La exactriz judía, por su parte, luce peinadosy vestidos dignos de Liberace. Quien no sintonice con esta clave la pasará mal en la primera parte deHollywood, que reniega de la “normalidad” dramática… hasta que se normaliza. Como en Glee, a la larga los marginados alcanzan sus sueños. Las brujas se convierten en hadas, todos lucen rebeldía frente al sistema, los odios se atenúan, los explotadores se convierten en tipos macanudos, ratas humanas se arrepienten de serlo y la felicidad y gloria que ofrecía el noticiero inicial se cumplen puntualmente. ¿Es tal vez una manera de imitar a una película de Hollywood, donde todo sueño debía consumarse sí o sí? Quizá sí, vaya a saber.