jueves, octubre 17, 2019
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En primera fila Festival Clave: celebración adolescente, con cabida para todo el mundo

El encuentro reunió 50.000 personas, en el CC Recoleta. Sus curadores fueron 10 chicos de entre 13 y 17 años. Y tuvo público de todas las edades.

Entre el sábado 14 y el domingo 15, por el Centro Cultural Recoleta pasaron 50.000 personas. Si bien algunos medios -entre ellos  hicieron eco con anuncios y notas varias, visto lo sucedido sin dudas podría haber ameritado una cobertura mayor.

Parafraseando al Kurt Cobain de Nirvana, el fin de semana ese rincón de Recoleta olió a verdadero espíritu adolescente. Lo que se celebró allí fue la tercera edición del Festival Clave, un encuentro centennial organizado precisamente para chicos y chicas de entre 13 y 17 años. Música, teatro, danza, artes plásticas, fotografía, gamings, talleres, charlas: en lo artístico hubo de todo y todo gratis (algo muy importante, por cierto). Aunque había algo más, difícil de mensurar pero que se percibía en el aire: alegría por participar, por compartir, por sentirse parte.

Hay un dato esencial para entender el sentido de este festival: sus curadores, es decir los encargados de organizar y delinear la grilla del encuentro, son diez adolescentes de entre 13 y 17 años, que fueron seleccionados por referentes de la cultura local y el equipo del Recoleta, sobre un total de 1500 que se presentaron. Ellos se encargaron de elegir a las bandas participantes (desde Perras on the Beach, pasando por Florián, Ibiza Pareo y más), a los solistas que actuaron en los distintos escenarios, a las obras de danza y teatro, a los booktubers y youtubers que conversaron con el público. Y también fueron los encargados de darle una temática a las muestras de cine y charlas, que en este caso fue el miedo.

El miedo es parte de nosotros. Es un freno inevitable. Tiene muchas caras, formas y maneras de manifestarse. Pasa en nuestras cabezas y no en la realidad… Las redes sociales nos llenan de miedos. La sociedad nos llena de miedos. Todo termina siempre en el qué dirán. Tenemos miedo a tener miedo. A equivocarnos, a expresarnos así como somos. A mostrarnos, a no mostrarnos y arrepentirnos. El miedo no nos permite ser, no nos permite hacer, nos lleva a torcernos para encajar y mostrar algo que no somos”. Esto es lo que en escribió el Comité Clave (estos diez chicos de los que hablamos) en el programa de mano que se repartía en el Festival.

Más allá de su belleza arquitectónica, el centro cultural tiene múltiples espacios, entre la terraza, los patios, las salas… Todos ellos fueron utilizados para distintas actividades. Hubo arneses y camas elásticas para saltar, mesas de ping pong, tatuadores en henna, peluqueros tiñendo cabelleras, maquilladores pintando caras… Por el escenario principal, además de las bandas convocantes, pasaron excitados rockeros amateurs, pero también representantes del folclore. Además, hubo lugar para el Coro del Colegio Nacional Buenos Aires, la Orquesta Juvenil (y tanguera) Carlos Gardel, el Ensamble de Percusión del Conservatorio Astor Piazzolla y el Grupo de Teatro Comunitario del barrio Saldías. Y el rap y el hip hop, claro, ritmos convocantes y con torneos de freestyle, que colmaron el Patio del Aljibe los dos días. En todos los ambientes se imponía el respeto y el aplauso por los artistas. Ansias de celebración.

Una lúdica imagen del Festival Clave 2019. Hubo todo tipo de público.

Una lúdica imagen del Festival Clave 2019. Hubo todo tipo de público.

Lo distintivo de este festival fue la notable inclusión (y no de géneros, que había y varios), sino de franjas etarias. Los adolescentes eran mayoría, pero también había muchísimos niños y muchísimos adultos (y gran parte de ellos, sin hijos). Nadie hacía sentir a nadie fuera de lugar, todos podían darse por bienvenidos y rápidamente encontrar alguna actividad que les llamara la atención.

Los shows fueron todos convocantes en el Festival Clave 2019, en el CC Recoleta.

Los shows fueron todos convocantes en el Festival Clave 2019, en el CC Recoleta.

La sensación reinante era que no había que torcerse para encajar. Y que todos se podían mostrar tal cual eran. Con lo que los miedos quedaban afuera. Al menos, por dos días.

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