Thomas Heatherwick creó un paseo sobre una plataforma de hormigón que “flota” sobre el agua en la zona oeste de Manhattan.

Nueva York siempre sorprende. Así como en 2009 el High Line de Diller-Scofidio + RENFRO inauguró una nueva era en cuanto a espacios públicos, ahora es Little Island, un parque construido sobre plataformas de hormigón en el río Hudson, la marca de “vanguardia light” de una ciudad que renace después del azote de la pandemia.

La estructura concebida por Thomas Heatherwick y su estudio parte de una idea efectiva: transformar el espacio lineal de un muelle en una suerte de bandeja contenedora. Algo así como gigantescas macetas con patas donde crecen árboles y plantas, dando forma a un paseo que aprovecha las mejores vistas de Manhattan.

Little Island, con una superficie de más de una hectárea, emerge cerca de la costa del río, donde alguna vez estuvo el Pier 54, en un sitio de la zona oeste de la ciudad cargado de historia.

Vista aérea. Senderos serpenteantes y áreas verdes. Foto Timothy Schenck

Vista aérea. Senderos serpenteantes y áreas verdes. Foto Timothy Schenck

Del Titanic al huracán Sandy

Durante los siglos XIX y XX la ribera del Hudson fue un puerto de entrada concurrido. Entre 1910 y 1935, en el Pier 54 operó la línea británica Cunard-White Star, punto de partida y regreso para viajes transatlánticos. En 1912, los sobrevivientes del Titanic llegaron a un lugar seguro en ese muelle a bordo del RMS Carpathia.

En 1915, el RMS Lusitania partió de allí y fue hundido por submarinos alemanes cinco días después como una víctima de la Primera Guerra Mundial. El muelle cayó en desuso hasta la década de 1970 cuando Pier 54, junto con otros muelles al sur de Chelsea, se convirtió en un refugio seguro para la creciente comunidad LGBTTQI+ de Nueva York.

En 1988 fue parte del Hudson River Park, donde también sirvió como lugar para eventos de verano y series de conciertos. En 2012, el huracán Sandy lo dañó gravemente.

Barry Diller, el magnate que donó los millones de dólares que costó el parque. Foto AP/Kathy Willens

Barry Diller, el magnate que donó los millones de dólares que costó el parque. Foto AP/Kathy Willens

Un años después, Barry Diller de Diller-von Furstenberg Family Foundation, en asociación con el liderazgo de Hudson River Park Trust, se propuso recuperarlo como un espacio público completamente nuevo.

Diller, uno de los fundadores de la cadena Fox, pensó en crear un pabellón para rescatar el antiguo muelle y convocó a Heatherwick, también autor de The Vessel, el mirador escultórico de Hudson Yards.

El acceso sur pasa por debajo de la plataforma de hormigón. Foto Timothy Schenck

El acceso sur pasa por debajo de la plataforma de hormigón. Foto Timothy Schenck

El diseñador británico ideó una plataforma conformada por 132 estructuras de concreto con forma de tulipán, a las que se accede a través de dos anchas pasarelas que conectan con la isla.

La emoción de sentirse sobre el agua

El punto de partida del proyecto no fue la estructura, sino la experiencia para los visitantes: la emoción de estar sobre el agua, la sensación de dejar atrás la ciudad y sumergirse en el verde. Heatherwick dice haberse inspirado en el Central Park, donde es posible olvidar que estás en el en medio de la ciudad más densamente poblada de todo Estados Unidos.

Cientos de neoyorquinos y turistas visitan el parque a diario. Foto Angela Weiss / AFP via Getty Images

Cientos de neoyorquinos y turistas visitan el parque a diario. Foto Angela Weiss / AFP via Getty Images

En contraste con las calles planas de Manhattan, el equipo de diseño de su estudio pensó en una nueva topografía distinta de la ciudad, que pudiera elevarse para generar una variedad de espacios.

El primer boceto fue una forma de hoja rizada flotando en el agua, con las nervaduras elevadas como costillas en los bordes, para proteger el espacio del viento, que luego devino en algo parecido a la flor del tulipán.

Las distintas alturas de las columnas dan ritmo al paseo por Little Island Foto: Angela Weiss / AFP

Las distintas alturas de las columnas dan ritmo al paseo por Little Island Foto: Angela Weiss / AFP

La estructura Heatherwick Studio concibió el muelle como un objeto único y cohesivo: en lugar de pilotes que sostienen una plataforma, son los mismos pilotes los que se convierten en contenedores que crean la superficie del parque.

Sus alturas varían para generar contornos diferentes; la esquina se eleva para permitir que la luz del sol llegue al hábitat acuático y el borde cae para definir colinas y miradores y para tallar el espacio para un anfiteatro para 700 personas.

El culto a la biodiversidad

En los macetones de hormigón hay más de cien especies diferentes de árboles y plantas autóctonas, que fomentan la biodiversidad y pueden prosperar en el clima de Nueva York.

Vista desde Manhattan.  Foto  Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Vista desde Manhattan. Foto Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Para determinar la forma de estos contenedores, el equipo de diseño reinterpretó el mosaico de hielo que se forma alrededor de los antiguos pilotes de madera cuando el río se congela.

De allí surgió el patrón orgánico que se estandarizó para la fabricación, cuidando de variar el ángulo y la repetición de macetas en el perímetro, donde eran más visibles.

La principal idea del diseño fue la sensación del usuario de estar "fuera de la ciudad".  Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

La principal idea del diseño fue la sensación del usuario de estar “fuera de la ciudad”. Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

El hormigón estructural fue realizado por una firma local y los componentes prefabricados se llevaron en barco y se ensamblaron en el sitio para no interferir con el funcionamiento de la ciudad.

Cientos de árboles y un anfiteatro

Para enfatizar la sensación de escape, la huella de Little Island se encuentra en el medio del agua entre los muelles 54 y 56. Se llega a través de dos pasarelas orientadas en continuación de la cuadrícula de la calle. En el interior, los senderos serpentean a través de árboles y áreas de asientos con césped desde donde se aprecian vistas inesperadas.

El acceso al nuevo parque público. Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

El acceso al nuevo parque público. Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Fiel al espíritu festivo del antiguo Pier 54, el parque tiene tres espacios para espectáculos. El más importante es el ya mencionado anfiteatro, ubicado en el extremo más alejado, protegido por las colinas y los árboles circundantes.

Con la Estatua de la Libertad y la puesta de sol sobre el río como telón de fondo, posee asientos de piedra natural revestidos con madera, diseñados para optimizar la acústica.

En el anfiteatro se combinaron materiales como piedra y madera. Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

En el anfiteatro se combinaron materiales como piedra y madera. Foto: Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Hacia el sur hay un escenario más íntimo, con 200 asientos, mientras que en el centro hay un espacio con solado de teselas de hormigón, con capacidad para eventos de gran escala.

El paisaje se compone por aproximadamente 400 especies diferentes entre árboles, arbustos, pastos y plantas perennes que se adaptan al clima de Nueva York. Cada rincón de la isla representa un microclima diferente según la topografía, la exposición al sol y los patrones de viento.

Cientos de especies de árboles y plantas conforman el parque. Foto Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Cientos de especies de árboles y plantas conforman el parque. Foto Michael M. Santiago/Getty Images/AFP

Dado que el anfiteatro principal necesitaba apoyos, para no interrumpir la estructura, el equipo de diseño hizo que pilotes más altos transfirieran la carga a pilotes más bajos, para poder crear un vacío debajo de la plataforma.

En esta suerte de sótano se revelan los cimientos y se crea una plataforma de observación sobre el agua con una perspectiva única del muelle y el río.

Con un presupuesto de 260 millones de dólares, en Little Island nada quedó librado al azar: desde la forma en que la vegetación se despliega al acercarse hasta la vista desde cada asiento del teatro. Con su mix de lugares y zonas verdes, un verdadero oasis.

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