jueves, junio 4, 2020
Cine & Series

El marginal, Monzón, El Tigre Verón: las series argentinas se calzaron los guantes

Las tres series tienen personajes que suben, o bajan, del ring. ¿Por qué el boxeo es tan requerido por las ficciones?

La escena en blanco y negro se puede ver en YouTube. Una pequeña pared separa dos teléfonos públicos en los que hablan, sin mirarse, Pepe Biondi Ringo Bonavena. Se produce el siguiente diálogo.

-¿Quién habla? -arranca Biondi.

-Hablo yo -contesta el campeón.

-No te hagas el vivo porque te voy a pegar.

-Lo único que me podés pegar es la gripe.

-Escúcheme. ¿Esa voz es natural o le hicieron un injerto de flauta? -se burla el cómico de la voz de Ringo, tan finita para venir de ese cuerpo inmenso.

El sketch es un ejemplo de la comicidad natural -y genial- de Biondi, algo que hoy puede sonar infantil. Además da cuenta de la fascinación que la televisión tiene por los boxeadores. Algo que se mantiene inalterable en el tiempo y que tiene numerosos antecedentes en los últimos años. Para comprobarlo, basta con hacer un recorrido por las series, en televisión de aire, cable o plataformas de streaming.

Viejo lobo de mar… y de ring

En una tercera temporada aún más oscura que las anteriores, El Marginal (martes, a las 22, por la TV Pública) decidió incorporar a un ex boxeador devenido en entrenador. Oliverio Bruni (Alejandro Awada) está en la cárcel de San Onofre antes que los mismísimos Borges. El hombre cayó por matar a un hombre en la vía pública.

Adentro del penal, tiene un oficio concreto: entrenar a los presos jóvenes para las peleas de apuestas que manejan los hermanos Diosito (Nicolás Furtado) y Claudio (Claudio Rissi). Comienza con una relación distante con los dos bandos -de hecho, él tiene su propia gente-, pero lentamente inicia un intercambio. Además, tiene entre rejas a su sobrino Marquitos (Denis Corat), que está cerca de lograr la libertad.

Alejandro Awada, en el rol de Bruni, en El Marginal.

Alejandro Awada, en el rol de Bruni, en El Marginal.

El vestuario de Bruni recuerda a algunos viejos entrenadores y ex boxeadores que el cine y la tele supieron forjar: boina, musculosa blanca debajo de una camisa gastada y anteojos a la altura del pecho, atados a una vieja correa. Para componer a su personaje, Awada pasó algunas jornadas en el gimnasio de boxeo del club Huracán, pero dice que parte de la inspiración vino de Santos Zacarías, un entrenador que empezó en el mítico gimnasio del Luna Park y formó a glorias -y campeones del mundo- como Sergio Víctor Palma y Juan Martín “Látigo” Coggi.

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“Todos saben que Zacarías fue un gran formador de profesionales. Para componer a mi personaje, pregunté un poco por él y me dieron algo de información. Quería saber sobre su carácter y su manera de transmitir”, contó el actor, que ya trabajó con la factoría Underground en la miniserie Historia de un clan.

El mundo del boxeo no le resulta lejano ni ajeno a Awada. Cada tanto, se engancha con las peleas en la televisión y con los viejos combates que rastrea en YouTube. Por eso, habla con goce del papel que le tocó en la serie. “Me resultó muy atractivo que mi personaje sea un ex boxeador y que trabaje dentro de la cárcel formando a nuevos boxeadores. Todo lo que es y le pasa a Bruni está ligado al mundo del boxeo: su pensamiento, su modo de hablar y sus expresiones… Lo pugilístico tiene un gran atractivo en la pantalla, porque es un deporte maravilloso. Te doy un ejemplo: un boxeador de una gran técnica como Nicolino Locche fue campeón del mundo sin tener pegada”, agregó el actor, que también lamentó ciertas cosas que ensucian al deportes.

“De alguna forma, aparece en la serie el mundo de las mafias y el dinero, que le quita brillo a la disciplina. Ahora, ¿por qué a la televisión le resulta tan atractivo? No tengo una opinión al respecto, pero sí te puedo decir que a mí me fascina. Como espectador, disfruté mucho de Gatica, de Leonardo Favio”.

Deconstruir un mito “Ídolo. Campeón. Femicida”

Esas tres palabras, junto a la cara del actor Mauricio Paniagua, aparecieron en los afiches de promoción desperdigados en toda la ciudad. Abajo, grande, se leía el apellido del hombre que fue campeón del mundo de peso mediano y condenado por el homicidio de su segunda esposa Alicia Muñiz. En tiempos de lucha feminista, la serie Monzón (lunes, a las 22, por Space) tuvo el gran desafío de contar la historia de ese mito. El otro gran reto, según cuenta el director Jesús Braceras, fue narrar las peleas, algo que el cine hizo muy bien y hasta el hartazgo.

“Cuando trabajamos en esto, el sueño de todos es hacer un montaje como el de ‘Rocky’; representa algo así como el sueño del pibe. Las historias de boxeo son un atractivo en sí mismo. El desafío es tratar de encontrar una mirada propia y un arco dramático en la pelea. Si lo pensás, es un arco en tres dramas: presentación de los personajes, trabas y la victoria final. Las escenas proponen subir las emociones y lo que vive el personaje en el momento”, analiza.

Braceras cree que la fascinación de la televisión con las historias responde a una razón simple: son “ideales para un relato”. “Por lo general, hablamos de personajes que se hacen de abajo y se deconstruyen. La mayoría de las historias se parecen al camino del héroe, que de por sí es muy atractivo. Además tienen elementos visuales llamativos: las piñas, la transpiración, el cansancio… En fin, la pelea puede ser contada de muchas formas”.

La serie Monzón tuvo que sortear una dificultad inevitable: la comparación de los actores con el “verdadero Monzón”. Pero lo logró a base de contar una historia llena de luces y sombras. “Sucede cuando llevás a la pantalla a un ícono mundial. La gente aprueba -o no- el personaje. Cada uno tiene una versión de cómo es Monzón. Yo hice la mía, sin dejarme llevar por la visión externa. Habrá quiénes buscaban que lo castiguemos y otros querían que se levante al gran campeón. Quisimos entender qué hay detrás de sus actos”.

“El Tigre” Verón, sindicalista y ex boxeador

Grabaciones de "El Tigre Verón", compartidas en redes sociales por el elenco. Foto: Instagram.

Grabaciones de “El Tigre Verón”, compartidas en redes sociales por el elenco. Foto: Instagram.

En una de las primeras escenas de la miniserie El Tigre Verón (miércoles a las 22.45 por El Trece y sábados a las 23 por TNT), el protagonista le dice al dueño de un frigorífico. “Hay gente que no me quiere. Pero pasan los frigoríficos, pasa la gente buena, pasa la gente mala, pasan los sindicalistas y acá estoy yo. No me cuides el culo. Cuidá el tuyo porque si sale sangre, va a salir de ese ojete. No del mío”, lanza Miguel Verón (Julio Chávez), sindicalista de la carne y ex boxeador.

El programa, producido por Pol-ka, cuenta historias de poder, mafia y drogas en el micromundo de los sindicatos. Verón está a punto de retirarse, pero debe quedarse un tiempo más en su trono a raíz de algunos problemas personales.

El boxeo aparece como un telón de fondo, algo que sirve para construir a la criatura VerónEn una escena, cuando su madre está por morir y los médicos intentan reanimarla, él se pone en guardia en la habitación del hospital. Puños a la altura de los pechos, parada de boxeador, le dice a la mujer: “Peleá, peleá”. Lo hace como si estuviese trompeando a la muerte. En otros momentos, sigue en sus ratos libres la carrera de boxeador de alguien de su entorno más íntimo.

Germán Maggiori, escritor y uno de los guionistas de la serie, cree que hay una estrecha relación entre boxeo y sindicalismo. “El rol del boxeo está desplazado del centro en la serie. Decidimos incluirlo en base a cierta tradición y teniendo en cuenta, por ejemplo, la figura de Lorenzo Miguel. Él fue un gran impulsor del boxeo e incluso usaba metáforas de ese deporte para referirse al movimiento obrero. Hablaba de ‘nunca perder el centro del ring’”, contó.

Otro punto de encuentro entre Verón y el boxeo fue el rubro sindical. “Él está ligado a la actividad matarife. También pensamos en la figura de Justo Juárez “El Torito de Mataderos”. No relacionamos la violencia a la actividad sindical. El boxeo es un deporte muy rico, que le da la posibilidad a muchos pibes de controlar cierta ferocidad y buscar una salida. Muchas veces, esa ferocidad vuelve a aparecer, con historias trágicas de muchos boxeadores”.

El boxeo es un mundo de pedagogías implícitas. Un universo de violencia controlada, con sus propias leyes. Un deporte emocional y físico lleno de técnicas. El camino del héroe, con sus días de gloria y de fango más infecto. Pasarán los años y los formatos, pero a la tele seguirán gustando estos viejos cuentos de ganadores con puño en alto y perdedores besando la lona.

El Guevara de Osvaldo Laport encabeza el equipo del recuerdo

Osvaldo Laport, en su personaje de Guevara para la tira de Polka, Campeones, que se vio por El Trece.

Osvaldo Laport, en su personaje de Guevara para la tira de Polka, Campeones, que se vio por El Trece.

La televisión argentina está llena de historias de boxeadores, tanto en formato de telenovela diaria como unitario. Hay ejemplos en tono de comedia y otros dramáticos. Este año se cumplieron dos décadas desde el lanzamiento de Campeones de la vida, la histórica novela emitida por El Trece, protagonizada por Soledad Silveyra y Osvaldo Laport. El actor uruguayo interpretaba a Guido Guevara, un ex boxeador que intentaba recuperar el prestigio perdido. Toda la trama giraba en torno a dos familias involucradas en el mundo del boxeo. Algunas emisiones superaron los 25 puntos de rating.

En formato diario y de comedia coral, Sos mi hombre llegó a la pantalla de El Trece en 2002, con Celeste Cid y Luciano Castro como protagonistas. Él tenía un nombre con sello de ídolo: Ringo. Interpretaba a un boxeador retirado que se enfrentaba a una dura situación económica.

Luciano Castro, en el centro del ring.

Luciano Castro, en el centro del ring.

El boxeo femenino fue el tema recurrente en Sos mi vida, que llegó cuatro años después a la misma pantalla. Natalia Oreiro era “La Monita”, una boxeadora de origen humilde, que se enamoraba de Martín Quesada (Facundo Arana), un empresario rico y piloto de la Fórmula 1. Iba por El Trece.

Natalia Oreiro, como "La monita", en "Sos mi vida".

Natalia Oreiro, como “La monita”, en “Sos mi vida”.

En 2017, Telefe estrenó Golpe al corazón, un culebrón clásico protagonizado por Sebastián Estevanez y Eleonora Wexler. Él era un boxeador, que se convirtió en enfermero después de perder a su esposa en un accidente automovilístico; incluso el programa contó con una breve participación del campeón mundial Sergio “Maravilla” Martínez. En el mismo año, sin un rol protagónico, el unitario “El Maestro” (El Trece) tenía en su elenco al actor Abel Ayala (El marginal) en la piel de un boxeador.

Pedrito Quartucci, el boxeador de “La familia Falcón”

Pedro Quartucci fue un pionero en combinar el arte de las piñas y el de las tablas. Se destacó en peso liviano -ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 1924- y luego se dedicó a la actuación. Hizo una gran cantidad de películas -debutó en el filme mudo Hasta después de muerta– y participó en algunas obras de teatro. En los años 60, tuvo un papel en la exitosa telenovela La familia Falcón. Además, fue colaborador de Juan Duarte, el hermano mayor de Eva. Murió en 1983.

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