viernes, diciembre 13, 2019
Noticias

Diosas, héroes y poemas divinos: el fascinante universo de los orígenes griegos

“Mundo patriarcal el de los antiguos griegos”, dice la escritora mexicana María García Esperón, autora de Diccionario de mitos clásicos (GG), en un repaso rápido por uno de los inicios de la cultura occidental.

Mundo patriarcal el de los antiguos griegos, de varones cubiertos de bronce, de largas travesías por el mar color de vino, de guerra y saqueo, de sangre y polvo, de horizonte sediento de olivos, de pastores y noches solitarias descifrando las historias escritas en las estrellas. Mundo patriarcal en el que hay que asegurar la continuidad de la propia estirpe guardando a sus mujeres en el gineceo -parte de la casa de los antiguos griegos donde vivían las mujeres-. Así recluidas, ellas tejen telas preciosas donde narran las aventuras de los héroes masculinos, de los Argonautas, Heracles, Teseo, Aquiles, Odiseo, Áyax y el fatídico Edipo.

Las tejedoras, las bordadoras del gineceo, componen las historias. Al recrearlas con sus hilos versicolores, las originan. Llora un niño, entra una brisa, grazna un ave, en el umbral se agita una rama de olivo. Tejen y bordan los sutiles alfabetos de la vida.

Atenea, patrona de la ciudad que lleva su nombre, la eterna Atenas. Foto: Shutterstock.

Atenea, patrona de la ciudad que lleva su nombre, la eterna Atenas. Foto: Shutterstock.

La voluntad femenina alumbra los mitos bajo su signo. Bien leídos, los poemas épicos en los que se origina la vasta literatura occidental transcriben los designios de la Diosa. Las Musas se aparecen en el monte Helicón al pastor Hesíodo y le susurran el argumento de su teogonía -relato que explica el nacimiento de los dioses y sus relaciones en las religiones politeístas-: del Caos en la noche primordial, Gea, la Tierra, anhela un compañero y genera, para que la ame, al Cielo. Una de sus hijas, Rea, detiene la actividad devoradora de su hermano y esposo Crono y salva de morir al infante Zeus. Éste se enamora de la bella y prudente Metis y la convierte en su carne y en su sangre para con ella fundida en su interior, ser al mismo tiempo mujer y varón divino y parir a través de su cabeza hendida por la doble hacha de Hefesto, a la incomparable Atenea, patrona de la ciudad que lleva su nombre, la eterna Atenas.

Por su parte, el rapsoda Homero pide a la Diosa que cante para coser los retazos de sus poemas. La guerra de Troya tiene por causa y por fin la belleza de Helena y el héroe Odiseo recorre puntual el cuadrante del eterno femenino: la fidelidad de Penélope, la sensualidad de Calipso, la sabiduría de Circe y el apasionado e inocente amor de Nausícaa, quien finalmente lo salva y princesa de los feacios, le concede el ansiado retorno a su Ítaca.

Diccionario de mitos clásicos (GG), de María García Esperón.

Diccionario de mitos clásicos (GG), de María García Esperón.

Son las Medeas y las Ariadnas, las Circes, las Calipsos y las Didos, las que animan el corazón del héroe y le susurran al oído entre palabras amorosas, las claves de su salvación y la manera de sortear los peligros. Porque la diosa ama al héroe y anhela su inmortalidad y con hilos que descienden de las estrellas, teje y borda su ventura. Ella, la más hermosa, Afrodita o Koré, Eurídice o Helena, la diosa de los mil rostros, sueña encontrar en algún lugar del tiempo los ojos que la esperan y encender de amor la noche resplandeciente de los mitos.

Por María García Esperón, autora de Diccionario de mitos clásicos (Editorial GG).

Deja un comentario