Herederas de las construcciones para protegerse de hecatombes, se diseñan para el aislamiento, pero con comodidades de lujo.

Los escondites, refugios y búnkeres para protegerse del fin del mundo ante guerras, incidentes nucleares, caída de cuerpos celestes o desastres naturales tienen una nueva versión.

Son las casas bajo tierra construidas por quienes temen un apocalipsis ante el avance de Covid-19.

Se aggiornaron de acuerdo con las circunstancias del momento. Hoy, en parte, son espacios/casas/departamentos para evitar potenciales contagios. Aislarse es la consigna.

Detalles de lujo. Los nuevos refugios anti Covid pueden tener vista a las profundidades del mar. Foto: Archivo Clarín.

Detalles de lujo. Los nuevos refugios anti Covid pueden tener vista a las profundidades del mar. Foto: Archivo Clarín.

Cuanto más profundamente (en algunos casos, 10 metros), mejor. Es decir, un Plan B para la humanidad en apuros.

Es también una tendencia que recuerda a los animales que habitan el mundo subterráneo –la fauna edáfica– excavando como topos, súper ágiles, hormigas, escorpiones que se entierran en tierras heladas, armadillos rosados, y tantos otros que viven en esos espacios seguros, laberínticos. Expertos naturales en arquitectura bajo tierra.

En pandemia, muchas personas con cuentas bancarias abultadas empezaron a mirar el subsuelo como una solución anti pánico frente a las aperturas y cierres de fronteras y los contagios en cadena de la pandemia.

Y así como los magnates Jeff Bezos o Elon Musk desean colonizar el espacio para los migrantes terrícolas, algunos decidieron ubicarse en las entrañas de la Tierra. Son cavernícolas del Siglo XXI que buscan el máximo confort para resistir durante mucho tiempo.

“Es como si quisieran volver al útero materno, a la seguridad del resguardo que ofrecía la vida en las entrañas de la madre. Responden a la necesidad de autoprotegerse.

Casa subterránea en Grecia. Su diseño resiste a catástrofes ambientales y nucleares. Foto: Archivo Clarín.

Casa subterránea en Grecia. Su diseño resiste a catástrofes ambientales y nucleares. Foto: Archivo Clarín.

Las viviendas bajo tierra son históricas aunque este nuevo tipo de refugios tiene antecedentes en la década del ‘40, en la Segunda Guerra Mundial, ante el temor por las bombas nucleares, y durante la existencia del Muro de Berlín, de 1961 a 1989. Es una cultura eterna. Durante los ‘90, por ejemplo, se puso de moda estar en los sótanos neoyorkinos, entre los antisistema. La diferencia es que estas nuevas construcciones se sustentan en un sistema ingenieril importante”, comenta el arquitecto Fernando Domínguez, profesor de Historia de la Arquitectura en FADU/UBA y director del Máster de Especialización en Diseño de Interiores ABM.

Cualquiera fuere el miedo que las promueve, las casas subterráneas no están solas. Se construyen, además, mega sótanos de varios pisos y habitaciones con algo en común: son lugares sofisticados con comodidades de lujo y muy confortables.

Tienen spa, salas de juego, jardines, bibliotecas, dormitorios y baños en suite, salas para diversos usos y puertas blindadas de altísima seguridad.

Poseen sistemas energéticos, de purificación y filtrado del agua, espacio de almacenaje de alimentos al por mayor, jardines, huertas hidropónicas, teatros u otros espacios de esparcimiento. Y en algunos casos, helipuertos, centros médicos o colegios. De sencillos y espartanos no tienen nada. Todo lo contrario.

“El concepto de cueva, de vivienda enterrada, el abrigo de este útero materno artificial, se recrea en nuestros días con sorprendente aceptación, ya no sólo por las intimidaciones a las cuales nos expone la superficie de la Tierra, sino por la notable inercia térmica obtenida en la arquitectura bajo tierra”, comenta el arquitecto Gustavo Di Costa, profesor de Tecnologías Constructivas de la Facultad de Arquitectura de la UADE.

Los constructores

Para la construcción de una casa subterránea se deben tener en cuenta varios factores. “Desde el punto de vista del diseño, superado el tema de la ventilación, que es clave, un arquitecto debe responder a otro factor esencial para la vida: la iluminación natural. La matriz de orientación de un hábitat subterráneo deben orientar sus túneles de luz de forma regular, en cantidad y dimensión suficiente”, explica Di Costa.

Son varias las compañías extranjeras que se especializan en estos refugios y sostienen que el Covid-19 disparó los pedidos. Por lo general, los millonarios adquieren búnkeres militares desmantelados en los Estados Unidos o en Rusia.

Vivos, una firma estadounidense, armó Vivos xPoint no lejos de Blanck Hills, en Dakota del Sur, cerca de la ciudad de Edgemont. Son 575 unidades militares, ex depósitos de material bélico en el medio de la nada. Un paisaje vacío en el que asoman domos y chimeneas por si algo ocurriera adentro.

En el continente europeo tienen Vivos Europa One, al que denominan El Arca de Noé Moderna. Está en una instalación de municiones de la Guerra Fría, en Alemania, y cuenta con 43 residencias privadas.

Allí se da un caso especial. De acuerdo con los directivos de esa compañía, sus interesados no son ni paranoicos sobre el apocalipsis ni pertenecen al 1% de la élite económica.

La luminosidad es clave. Tienen claraboyas gigantes para que entre el sol. Foto: Archivo Clarín.

La luminosidad es clave. Tienen claraboyas gigantes para que entre el sol. Foto: Archivo Clarín.

Son personas de distintas profesiones que quieren cuidar a sus familias de los eventos globales actuales. Otra de las firmas constructoras es Rising S Bunkers, de los Estados Unidos.

Dirigida por Gary Lynch, diseña búnkeres de placa de acero que sobreviven a varias generaciones. Ofrece refugios subterráneos de acero de diversas medidas y necesidades, y altos estándares de artesanía, con puertas blindadas.

Aplican ingeniería avanzada y reúnen a expertos en excavaciones y geología. Cuentan con un sistema denominado NBC estándar (que significa Nuclear, Biológico y Químico), aspiran aire y eliminan bacterias); y sus habitantes pueden optar por túneles de escape y vidrios a prueba de balas.

Trogloditas del siglo XXI

 “Desde la historia es posible mencionar ejemplos de urbes enterradas. Podemos enumerar las ciudades iraníes bajo tierra, las viviendas chinas con sus patios enterrados, o las casas trogloditas del sur de España. Todas resuelven los factores condicionantes del suelo y las propias de su particular implantación a partir de la amalgama entre la tecnología constructiva y el diseño morfológico de la vivienda”, comenta Di Costa.

Y da otro ejemplo: “La ciudad de Coober Pedy, al norte de la Australia meridional, tiene 2.000 habitantes, quienes en gran parte trabajan en las minas de ópalo, que abunda en el lugar. La mayoría de sus residentes vive su cotidianeidad bajo tierra, al resguardo de las extremas temperaturas de verano. La piedra blanda extraída, ha posibilitado el diseño de una importante galería de túneles con ventilación y climatización suficiente para crear un hábitat saludable y sostenible”.

En Suiza, este diseño de casas colmena es furor. Foto: Archivo Clarín.

En Suiza, este diseño de casas colmena es furor. Foto: Archivo Clarín.

Las nuevas construcciones subterráneas, buscan las mismas condiciones de salubridad. Y eso tiene su precio. ¿Cuánto cuestan? Van de 20 mil a 1 millón de dólares o más, según tamaño, comodidades y terminaciones sofisticadas.

Muchos de sus detalles se pueden ver en videos, cuyas visualizaciones dispararon las consultas de compradores potenciales en pandemia.

El público se mantiene alerta frente al coronavirus. Con estupor y fascinación, sus decisiones recuerdan a Las aventuras subterráneas de Alicia, de Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson, su nombre verdadero), a Una soledad demasiado ruidosa, escrito por Bohumil Hrabal; y a tantas películas, entre ellas, Buscando a Eva.

Más allá de los refugios que existen en el mundo para esconderse ante ataques y desastres naturales, los constructores no se detienen. Siguen buscando lugares especiales como la Isla Waiheke, en Nueva Zelanda, conocida por sus mansiones en acantilados y bodegas. Este movimiento ya se parece a una fuga.

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