El SS Ayrfield, un atractivo turístico en Homebush Bay, Sidney.

El SS Ayrfield sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, pero nada pudo hacer para ganarle a la naturaleza.

Fue construida en 1911 en Reino Unido y originalmente se llamó SS Corriman. Pesaba 1.140 toneladas y fue registrada en Australia en 1912 para transporte de provisiones y viajeros entre regiones.

Luego se utilizó para transportar suministros a las tropas estadounidenses instaladas en la región del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Finalizado el conflicto bélico, pasó a ser un carbonero entre Newcastle y la terminal de Miller en Blackwattle Bay.

El SS Ayrfield permanece desde 1972 en Homebush Bay. Foto Shutterstock.

El SS Ayrfield permanece desde 1972 en Homebush Bay. Foto Shutterstock.

Naufragio eterno

En 1972, cuando habían pasado 61 años desde su estreno, se decidió sacarlo de circulación y fue enviado a Homebush Bay, un astillero donde los barcos eran sacados del agua, desmantelados de todas cosas de valor para después fundir el material y reutilizarlo.

En ese momento, la operación dejó de ser rentable ya que el valor de la chatarra se desplomó y las empresas de demolición entraron en quiebra. Nadie se hizo cargo de la embarcación y quedó ahí flotando junto a otros tres barcos, en un naufragio eterno.

Con el paso del tiempo, parte del SS Ayrfield se hundió y quedó completamente oxidado, recordando el pasado industrial de Homebush Bay, hoy convertido en un barrio comercial y residencial después de haber sido renovado para los Juegos Olímpicos de 2000.

La bahía también fue modernizada en el último tiempo y se realizaron importantes esfuerzos para reducir la cantidad de residuos y químicos que había en la zona. De hecho el lugar se volvió accesible al público recién en 2003 y la embarcación se redescubrió durante estos trabajos de recuperación.

De todos los barcos que fueron dejados olvidados, el SS Ayrfield es el único que se convirtió en un bosque de manglares. Foto Shutterstock.

De todos los barcos que fueron dejados olvidados, el SS Ayrfield es el único que se convirtió en un bosque de manglares. Foto Shutterstock.

Lejos de ser una molestia a los ojos de las nuevas construcciones, el SS Ayrfield se convirtió en una de las mayores atracciones de la zona y se ganó el nombre de bosque flotante entre los lugareños.

Cientos de manglares atravesaron el barco y brotaron por todos lados brindando una vista única. Los árboles se apoderaron de la estructura y tiñen el paisaje de verde haciendo de estos restos oxidados un gran espectáculo.

Este gigante de acero permaneció abandonado por años junto al SS Heroic, el carbonero SS Mortlake y el HMAS Karangi, que sobrevivió al bombardeo de Darwin en la Segunda Guerra Mundial antes de encontrar un final Sidney, y el el SS Mortlake Bank.

Sin embargo, en ninguno de estos otros barcos la naturaleza hizo de las suyas como en el SS Ayrfield.

A pesar de los múltiples proyectos que se llevaron a cabo para dejar atrás los años de industria pesada que tanto dañaron el agua, no hay intenciones de remover las embarcaciones.

Seguirán estando -si la naturaleza lo permite- para recordar lo que alguna vez fue el astillero y seguir atrayendo a fanáticos de la historia, buscadores de buenos paisajes y puntos alternativos.