-Te definís un poco como médium de oriente en occidente ¿Cómo influye en lo cotidiano y cómo lo manifestás?

-Poniendo en práctica lo que predico. Yo siento que tengo herramientas para poder atravesar muchas de las cosas que me han pasado en la vida, como meditación, yoga o Tai chi. Si sos una persona paciente o has leído a los maestros chinos, también tenés otra manera de vivir la vida. Nuestra cultura y los argentinos tienen una ansiedad, impaciencia e intolerancia que no ayudan, no sólo en la cuarentena, sino que tampoco a poder visualizar e ir un poco más allá de lo cotidiano. Por eso también estamos tan mal. No es una crisis sólo económica, también es espiritual.

La gente ha estado apegada a cosas banales e intrascendentes. Yo, por ejemplo, no tengo ni tendré redes, porque no me interesan ni me aportan. Uno se va cultivando como persona, uno elige.

-En el libro decís que en nuestro país hay que ser desordenados y te preguntás qué sería de nosotros sin el desorden… ¿Qué sería de Ludovica sin el desorden?

-Soy desordenada por fuera pero soy muy ordenada por dentro, tengo mucha disciplina, y soy muy madrugadora. Siempre me despierto tipo 7 de la mañana y empiezo con los rituales y ceremonias de todos los días. Primero de agradecimiento. Sigo el calendario maya​, prendo una vela del color maya del día, me conecto muchísimo con lo que siento que está pasando en mi corazón y en el día que empieza, (porque cada día tiene una energía diferente), y pido por la gente y por el mundo. Tengo mis rituales y mis mantras.

Tengo mucha lucidez matinal para escribir y para estudiar. Mi ritmo bueno es hasta las 19. Mi vida también está muy alineada.

Por Laura Ochoa, periodista.

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