jueves, octubre 17, 2019
Salud

Discriminación Advierten sobre los peligros de estigmatizar a las personas con obesidad

Mónica Katz y Alberto Cormillot explicaron cómo esta enfermedad puede afectar diversos aspectos del desarrollo personal.

Hace años que la obesidad y el sobrepeso son una epidemia mundial. El descuido en la alimentación y el sedentarismo de la vida moderna llevaron a millones de personas a aumentar el peso, lo que es muy peligroso para la salud. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres de cada diez habitantes del planeta (más de 2.200 millones de personas!) tienen sobrepeso, y más de 796 millones sufren obesidad. Y las cifras siguen creciendo. En la Argentina, según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), de 2018, el 61,6% de la población tiene exceso de peso, y un y 25,4% sufre obesidad.

Sin embargo, aunque son mayoría, los “gordos” son estigmatizados por nuestra sociedad. Es decir, una mayoría con sobrepeso es discriminada por una minoría que no lo tiene. Y lo peor es que este desprecio dificulta la vida de estas personas.

La estigmatización es un problema que preocupa a los especialistas. Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y Alberto Cormillot, Diplomado en Enfermedades Crónicas y Director de la Carrera de Nutrición de la Universidad Isalud, sostuvieron que “la estigmatización de la persona con obesidad afecta todas las facetas de su desarrollo personal”.

Estigmatización de la obesidad fue el tema de una charla dada por Mónica Katz y Alberto Cormillot.

Estigmatización de la obesidad fue el tema de una charla dada por Mónica Katz y Alberto Cormillot.

Además, insistieron en que el exceso de peso incrementa el riesgo de desarrollar en el tiempo un amplio número de enfermedades que involucran prácticamente a todos los órganos y procesos fisiológicos de nuestro cuerpo, deteriorando la calidad de vida y aumentando el riesgo de mortalidad.

“Llamativamente, las personas con exceso de peso son las que menos denuncian discriminación, a pesar de que se encuentran a la cabeza de la percepción general como uno de los grupos más discriminados”, consignó Katz. “Habitualmente son estereotipados como vagos y con poca voluntad para encarar un tratamiento de descenso de peso. El problema es que no se trata solo de saber lo que hay que hacer, sino de poder hacer lo que se sabe que hay que hacer”, completó Cormillot.

Y agregó: “La discriminación hacia las personas con sobrepeso existe hace mucho tiempo en todos los ámbitos. A ellos la sociedad los mira más, en la escuela les hacen bullying, en los boliches no los dejan entrar, en los trabajos no los toman, son objeto de cargadas, tienen una menor remuneración laborar y menos rendimiento académico”.

También cuestionó la industria de la moda que “hace ropa para personas con bajo peso” y deja afuera a todos los que sufren este trastorno. Por otro lado, dijo que las personas con obesidad se sienten observadas y juzgadas. “Y a esto se le suma la autodiscriminación que sienten cuando creen que les va peor de lo que realmente les va”, comentó.

Durante el encuentro, organizado por el laboratorio Novo Nordisk, insistieron en que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja, con desencadenantes genéticos, fisiológicos, metabólicos, ambientales, sociales y psicológicos, que incrementa el riesgo de desarrollar en el tiempo un amplio número de enfermedades que involucran prácticamente a todos los órganos y procesos fisiológicos de nuestro cuerpo, deteriorando la calidad de vida y aumentando la mortalidad.

“Contar con alimentos disponibles en el hogar de mejor calidad nutritiva, comer lento con bocados chicos y masticando mucho, no discutir durante la ingesta, hacer tangible el volumen de la comida (por ejemplo, fotografiando el plato), tener en cuenta que ‘no es la última cena’ y recordar que ‘elegimos ser saludables’, son algunos de los consejos que solemos dar en nuestra práctica diaria, pero nunca prohibiendo un alimento en particular, ya que las prohibiciones lo único que generan son incertidumbre y mayor deseo”, graficó Katz.

“El plato de los argentinos debe contener porciones más pequeñas, mayor cantidad de legumbres, hortalizas y frutas y verduras en general, alimentos aireados (como suflés o batidos) y fundamentalmente evitar la sal, los azúcares agregados, el alcohol y las grasas saturadas. Ayuda también distribuir la ingesta en el tiempo a modo de colaciones cada 2 o 3 horas”, sostuvo Cormillot.

Ambos coincidieron en la importancia de reconocer al exceso de peso (que engloba al sobrepeso y la obesidad) como una enfermedad crónica que debe ser tratada de por vida con un seguimiento a cargo de profesionales de la salud.

“Llamativamente, hoy tenemos que enfrentar al ‘intrusismo’, que es el ejercicio de una actividad pseudoprofesional a cargo de personas que no están matriculadas ni entrenadas para hacerlo. Seguir sus consejos contribuye a perpetuar las causas de la obesidad y desalienta la visita al médico o al nutricionista, que son los profesionales preparados para atender la enfermedad”, precisó Katz.

Para Cormillot algunas personas prefieren escuchar “un relato” que les resulta atractivo, en lugar de atenerse al pensamiento científico comprobado. Allí aparecen dietas en base a un solo grupo de alimentos o se demonizan otros y se los deja de consumir renunciando a los nutrientes que estos aportan.

“Al momento de enfrentarse con un alimento, compiten el pensamiento rápido con el pensamiento lento. El primero es impulsivo y buscará llevarse el alimento a la boca, el segundo es más reflexivo y sabrá asumir cuándo ha sido suficiente. El punto está en lograr que prevalezca el pensamiento lento y entender que no debe predominar lo que más me gusta, sino lo que más me importa”, insistió el conocido médico.

Con respecto al tratamiento farmacológico, remarcaron que afortunadamente hoy se dispone de varias alternativas de medicamentos efectivos que, recetados por un médico y con su estricto seguimiento, pueden contribuir al éxito, pero siempre sumados a un cambio en el estilo de vida que incluya una alimentación balanceada y un programa sistemático de actividad física.

En cuanto a la composición de los alimentos, Cormillot subrayó que “sin ninguna duda la reformulación de los alimentos y la reducción de las porciones son medidas inevitables y urgentes”. Mientras que Katz agregó que “la industria debería producir alimentos que generen mayor saciedad en base a un mayor contenido de fibras, proteínas, agua y aire”.

Finalmente, al referirse a la obesidad como disciplina, ambos destacaron que es una especialidad de frontera: “no alcanza con ser nutricionista, endocrinólogo, diabetólogo, psicólogo o deportólogo; es necesario capacitarse para tratar el exceso de peso”, afirmaron, al tiempo que aprovecharon para criticar enfáticamente las dietas restrictivas, de menos de mil calorías diarias, que solo generan “efecto rebote”.

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