Con el auspicio de revista Ñ, se inaugura el capítulo europeo de una muestra de artistas latinoamericanas que cuestionan desde la espeluznante práctica colonial hasta los mapas escolares.

Si bien en su nombre lleva la marca de la cartografía, la intención de la Bienal Internacional del Sur de relativizar las posiciones geopolíticas se manifiesta con potencia en esta edición. Al sur del sur, la exposición que inaugura el martes 27 de julio el capítulo europeo de Bienalsur 2021, indaga ese impulso por descolonializar las miradas tan vigoroso en el presente, potenciado por la pandemia, a través de las obras de cuatro mujeres latinoamericanas. Desde el sur, la argentina Agustina Woodgate, la uruguaya Paola Monzillo, la chilena Voluspa Jarpa, junto a trabajos de Graciela Sacco arrojan luz sobre realidades invisibilizadas en un proyecto que toma tres salas más espacios de tránsito de La Térmica, un exhospicio convertido en centro cultural en Málaga, donde no casualmente se sitúa (la ciudad es considerada un bastión del cruce de culturas, por la proximidad con África). “Tiene un sesgo de género muy fuerte porque es la mirada de artistas mujeres las que nos está arrojando esta temática con tanta claridad”, explicó a Ñ la curadora Diana Wechsler, en comunicación telefónica desde España.

Un siglo de silencio alrededor de los zoológicos humanos que imperaron en setenta ciudades europeas entre 1815 y 1958 es el eje de Zoo, el trabajo de Voluspa Jarpa, que conforma Al sur del sur junto a Cartografías disidentes, el capítulo colaborativo que la implica. A través del estudio de archivos, Jarpa arribó a este subgénero del entretenimiento siniestro que involucró la migración forzosa de unas 30 mil personas que por su etnia y origen fueron objeto de “atracción y espectáculo” para más de 400 millones de espectadores ávidos de observar a hombres, mujeres y niños provenientes de África, América, Asia y del Polo Norte como si fueran criaturas en estado salvaje. “Esta práctica que contribuye a profundizar las nociones de diferencia, de racismo, de exotismo, sigue vigente hoy, fue la que llevó al nacionalsocialismo y permitió justificar acciones sobre la otredad como el genocidio armenio y el judío”, reflexionó Wechsler, además directora artística de Bienalsur.

De la serie "Cartografía de la colonización", de Voluspa Jarpa, 2021 (Foto: Rodrigo Merino/gentileza BIENALSUR)

De la serie “Cartografía de la colonización”, de Voluspa Jarpa, 2021 (Foto: Rodrigo Merino/gentileza BIENALSUR)

Un cuantioso archivo de afiches que promocionaban estas exhibiciones, ferias, y espectáculos habla de la naturalización de la práctica. Auténticos panfletos de los discursos de superioridad occidental —que Internet hizo accesibles aunque sin claves para asimilar—. Afiches que hablan de combates sangrientos entre pigmeos furiosos, caníbales, raros, desfigurados… “lo más brutal que jamás se haya visto”. Junto a instalaciones, pinturas, videos y objetos, entre otros documentos intervenidos, conforman esta muestra. Zoo deviene una extensión de la serie con que la artista chilena representó a su país en la Bienal de Venecia 2019, con la curaduría de Agustín Pérez Rubio, y fue bien recibida en la feria ARCOmadrid de ese mismo año. Todo parece un gran archivo, pero con otros fines. “Lo que hace el arte contemporáneo es poner en evidencia la construcción de ese archivo”, reflexiona Wechsler sobre los espacios como bibliotecas, archivos científicos y museos, que pretenden un grado de objetividad. “El arte pone en evidencia la no objetividad, la no neutralidad y la cantidad de presupuestos conceptuales que hay ahí y son los que interesa desactivar”.

La posibilidad de mapear los centros coloniales y los de destino dio lugar a un planisferio de la barbarie. “Cartografía de la colonización” se llama la serie de Jarpa que deja al descubierto la visión hegemónica, y es el eslabón que une Zoo con Cartografías disidentes, la muestra colaborativa en la que cuatro mujeres ponen en cuestión los mapas y sus narraciones sobre el espacio.

"Este es el territorio que habito", de Paola Monzillo, 2013 (Foto: Juan Pablo Landarín/gentileza BIENALSUR)

“Este es el territorio que habito”, de Paola Monzillo, 2013 (Foto: Juan Pablo Landarín/gentileza BIENALSUR)

“Este es el territorio que habito” está bordado sobre una almohada blanca por Paola Monzillo (1986) con el mismo hilo negro que, como proyectado en la pared, conforma un “mapamundi soñado”, que se parece bastante al que vemos habitualmente, aunque es un poco más igualitario. De la artista uruguaya, que aborda la cartografía en todo el cuerpo de su obra, se suman una serie de cuadernos a la manera de los viajeros que dibujaban y narraban su visión del mundo a medida que observaban, pero desde una perspectiva personal y actual.

La multifacética Agustina Woodgate (1981) desgasta con lijas los viejos mapas enrollables de las mapotecas escolares de manera que se vuelvan más homogéneos en sus colores, poniendo dudas sobre las posiciones. Lo mismo con un globo terráqueo que habla del desdibujamiento de los límites del mapa político, de una manera sutil y poética.

Documentación del proceso de Ballroom, de Agustina Woodagte, 2014 (Foto: Guillermo León Gómez/gentileza BIENALSUR)

Documentación del proceso de Ballroom, de Agustina Woodagte, 2014 (Foto: Guillermo León Gómez/gentileza BIENALSUR)

“Empecé a trabajar con la idea de metro cuadrado a partir de pensar cuál es el mínimo espacio que un individuo necesita para vivir, y fue al sentir mis propios pies dentro de un espacio de uno por uno que sentí que menos era imposible”. Así la gran artista Graciela Sacco (1956-2017) describió el origen de su serie M2 nacida al calor de la burbuja inmobiliaria de 2008. Una de las obras de esta serie, un cubo de vinilo con los lados estampados con mapas de ciudades tiene además la cifra en la moneda local del valor del metro cuadrado en ese sitio.

de la serie Bocanada, de Graciela Sacco, 1993-2014.

de la serie Bocanada, de Graciela Sacco, 1993-2014.

“Era un derecho inventado por ella, que es el derecho a un metro cuadrado de tierra que debería tener todo ser humano“, analiza Wechsler. Para su obra se inspiró en la película El gran dictador (1940) de Chaplin, que hace malabares con un globo terráqueo mientras satiriza el fascismo de Adolf Hitler. “Graciela invita al público a que juegue como juegan las fianzas con este metro cúbico, y a pensar en estos vaivenes”. Como remate, otra obra de Sacco, de la serie Bocanadas, que la artista comenzó en los 90 y se activa con intensidad en el presente: una mesa con un mapa antiguo y un tenedor clavado, con esas Bocanadas esparcidas alrededor. De su serie Quién fue?, a la manera de señuelos, unos dedos índice impresos y pegados van marcando el recorrido dentro del edificio del centro cultural de la Diputación de Málaga.

Entre lo global y lo local. El enunciado que está en el adn de Bienalsur se manifiesta de manera muy concreta en Al sur del sur. La muestra, a su vez, se inscribe entre los temas más recurrentes de los proyectos seleccionados Sobre esta necesidad de descolonializar la mirada también se apoyan Otro orden. Derribando fronteras, que une a creadores de distintas partes del mundo en una exposición en la Fundación Francis Naranjo, en Canarias, de próxima inauguración. Y también a esa etiqueta responde La escucha y los vientos. Relatos e inscripciones del Gran Chaco,  que el 8 de julio en el Museo de Bellas Artes Lola Mora de Salta inauguró esta edición inusual y resiliente de la Bienal. Son los problemas que los artistas proponen, por su recurrencia, los que definen sus ejes curatoriales, y revelan algo de las corrientes de pensamiento que están en vigor en el arte contemporáneo.

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