miércoles, enero 29, 2020
Mujer

Debate íntimo Sofía Gala, la copa menstrual y por qué no es una obligación feminista

Ecológico y amigable con el cuerpo, este es uno más de los distintos métodos de gestión menstrual. La polémica abre una oportunidad para liberarnos de las imposiciones y seguir sacando a la menstruación del lugar tabú.

La copa menstrual es una opción, no una obligación; no es el mejor ni el único modo, ni la manera de menstruar que más se adecua al feminismo y a nuestros ideales”, dice la divulgadora científica Agostina Mileo, conocida como La Barbie Científica, a Entremujeres Clarín.

El descargo que hizo la actriz Sofía Gala tras probar la copa menstrual nos da la oportunidad de poner de relieve las opciones de gestión menstrual y sacarnos de encima las imposiciones y los conceptos rígidos de lo que está “bien” y lo que está “mal” sobre las decisiones íntimas y personales. Durante décadas, o siglos, en realidad, la menstruación estuvo invisibilizada: las publicidades hablaban sobre “las entradas” y el líquido que mostraban era azul, algo tan alejado de la realidad carmesí como el mito del color de la sangre real. Hace poco tiempo el líquido televisado se volvió rojo, la palabra menstruación está corriendo al “hacerse señorita” para dejar de lado la vergüenza e, incluso, un documental sobre el tema, Period. End of sentece, ganó un premio Oscar.

Mileo es la responsable de Menstruacción, la campaña de Economía Feminista que busca visibilizar la gestión menstrual. Desde esta perspectiva, señala: “Si bien hablamos del impacto ambiental o el potencial impacto a la salud que pueden tener toallitas y tampones, no queremos que las ideas detrás de promover ciertos métodos de gestión menstrual –como la copa- generen luego modos de menstruar ‘bien’ o de menstruar ‘mal’, o modos correctos, conscientes y feministas de gestionar la menstruación, y sus opuestos. Lo que buscamos es el acceso a la información y un acceso igualitario a los productos y posibilidades para poder decidir basados en la comodidad y en lo que cada una cree”.

Pero… ¿Qué es la copa menstrual?

Carolina Zotta es la responsable del emprendimiento Viva La Copita y explica que la copa menstrual es “una alternativa reutilizable intravaginal que cuenta con la practicidad del tampón, ya que no es una toallita que está en contacto con la vulva y puede ser incómodo. Pero, a diferencia del tampón (que absorbe sangre menstrual y humedad del cuerpo, lo que hace que el cuerpo quede más propenso a infecciones o irritaciones), no absorbe, y no se convierte en desecho”.

Así, entre las razones que señalan para elegir la copa menstrual mencionan el cuidado del medioambiente y el ahorro económico (por su reutilización), la practicidad, el impacto al cuerpo (al no desprender químicos y no absorber el líquido) y la visibilización de la menstruación en sí.

¿Cómo se usa? Se pliega y se introduce en la parte baja de la vagina -como un tampón, pero no necesariamente tan arriba-. Junta el sangrado en su interior y, luego de una cantidad de horas -dependiendo del momento del ciclo en el que estés-, se quita. Sacarla suele ser la parte más difícil; pero hay que encontrar el cabito de la copa y tirar suavemente. Luego, se lava y se reutiliza. Se esteriliza entre periodo y periodo.

Las referentes comentan que es un producto que hay muchas copas diferentes (tamaños, marcas, etc.) y no comprar la indicada hace que sea más difícil de usar o que directamente no sirva y se produzcan filtraciones. Aclaran que siempre lleva un período de adaptación, para aprender a usarla correctamente, cambiarla en espacios públicos y conocer el propio cuerpo. Hace un tiempo, una periodista de Entremujeres Clarín contó su propia experiencia.

La copa menstrual es un dispositivo que se coloca en la vagina durante la menstruación para recolectar la sangre que se elimina durante la misma. Foto: Shutterstock.

La copa menstrual es un dispositivo que se coloca en la vagina durante la menstruación para recolectar la sangre que se elimina durante la misma. Foto: Shutterstock.

“No necesariamente va a funcionar a la primera. De hecho, nosotros lo proponemos como una transición a una menstruación sustentable. Es necesario hacer un mix entre descartable y la copa, poniéndose un protector diario abajo o una toallita los primeros días que se va a estar usando hasta aprender a usarla”, dice Zotta.

La copa menstrual permite hacer cualquier actividad física. Incluso deportes acuáticos. Foto: Shutterstock.

La copa menstrual permite hacer cualquier actividad física. Incluso deportes acuáticos. Foto: Shutterstock.

“El período de adaptación es de aproximadamente tres meses y dependerá de la edad de la persona, la experiencia que tenga, si era usuaria o no de tampones, de cuánto manejo y registro de su cuerpo tenga, de cuánta exploración haya tenido, de cuánta comunidad de sostén”, explica Clarissa Perullini, cofundadora de Maggacup, directora del observatorio Cíclica, psicóloga y profesora de enseñanza primaria. “En mi experiencia personal, hace doce años una amiga me mandó una copa canadiense; me llegó con instrucciones en otro idioma y no tenía a nadie que me diera soporte; la probé, me resultó re difícil y la cajoneé. Al tiempo, una amiga que vivía en una comunidad en Brasil me dijo cómo se usaba, y ya el hecho de que otra mujer la usara y le funcionara, me incentivó a seguir probando; una vez que probé, hice todo mi proceso de adaptación”. Ahí fue cuando decidió empezar su proyecto de fabricación nacional y cofundó una empresa -que vendió hace un par de años- en la que se ocupa del área de donaciones.

“Es un tiempo de experiencia, de poder resignificar el cuerpo y el sangrado; esto no solamente necesita una disposición del físico, sino de una disposición mental. Es un producto que existe desde 1930, y es una tecnología que es cada vez más amigable: al principio fueron de caucho, después, de látex y actualmente son de silicona médico hipoalergénica”, dice Perullini a Entremujeres Clarín.

La copa menstrual se puede usar durante todo el ciclo. Una vez terminado el mismo se la esteriliza con agua hirviendo y se la guarda hasta el próximo mes. Foto: Shutterstock.

La copa menstrual se puede usar durante todo el ciclo. Una vez terminado el mismo se la esteriliza con agua hirviendo y se la guarda hasta el próximo mes. Foto: Shutterstock.

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Sacarse los mandatos de encima

La copa menstrual, además, enfrenta a las personas menstruantes con la propia sangre: hay que manipularla, lavarla, colocarla… Visibiliza la menstruación. Perullini lo asocia con “una conquista de empoderamiento de las mujeres y las personas menstruantes (aquellas que no se identifican con el género femenino pero que sangran y menstrúan), que las potencia y les aporta riqueza a sus vidas; hay una resignificación y valoración del cuerpo”.

“Es una de las grandes barreras que las mujeres estamos deconstruyendo sobre nuestros propios cuerpos; es un lugar muy tabú, muy censurado, donde siempre fue muy manipulado para parir o para que entre y salga un pito, y el sangrado estaba en el lugar de lo prohibido, de lo asqueroso, de lo invisible. Es una forma de empezar a darle a eso un lugar de más amorosidad, de más organicidad y más ecuánime (sin connotación positiva o negativa, es lo que es, y mirarlo desde ahí). Forma parte de una conquista que estamos haciendo”.

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Licenciada en Ciencias Ambientales, magíster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia, Mileo apunta: “Tenemos que tener en cuenta que la narrativa de mercantilización de la copa menstrual todavía está muy atada a una cuestión de clase, que todavía responde a un producto de la modernización ecológica, en el que se apela a un sector poblacional que tiene preocupación por lo ambiental, y que en general esa preocupación viene de necesidades básicas satisfechas y de acceso a productos”.

Y agrega: “Hay que tener cuidado con los productos que se mercantilizan bajo esta forma y que terminan siendo como chivos expiatorios de culpa sin pensar en cómo las clases dominantes inciden y demandan en la estructura productiva y de consumo. Hay que tener acceso a agua potable, a baños cómodos, y también hay que querer reivindicar ese conocimiento y contacto con el cuerpo que también, muchas veces, en ausencia de la aplicación de la ley de educación sexual integral (ESI) y de su implementación efectiva, tiene que ver con discursos que si no fuese por las y los docentes de nuestro país, solo responderían a sectores privilegiados”.

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