Diego Starópoli, de Mandinga Tattoo, viajará con su familia por 15 países con un fin solidario: tatuar gratis a mujeres que padecieron cáncer de mama.

“Mirá, lo más probable es que nuestra relación sea corta. En cualquier momento me compro una moto y me voy de viaje hasta Estados Unidos“, le aclaró Diego Starópoli (49) a Elizabeth (49) en uno de los banquitos del barrio Samoré, de Villa Lugano (el mismo complejo de monoblocks en el que Pity Álvarez cometió el crimen que lo llevó a la cárcel de Ezeiza). Tenían 18 años y acababan de ponerse de novios.

Pero en aquel entonces (principios de los 90), el que más adelante fundaría el local de tatuajes más grande de la Argentina, y crearía una de las convenciones de tatuajes más convocantes del mundo, no podía comprarse ni una bicicleta.

En esa época, Diego trabajaba de cadete en una agencia de autos y tatuaba a sus amigos en el departamento de Samoré que un vecino había dejado al cuidado de su mamá. Ella debía encargarse de las plantas y de un perro. Finalmente el ambiente se convirtió en un antro para pibes del barrio en el que Diego aprendía a tatuar, con suerte, a cambio de cervezas, cigarrillos a alguna pizza.

Diego Starópoli en su estudio: el 26 de diciembre empezará su travesía. Foto Lucía Merle

Diego Starópoli en su estudio: el 26 de diciembre empezará su travesía. Foto Lucía Merle

Treinta años después lo único que sigue igual de aquellas épocas es la relación: Diego y Elizabeth (se recibió de abogada) continúan juntos y son padres de Iván (17) y Thiago (11). Y el sueño de Diego, que ahora es el de los cuatro y se convertirá en realidad a partir del 26 de diciembre: con una camioneta unirán Ushuaia con Alaska, recorriendo 15 países.

El proyecto se llama “Mandinga por América” y también tiene un fin solidario. Diego espera hacer más de 300 tatuajes gratuitos de areolas mamarias a mujeres que padecieron cáncer de mama. La Legislatura porteña declaró al viaje de “Interés Social de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, por iniciativa del legislador Matías López (Vamos Juntos).

En 2019, cuando la palabra Covid no existía, Diego y Elizabeth compraron una camioneta modelo 2000. La idea era convertirla en motorhome y viajar por el país. El primer destino fue Entre Ríos; fueron a las Termas de Villa Elisa con sus hijos y suegros. A mitad de camino, los frenos y la dirección hidráulica comenzaron a fallar.

En el camino, Starópoli planea hacerles tatuajes gratuitos a mujeres que sufrieron cáncer de mama. Foto de archivo / EFE/ Aitor Pereira

En el camino, Starópoli planea hacerles tatuajes gratuitos a mujeres que sufrieron cáncer de mama. Foto de archivo / EFE/ Aitor Pereira

Regresaron con dos conclusiones: que la experiencia les había encantado y que habían pifiado en el rodado elegido. A la semana pusieron la camioneta en venta y concretaron la operación por un número menor al que habían invertido.

Con ese capital aspiraban a comprar otra camioneta y seguir viajando. Pero el destino les puso otra oportunidad: abrir una sucursal de Mandinga en San Telmo, y el dinero se esfumó en pocas semanas. Luego llegó la pandemia y tuvieron que mantener cerrados los dos locales. El de Lugano y el de San Telmo.

Durante el tiempo en que no pudo trabajar por la pandemia, Diego Starópoli reflexionó sobre qué proyectos le quedaban pendientes. Foto Lucía Merle

Durante el tiempo en que no pudo trabajar por la pandemia, Diego Starópoli reflexionó sobre qué proyectos le quedaban pendientes. Foto Lucía Merle

“Estando encerrado comencé con una de las locuras más sanas de mi vida, mirar videos de viajeros”, recuerda Diego, en su oficina de Lugano. “La pandemia me generó un montón de planteos sobre cosas que teníamos pendientes. Fue ahí que le propuse a Eli hacer un viaje en familia para celebrar todas las cosas lindas que nos pasaron en estos treinta años“.

Diego tenía las mismas ganas de viajar que a los 18. Eli empezó con las preguntas: “¿A quién dejamos a cargo de los locales?”; “¿y si se enferman nuestros viejos y estamos lejos?”; “¿qué hacemos con la educación de los chicos?”; “¿de dónde vamos a sacar la plata para viajar durante un año?”. Además, se preguntaba por la inseguridad en los países de Centroamérica. “Tenía muchas dudas. Pero a la vez se quedaba conmigo mirando videos de familias viajeras”, detalla.

El primer paso fue meterse en un plan de pagos para adquirir una camioneta 0 kilómetro. El segundo, tomar una decisión. Con la venta de una parte de la exposición de tatuajes que organizan anualmente en La Rural habían comprado una propiedad en un barrio privado. Estaba alquilada y la pusieron en venta.

Para financiar su plan, Diego Starópoli puso en venta una casa. Foto Lucía Merle

Para financiar su plan, Diego Starópoli puso en venta una casa. Foto Lucía Merle

El cuento parece lindo. Pero con el paso de los meses, la situación se complicó. La casa no se vendía y los locales llevaban seis meses cerrados, por la pandemia. En algún momento pensaron en vender la camioneta particular para pagar gastos.

“Soy un convencido: la ley de atracción funciona cuando uno es positivo. Nosotros seguíamos mirando videos y soñando con el viaje. Y de un día a otro la casa se vendió y pudimos abrir los dos locales. Por ahí a algunos les puede parecer una locura sacrificar una propiedad por un viaje. El tema es que se trata del viaje de nuestras vidas. Es nuestro momento”, aclara Diego. Con el efectivo, todo se hizo más fácil. Cancelaron las cuotas de la camioneta, se la adjudicaron y pagaron el equipamiento.

Hasta ese momento se trataba de un viaje familiar. Y Diego, que ya tatuó (en forma gratuita) a más de 1.600 sobrevivientes del cáncer de mamas, sintió que no podía cruzar el continente sin tatuar a al menos una o dos mujeres por país. Además, desde hace dos años también tatúa a personas que sufrieron quemaduras en el cuerpo.

Starópoli también tatúa a personas que sufrieron quemaduras en el cuerpo. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Starópoli también tatúa a personas que sufrieron quemaduras en el cuerpo. Foto Guillermo Rodríguez Adami

En las últimas semanas, comenzó a visitar embajadas de los países que recorrerá. Los funcionarios lo contactan con asociaciones que seleccionarán a las mujeres a tatuar.

Con el ex proyecto de viaje familiar reconvertido en social y solidario armó puntos de encuentro de una punta a la otra del continente para tatuar entre a 20 y 30 mujeres por ciudad. El primero será en Ushuaia. El segundo, en Santiago de Chile. Luego frenará en Lima, Quito, Cali y Medellín. De allí seguirán hasta Alaska. Luego irán hasta Miami. Después ellos subirán a un avión y el motorhome a un barco. Diego estima que toda la travesía llevará un año.

En cada punto de encuentro lo esperará una comitiva de una productora española con la que firmó un precontrato para realizar una serie de dos temporadas. El formato sería reality-documental, y en la camioneta habrá cámaras que registrarán el día a día del viaje.

El viaje de Starópoli será registrado por varias cámaras y el material se usará en una serie documental. Foto Guillermo Rodríguez Adami

El viaje de Starópoli será registrado por varias cámaras y el material se usará en una serie documental. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Diego cumplirá 50 años en febrero y salió del país por primera vez a sus 42 años, cuando lo invitaron a una convención de tatuajes en San Pablo. Crear la marca “Mandinga Tattoo” no le resultó fácil. De aquel departamento prestado de Samoré se mudó al baño del Mercado Central, donde tatuaba a changarines. Luego lo hizo en stands de las naves, del mismo lugar. De ahí pasó a una galería de Lugano, en el local más chiquito. Fue en 1993. Y no pararía de crecer, hasta tener uno de los locales de tatuajes más grandes de América, con doce tatuadores trabajando.

A la par, comenzó a producir el programa “Mandinga TV”, que se emite por el Canal de la Ciudad, apadrina 9 escuelas rurales, editó dos libros, organizó una convención que recibe a 40 mil fanáticos por año, armó una fundación y el suyo es el local elegido por futbolistas, rockeros y personalidades de la TV.

Diego Starópoli pasó de tatuar en un baño del Mercado Central a tener el local de tatuajes más grande de la Argentina. Foto Lucía Merle

Diego Starópoli pasó de tatuar en un baño del Mercado Central a tener el local de tatuajes más grande de la Argentina. Foto Lucía Merle

“Mandinga por América” parece ser sólo un capítulo más de esta historia. “El objetivo del viaje es disfrutar de mis hijos, conocer culturas, cambiarle la vida a las mujeres que vamos a tatuar y dejar un legado. Queremos que algún tatuador local continué con la actividad. Y escribir un libro para leer de grande y volver a sentirme joven”, concluye. La entrevista termina, porque un amigo está esperando para que lo tatúe.

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