Una pareja tuvo la reliquia durante años sin sospechar su verdadera historia.

Una pieza de mosaico que formaba parte de una de las embarcaciones pertenecientes al emperador romano Calígula estuvo desaparecida por décadas y fue recuperada en el lugar menos pensado. Aunque parezca difícil de creer, un matrimonio de Nueva York, sin saberlo, utilizó esta exquisita e histórica obra de arte como mesa de café durante 45 años.

La marchante de arte Helen Fioratti y su esposo Nereo compraron la pieza en la década del 60 a una aristocrática familia italiana y la instalaron como mesa para el café o el té de cada mañana en su departamento de Park Avenue, en Manhattan.

Ellos desconocían que el mosaico, una impresión geométrica perfecta de 1,5 metros cuadrados, que conjuga los colores verde, púrpura, rojo y blanco, había formado parte de un piso con incrustaciones, posiblemente de una pista de baile, en uno de los barcos de lujo de Calígula.

La pieza fue hallada décadas después en Nueva York, usada como mesa de té ,Foto: EFELa pieza fue hallada décadas después en Nueva York, usada como mesa de té ,Foto: EFE

El mosaico perdido de Calígula data del siglo I d.C, época en la que vivió el polémico emperador, nacido en el año 12 y asesinado en el 41 por sus propios guardias pretorianos en el monte Palatino, tras menos os de cuatro años en el poder que quedaron para la historia.

La pieza formaba parte de la decoración de los dos grandes barcos que mandó construir en el lago de Nemi, un cráter volcánico próximo a Roma y que en la época del Imperio albergaba un santuario de la diosa Diana.

Las naves, en realidad auténticos “palacios flotantes”, fueron el símbolo definitivo del polémico tercer emperador de Roma, del hijo del mítico Germánico, y demuestran en nuestros días “la grandeza de la ingeniería naval romana“, añadió un experto.

Autoridades italianas posan junto al mosaico, en el Museo de las Naves, en Nemi. Foto: APAutoridades italianas posan junto al mosaico, en el Museo de las Naves, en Nemi. Foto: AP

No obstante los barcos acabaron hundiéndose entre el fondo del lago y tuvieron que pasar veinte siglos, hasta la década de 1930, para que fueran recuperados del lodazal. Expuestos entonces en un museo, sucumbieron a las llamas de la Segunda Guerra Mundial.

Entre los restos que se salvaron estaba este mosaico de teselas verdes, blancas y rojas, muy bien conservado, y al que, como ocurre muchas veces en la historia, se le acabó perdiendo la pista.

Años después la historia de este buscado vestigio se ubica en la ciudad de Nueva York. La anticuaria Helen Fioratt ojeaba un libro escrito por el arquitecto romano Dario Del Bufalo de 2013 cuando reconoció un objeto muy familiar.

En la imagen, el Duce, Benito Mussolini, recorre en 1939 las instalaciones donde fueron recuperados los barcos de Calígula.En la imagen, el Duce, Benito Mussolini, recorre en 1939 las instalaciones donde fueron recuperados los barcos de Calígula.

El precioso mosaico que ella usaba como mesa para tomar el té se parecía mucho al resto arqueológico que se mostraba en aquella página.

En realidad Fioratti había comprado la pieza en la década de los ’60 a la noble familia Orsini, por entonces propietaria de la zona del lago de Nemi.

De este modo logró llevársela consigo a Nueva York escondida en la valija de un amigo diplomático y, sobre ella, tomó el té y charló con su marido durante años.

Cayo Julio César Germánico, más conocido con el sobrenombre de Calígula, fue uno de los emperadores romanos más controvertidos.Cayo Julio César Germánico, más conocido con el sobrenombre de Calígula, fue uno de los emperadores romanos más controvertidos.

El mosaico se convirtió en un bien tan preciado para la pareja que Fioratti rechazó el millón de dólares que el museo Metropolitan de Nueva York le ofreció por él en los años ’80.

Hasta que un día de 2013, en la presentación en la Gran Manzana de un libro de Del Bufalo sobre el pórfido, la anticuaria reconoció su preciada mesa. Dos ligeras marcas en sendos círculos de pórfido permitieron constatar a Fioratti y Del Bufalo que aquella era la pieza buscada.

De ese modo, Italia comenzaba las labores para llevarlo de vuelta al que debía ser su hogar, el Museo de las Naves de Nemi, a orillas del lago: “Es fundamental que los objetos vuelvan a su contexto”, asegura Osanna, que dirigió en el pasado el yacimiento de Pompeya.

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