Para muchos, representa posesión, celos y un camino a la violencia de género. ¿Qué tipo de vínculo lo puede reemplazar?

Es probable que actualmente no exista un concepto tan conversado y debatido en nuestra sociedad como el del “amor romántico”. Durante décadas hemos leído sobre él en poemas y novelas, lo hemos visto en miles de películas y escuchado en inolvidables canciones.

Hoy, a la luz de las sociedades contemporáneas y el crecimiento en el avance de la ola feminista, el “amor romántico” se convirtió también en epicentro de debates desde la psicología, la sociología e incluso la antropología: ¿es un tipo de amor desigual? ¿Está bien tenerlo como horizonte de una relación posible? ¿Lo romántico siempre duele? ¿Existen otras formas de amar? ¿Por qué amar debe equivaler a sufrir? Las nuevas generaciones empezaron a hacerse estas preguntas.

El origen de una pasión

Algunos historiadores ubican el origen del “amor romántico” justamente en el Romanticismo, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Entonces, los principios de la revolución democrática empezaron a hablar de la posibilidad de tener mayor libertad para elegir una pareja, lo contrario de las prácticas más difundidas de matrimonios por conveniencia o por arreglos sociales.

Con el paso de los años, en el imaginario se fueron asociando a dicho tipo de amor algunos elementos, a saber: la idealización del ser amado, la devoción, la entrega absoluta a un otro y, en muchos casos, el sufrimiento por no ser correspondido.

“El modelo de amor romántico sería aquél que forma una trama de mitos y mandatos alrededor de tres elementos: la pasión, el erotismo y las prácticas sexuales. Finalmente, es un amor asentado en coordenadas tradicionales de desigualdad entre los géneros y de control moral de la organización y la expresión del deseo, en detrimento de las mujeres e identidades feminizadas”, define en diálogo con Viva Silvia Elizalde, doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora Independiente del Conicet.

Adiós a la idea del flechazo.

Adiós a la idea del flechazo.

Así, muchas escritoras y pensadoras comenzaron a poner en tela de juicio el amor romántico tal y como lo conocíamos. Una de ellas es la periodista y poeta argentina Carla Castelo, quien en 2019 publicó Manifiesto contra el amor romántico, donde propone una desmitificación y un cambio urgente en las formas de relacionarnos afectivamente con una pareja.

“Creo que las mujeres empezamos a trabajar, a independizarnos, a coger sin culpa”, dice Castelo a Viva.

Y agrega: “Eso terminó poniendo en cuestión el amor romántico, cuya peor trampa es que es el método que utilizan los femicidas y los golpeadores. Cuando tenés miedo por un hombre violento que te pide perdón y te regala flores después de una golpiza, ése es el amor romántico que combato, y creo que todas las mujeres empezamos a repensar el amor, porque fue culturalmente instaurado por los hombres”.

La psicóloga Gabriela Rougier, especialista en terapias de pareja y crisis de infidelidad, adopta otro punto de vista: entiende al amor romántico como algo íntimamente relacionado con la llamada teoría del apego.

“Tiene que ver con una necesidad instintiva que tenemos los seres humanos, un código de supervivencia que está diseñado por miles de años de evolución para mantenernos cerca de las personas de las que dependemos física y emocionalmente. y que puedas convocarlas si las necesitás. Surge de un instinto primario, de la necesidad de una conexión con el otro. En la búsqueda de esa conexión tenemos esta idea del romanticismo, que es algo que viene con nuestra propia esencia humana”, explica.

Consultada sobre la asociación que suele hacerse entre el amor romántico y algunas características como los celos, la posesión o la idealización de un otro, Rougier opina que “en el imaginario queda el amor romántico asociado a eso, pero no tiene que ver con eso. Hoy pasa por otro lado. Por suerte, somos cada vez más las mujeres que tenemos independencia: podemos estudiar, decidir, elegir qué tipo de economía queremos manejar. Toda esta libertad y este nuevo lugar más simétrico en las relaciones de pareja, al menos en la economía y en las decisiones, toda esta evolución, no quita que todavía necesitemos saber que contamos con esa persona que hemos elegido”.

No hay ninguna recompensa por sufrir por amor. Nos han hecho creer que todo se consigue soportando, cediendo y pasándolo mal. Hay que romper con esta idea de que el sufrimiento nos lleva a algún lado.

Coral Herrera, escritora

¿Por qué amar es igual a sufrir?

Si tuviéramos que pensar en una escena que defina ese dolor profundo del amor irrealizable, sin dudas la elegida sería ésa del filme Los puentes de Madison, en la que Francesca (Meryl Streep) ve partir bajo la lluvia a ese hombre que encendió en ella un arrebato de pasión, Robert (Clint Eastwood), sabiendo que ya no estarán juntos.

El dolor del enamorado ha sido asociado siempre con un sentimiento que se padece y que al mismo tiempo es el motor de los y las artistas para crear sus mejores poemas, sus películas o sus canciones.

El crítico y escritor francés Roland Barthes escribió Fragmentos de un discurso amoroso (1977) para documentar ese padecimiento. ¿Pero es posible un amor sin sufrimiento?

Los puentes de Madison, el filme con Clint Eastwood y Meryl Streep. Símbolo del amor imposible. Foto: EFE.

Los puentes de Madison, el filme con Clint Eastwood y Meryl Streep. Símbolo del amor imposible. Foto: EFE.

Según la escritora y comunicadora española Corral Herrera –famosa por haber escrito numerosos libros de reflexión y debate en torno al amor– en todas las relaciones humanas hay cuotas de dolor que son inevitables, desde la pérdida de un ser querido hasta un amor no correspondido.

Pero aclara que “hay toneladas de sufrimiento que nos podríamos ahorrar perfectamente”.

“El sufrimiento forma parte de nuestra cultura porque viene de las raíces del cristianismo, de la idea de que hay un paraíso y cuanto más sufras, más grande será la recompensa. Y es una gran estafa porque no hay ninguna recompensa por sufrir por amor. Nos han hecho creer que todo se consigue soportando, cediendo y pasándolo mal. Hay que romper con esta idea de que el sufrimiento nos lleva a algún lado”, le dice Corral Herrera a Viva.

Algo distinta es la idea que propone la reconocida socióloga franco-israelí Eva Illouz. En su libro Por qué duele el amor, Illouz escribe, citando al escritor estadounidense Jonathan Franzen:

“El dolor duele, pero no mata. Cuando se considera la alternativa –un sueño anestesiado de autosuficiencia, instigado por la tecnología–, el dolor surge como el producto natural y el indicador natural de estar vivo en un mundo resistente. Pasar una vida sin dolor es no haber vivido”.

Para la psicóloga Gabriela Rougier, es muy importante la intensidad de la pasión.

“Yo creo que sí hay desacuerdos de pareja, o momentos en los que el otro me puede herir o no entenderme o tener alguna conducta que me lastime, porque los seres humanos no somos perfectos y en todas las relaciones existen conflictos”, explica.

“Lo que no es bueno –agrega– es cuando estos patrones se instalan como el único repertorio que puede haber en una pareja. Lo importante es poder reparar y que el sufrimiento no sea la norma.”

Estoy convencida de que vinimos a este mundo a amar y que, solo amando, esta vida es digna de ser vivida.

Florencia Bonelli, escritora

El boom de la novela romántica

El reciente fenómeno mundial de la serie de Netflix Bridgerton, basada en el libro de la escritora estadounidense Julia Quinn, que cuenta la apasionada historia de amor entre Simon y Daphne, dos miembros de la alta sociedad londinense en el siglo XIX, puso en tensión el debate de por qué en plena época de cuestionamientos al amor romántico hay cada vez más consumidoras de novelas y películas del género.

En conversación con Viva, la escritora de novela histórica romántica Florencia Bonelli –quien lleva vendidos tres millones y medio de ejemplares y ha sido publicada en doce países– responde así: “Porque el amor en todas sus formas es algo que el ser humano anhela y necesita experimentar. Estoy convencida de que vinimos a este mundo a amar y que, solo amando, esta vida es digna de ser vivida”.

Florencia Bonelli, escritora de grandes éxitos de novela histórica-romántica.

Florencia Bonelli, escritora de grandes éxitos de novela histórica-romántica.

La doctora en Antropología Silvia Elizalde no generaliza del mismo modo. “Este fenómeno se mantiene porque parte importante de la industria cultural sigue sosteniendo un imaginario asociado al ideal romántico”, razona.

Y agrega: “Es la idea de que el amor es uno, único e insustituible, que ‘completa’ al sujeto y le provee plena felicidad y autorrealización.”

Sin embargo, ¿las novelas románticas no han modificado su visión a la luz de los cambios culturales actuales y de las nuevas visiones sobre el amor?

Elizalde cree que sí, y que por eso es frecuente que en este tipo de literatura “se construyan ahora formas más plurales de representación –o al menos combinadas con las tradicionales– sobre el amor, la pareja y la sexualidad”.

Por eso, la mujer “sometida al amo del amor” quedó en el pasado como heroína pasiva.

Sobre la construcción de sus personajes, Bonelli cuenta: “Mis protagonistas son mujeres fuertes, que atraviesan situaciones muy difíciles, que las obligan a luchar contra patrones sociales rígidos e injustos. Pero no detestan a los hombres. Más bien entienden que hay hombres extremadamente machistas, poco evolucionados y brutales, y que hay hombres de gran sabiduría, que reconocen en la mujer a un ser de increíble fortaleza, un ser inspirador”.

Toda forma de lazo genera sus incluidos, sus excluidos y sus formas de malestar.

Santiago Thompson, psicoanalista

¿Los hombres no lloran (por amor)?

En un escenario repleto de voces y debates femeninos entra también en discusión el rol que juegan los hombres en estas reconfiguraciones de los vínculos. ¿A ellos también les duele el amor romántico?

El psicoanalista y doctor en Psicología de la UBA Santiago Thompson piensa que existe un peso muy grande en sostener la posición masculina: “Como dice una canción del Indio Solari: es tan duro vivir como un duro. Quizás muchos hombres están aliviados con estos cambios. Esta destitución del macho tiene sus beneficios. Podemos llorar”.

Con respecto a las nuevas formas de vincularse en la actualidad, el especialista opina: “Me parece también que hay algo que no se puede normativizar en la pareja. Quién sufre, quién no y de qué manera. Toda forma de lazo genera sus incluidos, sus excluidos y sus formas de malestar”.

“Creo que, para ambos sexos, la caída de los velos del amor nos acerca más a la angustia que al aburrimiento. En otras épocas se padecía la monotonía, la vida rutinaria. Ahora de lo que se padece es de la incertidumbre en una relación. Y eso le puede pasar a un hombre o a una mujer”, concluye Thompson.

John Lennon admitió en Jealous Guy que era un hombre celoso, ¿Son los celos y la posesión características inherentes al amor romántico?

La escritora Carla Castelo cree que sí: “Romeo y Julieta representan un concepto del amor romántico y son dos jóvenes que se suicidaron. Hemos romantizado la muerte, el ‘morir por vos’, no nos hemos dado cuenta a dónde nos estaba llevando. Fueron instrumentos de una cultura creada por los hombres. Venimos a combatir eso que es difícil, pero la estamos batallando y creo que va a ser bueno para hombres y mujeres por igual”.

Algo similar propone la española Coral Herrera, para quien el amor tiene una dimensión económica totalmente invisibilizada.

“Cuando no podíamos trabajar, las mujeres dependíamos del amor de un hombre. En la medida en que no necesitemos que nadie nos compre nada, podremos relacionarnos desde la libertad. Por eso es importante desmontar las tradiciones del romanticismo, sin dependencia económica ni emocional”, opina.

Por otro lado, la psicóloga Gabriela Rougier cree que a veces se confunde al amor romántico con la dependencia:

“Si bien creo que es cierto que hay vínculos patológicos o violentos, no creo que cuando hablamos de amor romántico estemos hablando de eso. Creo que el amor romántico quedó muy pegado a vínculos de pareja de otras épocas, donde el hombre era el que decidía y trabajaba, o la mujer estaba sometida a ciertos roles como cuidar el hogar y los hijos. Eran relaciones absolutamente asimétricas. El amor romántico tiene que ver con una relación libre y saludable, y se lo asocia con el sometimiento que habla en realidad de un vínculo violento, físico o verbal”.

No te vas a enojar si te regalan una flor. Pero tiene que acompañarse con hechos. Si no, es una pantomima de coqueteo que después termina en una posesión del hombre.

Carla Castelo, periodista

Galantería: ¡danger!

Una de las grandes discusiones cuando se habla de amor romántico es la comúnmente llamada “galantería”. ¿Quién paga la primera cena? ¿Está bueno regalar flores? Si corro a abrirle la puerta del auto, ¿soy un galán o un machirulo?

“Hay mujeres a las que les parece terrible que les pidan compartir la cuenta y a otras les parece ofensivo que quieran pagarle. Aunque hayamos evolucionado, muchas venimos con ciertas bajadas de líneas del deber ser de generaciones anteriores”, elabora la psicóloga Rougier.

“El gesto en sí no es un problema, no te vas a enojar si te regalan una flor”, agrega Carla Castelo, pero aclara que eso “tiene que acompañarse con hechos. Si no, es una pantomima de coqueteo que después termina en una posesión del hombre. La cultura del amor romántico es una trampa para que las mujeres estemos sometidas en las relaciones afectivas”.

La española Coral Herrera opina que es peligroso caer bajo los encantos de la seducción masculina.

“Hay que trabajar muy bien nuestro ego, porque no es suficiente que un hombre venga a decirte lo maravillosa que eres. Muchas veces te dicen que no eres como las demás y eso es lo más machista que se puede decir, porque deja entrever que las demás son todas arpías, que son lo peor. Creo que si nos despojamos de eso, aprenderemos a elegir mejor a nuestros compañeros”, aconseja.

Leonardo DiCaprio y Claire Danes en una de las tantas versiones fílmicas de Romeo y Julieta. Foto: Reuters.

Leonardo DiCaprio y Claire Danes en una de las tantas versiones fílmicas de Romeo y Julieta. Foto: Reuters.

Lo que vendrá

Existe la creencia de que las nuevas generaciones poseen una mayor libertad y de que están construyendo relaciones no tan signadas por valores o ideas rígidos.

En ese sentido, la psicóloga Gabriela Rougier cree que los jóvenes sí se habilitan a hablar de ciertos temas, pero que los mismos ya venían sucediendo a nivel social desde hace tiempo.

“No creo que nada sea nuevo, como las parejas abiertas o el poliamor. Creo que son cosas que vienen ocurriendo desde que el hombre existe. Pero sí creo que las nuevas generaciones no son tan hipócritas o tienen menos prurito en decir lo que sienten”, opina.

De todas formas, la psicóloga destaca que el amor romántico se sigue necesitando, se elija el vínculo que se elija.

“Todos necesitamos, dentro de los acuerdos de cada pareja, sentir cierta exclusividad o tener ciertas pautas. Recibo muchas consultas de infidelidades en parejas abiertas porque los pactos muchas veces no se cumplen. En el fondo todos necesitamos sentirnos especiales para alguien, sea de a dos, de a cuatro o de a cinco”, asegura Rougier.

En tanto, en la mirada de Carla Castelo, las libertades que experimentan los jóvenes de hoy son positivas, pero también llevan a mucha confusión:

Esa misma libertad de poder elegir genera una incertidumbre total sobre lo que deseás. Me parece bien que se plantee el poliamor, la homosexualidad, la bisexualidad, etcétera. Pero muchas mujeres jóvenes se sienten obligadas a aceptar el poliamor o un trío porque está de moda, y es cuestión de respetar lo que cada uno quiere. Lo más importante es no obligarse a nada y ser honestos”.

Mito romántico: la idea de que el amor completa al otro. Foto ilustración Shutterstock.

Mito romántico: la idea de que el amor completa al otro. Foto ilustración Shutterstock.

¿Qué amor queremos?

La pregunta del millón es: si el amor romántico tal como lo conocemos ya no funciona, entonces, ¿qué tipo de amor queremos?

Para Gabriela Rougier, el gran desafío es poder construir una cultura propia con la persona elegida: “Quizás nos pasamos al otro lado y ahora pensamos que ya no necesitamos a nadie. Creo que no es una cosa ni la otra. Está buenísimo poder tomar nuestras decisiones y ser libres, pero siempre está la necesidad de conectar con el otro y de tener amor en nuestra vida”.

Por su parte, Silvia Elizalde ve un cuadro muy complejo porque, si bien quienes disienten con la agenda del amor romántico comparten una idea del amor como una unión revocable, elegida y respetuosa de la libertad propia, no lograron definir nuevas relaciones que realmente revolucionen los patrones vigentes.

“No surgieron necesariamente modelos alternativos lo bastante potentes”, afirma. “Es decir, capaces de conmocionar desde sus cimientos la estructura misma de las desigualdades de género, además de proponer nuevos argumentos y fantasías que permitan re encantar los vínculos y activar el deseo desde otros incentivos.”

Coral Herrera, por su parte, responde a la crítica de Elizalde: ella habla de “amor compañero”. ¿Qué significa esto?

“Un amor más colectivo, que lo que promueve son las relaciones basadas en el respeto, la empatía y la solidaridad. Construido desde la filosofía de los cuidados, del buen trato y del disfrute.”

Según Carla Castelo, un amor superador es simple. “¿Estás contenta con tu pareja? ¿Te sentís a gusto, cómoda? Tiene que tener eso. Después sí, obvio, que haya honestidad, compromiso, responsabilidad. Pero hay gente que no piensa así, por eso es complicado proyectar cuál va a ser la nueva forma del amor. Sé que va a ser más honesto y la mujer va a tener más derecho a decir lo que quiere y necesita. De todos modos, también es cierto que no deja de ser un fenómeno muy urbano, muy cosmopolita. Hay otros lugares donde sigue funcionando el amor romántico hecho y derecho. Lamentablemente, el cambio importante va a tardar mucho en darse.”