jueves, febrero 27, 2020
Cultura

Diálogo con Florencia Abbate La “biblioteca feminista” que todo colegio debería tener

¿Por qué no se enseña el feminismo en los colegios? ¿Por qué la mayoría de los manuales escolares no cuentan las luchas históricas de las mujeres?

¿Por qué no se enseña el feminismo en los colegios? ¿Por qué la mayoría de los manuales escolares no cuentan las luchas históricas de las mujeres? Con estas preguntas Florencia Abbate abre su libro Biblioteca Feminista. Vidas, luchas y obras desde 1789 hasta hoy (Planeta), donde las voces de Flora Tristán, Simone de Beauvoir o Judith Butler, entre otras, se entrecruzan para que lectoras y lectores se adentren en la huella que marcaron las protagonistas.

Bajo la premisa de que “lo personal es político”, Abbate invita “a realizar un recorrido en particular y a desplegar una mirada integradora sobre ciertas zonas de un mapa mucho más amplio”. Sobre ese mapa que abarca procesos aún invisibilizados por la cultura patriarcal, Entremujeres Clarín dialogó con la autora.

¿Por qué no se enseña el feminismo en los colegios? Foto: Shutterstock.

¿Por qué no se enseña el feminismo en los colegios? Foto: Shutterstock.

– ¿Considerás que el contexto actual es propicio para que manuales y libros de texto incluyan las distintas luchas femeninas? ¿Por qué siguen ausentes en ese material?

– Creo que a lo largo de la historia siempre hubo una tendencia a borrar la memoria de los grupos sociales que han sido oprimidos. Quienes tienen el poder y los privilegios obviamente prefieren que eso no se note. Siempre se silenció la perspectiva y los sufrimientos de los grupos a costa de los cuales los privilegiados pudieron desarrollarse: no se habla mucho de la explotación de las mujeres, de las personas negras, indígenas, pobres, por ejemplo.

En las últimas décadas esto empezó a cuestionarse y se lograron algunos cambios en los manuales, pero todavía falta mucho. En general no reflejan hasta qué punto nacer mujer ha sido nacer en una situación de tremenda desventaja.

Si miramos, por ejemplo, el siglo XIX: a los hijos varones los mandaban a la escuela y a la universidad, mientras que las hijas mujeres no accedían a la educación formal y se las condenaba a la ignorancia; los varones podían trabajar, mientras que si una mujer quería hacerlo necesitaba un permiso legal del padre o del marido; a los varones se los educaba para triunfar y para mandar, y a las mujeres para ser sumisas y para servir; a las mujeres las obligaban a casarse con hombres que no elegían, porque estaban forzadas a depender económicamente de alguno; los varones tenían una vida pública, ocupaban cargos y decidían la políticas, y las mujeres se tenían que quedar encerradas en la casa, atendiendo a la familia; aunque el marido ejerciera violencia física contra su esposa, ella no tenía derecho a divorciarse y si abandonaba el domicilio era considerada una delincuente por la justicia; la patria potestad era exclusivamente de los padres, aunque fueran las madres quienes parían y criaban; casi todos los varones tenían amantes y eso estaba naturalizado, pero el adulterio era considerado un crimen si lo realizaba una mujer; los varones votaban, las mujeres no. Que todas estas cosas hayan cambiado es un resultado de muchas luchas que hubo que dar y de las que casi no se habla.

Biblioteca feminista. Vida, luchas y obras de 1789 hasta hoy

Biblioteca feminista. Vida, luchas y obras de 1789 hasta hoy

– ¿Deberían todos y todas conocer, por ejemplo, la obra de Simone de Beauvoir? ¿Cómo creés que influiría esto en la formación de las nuevas generaciones?

– En el capítulo de “Biblioteca feminista” que le dediqué a “El segundo sexo” intento mostrar que para muchas mujeres de generaciones anteriores la lectura de este libro fue reveladora porque te hace abrir los ojos sobre dos cuestiones muy importantes.

Por un lado, De Beauvoir analiza los textos canónicos de la cultura occidental y muestra cómo contribuyeron a forjar una imagen totalmente devaluada de la mujer. Por ejemplo, Aristóteles dice que la mujer es mujer por una deficiencia y que debe vivir encerrada en el hogar y subordinada al hombre. Y el relato del Génesis sostiene que Eva no fue creada del mismo modo que Adán, sino que fue extraída de una costilla de Adán, es decir, que Dios no la creó como un fin en sí misma, sino para que fuera la compañera del varón. De Beauvoir muestra que las obras más influyentes de nuestra cultura afirmaron la presencia del varón en el mundo como un hecho necesario y un derecho, y representaron la existencia de la mujer como una cosa menor e incluso un mero accidente, y esto tuvo muchas consecuencias en la manera en que las mujeres se pensaron a sí mismas, de una forma dependiente y con baja autoestima.

Por otro lado, la autora demostró hasta qué punto la cultura había encasillado a las mujeres en un “deber ser” basado en arquetipos irreales construidos desde el punto de vista masculino, y cómo se invisibilizaron las experiencias reales y físicas de las propias mujeres. Por ejemplo, bajo el arquetipo de ‘la madre’ se nos hizo vivir bajo una idea totalmente romántica e idealizada de la maternidad, y ella denuncia el silencio total que existía con respecto a los miedos, angustias y problemas sufridos por las mujeres en relación con los embarazos, los partos, la lactancia, los abortos, etcétera. El arquetipo nos hizo creer que la experiencia es la misma para todas, pero no es así; las mujeres tenemos diferentes experiencias, no se puede generalizar, un parto puede ser una experiencia hermosa pero también una experiencia horrenda dependiendo de cómo se haya dado. De Beauvoir se ocupa de muchos temas que no eran considerados “dignos” de la filosofía, justamente las experiencias corporales de las mujeres, temas que eran tabú, como la menstruación o el placer sexual, y revela que muy a menudo el placer de las mujeres no era tenido en cuenta por los varones en la vida sexual con sus parejas, y que por esto había muchas mujeres insatisfechas. Entre otras cosas, ella se animó a poner sobre el tapete los problemas íntimos que sentían y sienten muchas mujeres. Todavía hoy, setenta años después, su libro sigue ayudando a tomar conciencia sobre las consecuencias de la cultura patriarcal.

¿Por qué la mayoría de los manuales escolares no cuentan las luchas históricas de las mujeres? Foto: Shutterstock.

¿Por qué la mayoría de los manuales escolares no cuentan las luchas históricas de las mujeres? Foto: Shutterstock.

– En “Biblioteca” proponés un recorrido por figuras elementales del feminismo que, probablemente, muchos universitarios no hayan leído. ¿Existen en las universidades argentinas suficientes cátedras feministas?

– Yo elegí contar las obras, las vidas y las luchas de una serie de autoras de distintas épocas que me parecen apasionantes, como Mary Wollstonecraft o Angela Davis, porque es muy difícil que quien no se dedica al tema tenga tiempo para leerlas a todas. Lo que sí existe en las universidades, afortunadamente, es cada vez más cátedras con perspectiva de género. Por otra parte, gracias a la incansable labor que vienen haciendo desde hace décadas muchas feministas que trabajan como profesoras e investigadoras en el mundo académico se ha producido un gran caudal de conocimiento en este campo, se han difundido ciertas ideas y se han dado debates fundamentales. Pero queda todavía muchísimo por hacer. Un ejemplo de eso es que, en la mayoría de las carreras, la bibliografía obligatoria de las materias sigue estando conformada predominantemente por autores varones.

La autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie durante la apertura de la Feria del Libro de Frankfurt. Foto: DPA.

La autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie durante la apertura de la Feria del Libro de Frankfurt. Foto: DPA.

– Chimamanda Ngozi Adichie asegura que “todos deberíamos ser feministas”, ¿coincidís?

– Me encanta Chimamanda pero personalmente prefiero no decirle a nadie lo que “debe ser”, ya que suena medio autoritario y, además, creo que a ser feminista se llega por una toma de conciencia propia y personal y no porque alguien te lo indique. Pero sí coincido en que es deseable que todas las personas, no importa cuál sea su género, podamos reflexionar sobre lo mal que nos ha hecho la cultura patriarcal, que es una cultura violenta, represiva, que les enseñó a los varones a ocultar su vulnerabilidad, a sentir vergüenza de sus emociones, a negarlas, a tener que mostrarse siempre fuertes, poderosos, proveedores y tantas cosas más. Algo que me conmovió mucho cuando participé de la organización de la primera marcha Ni Una Menos en 2015 fue conocer al papá de Wanda Taddei; este hombre que no tenía nada que ver con el feminismo, a partir del feminicidio de su hija, tomó conciencia del horror de vivir en una cultura ferozmente machista y se convirtió en militante de esta causa. Desde entonces se dedica a dar charlas sobre violencia de género, ayudando a concientizar a todas las personas sobre la importancia de educar en la igualdad.

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