Storni tenía 46 cuando decidió arrojarse a las olas un día de tormenta en Mar del Plata. “Alfonsina y el mar”, una de las zambas más bellas. Su historia.

El lunes 25 de octubre, se cumplieron 83 años de la decisión de morir que tomó Alfonsina Storni.

No es un número redondo (ni 80, 85 o 90), como los que nos gusta celebrar, pero sí es un momento de enorme confusión y desconocimiento sobre cómo y cuáles fueron, y deben seguir siendo, las duras luchas por la igualdad y la inclusión, tanto que ha llegado al punto máximo de la banalización: si aprendemos a hablar en lenguaje inclusivo, se acabó el problema.

Ella, que habría aborrecido este mamarracho, descendiente directo del jeringoso con su multiplicidad de palabras inútiles, mal gusto y ridiculez, encontró en el límpido y poderoso lenguaje de su poesía la manera de dejar testimonio de su propia vida y su compromiso.

“Alfonsina y el mar”, en la voz de Mercedes Sosa

Estos versos de La Loba son un mínimo ejemplo.

Yo soy como la loba./ Quebré con el rebaño/ Y me fui a la montaña/ Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,/ Que no pude ser como las otras, casta de buey/ Con yugo al cuello;/ ¡libre se eleve mi cabeza!/ Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Es muy clara la referencia a que cuando quedó embarazada, a los 19 años, en 1911, en Santa Fe, absolutamente decidida a tener a su hijo, se radicó en Buenos Aires, donde consiguió trabajo de cajera en una tienda y comenzó a colaborar en la revista Caras y Caretas.

La poeta Alfonsina Storni.

La poeta Alfonsina Storni.

Y, en esta línea, su poema Tú me quieres blanca se asocia, inmediatamente, con el famoso Hombres necios que acusáis, de Sor Juana Inés de la Cruz.

Otra mínima muestra de los ideales por los que luchó toda su vida, en tiempos en los que ser feminista no era cosa fácil, es que en 1919 organizó en Coronda un simulacro de voto femenino: 33 años antes de que se diera en la Argentina.

Alfonsina y el mar

Toda su vida y su trágico final pueden ser fuente de inspiración para todas las ramas del arte. Y para el pianista argentino Ariel Ramírez tuvo el ingrediente emotivo adicional que su padre, que era profesor de literatura, la tuvo como alumna, en 1916, en la escuela normal de Coronda, provincia de Santa Fe.

“Los primeros poemas se los mandaba a mi padre, que se los corregía o aplaudía. Me senté al piano, hice un acorde, y la melodía salió sola”, contó Ramírez alguna vez.

Como si lo hubiera estado esperando, podríamos agregar. Y así nació Alfonsina y el mar, en 1969, quizás la más bella de las composiciones de Ariel Ramírez y Félix Luna, de las que reúne el álbum Mujeres Argentinas, con la voz de Mercedes Sosa.

Alfonsina Storni, una referente argentina de la poesía.

Alfonsina Storni, una referente argentina de la poesía.

Félix Luna tomó otro de los poemas de Alfonsina StorniVoy a dormir, para componer la letra de la canción. Alfonsina lo escribió como despedida, entre el 19 y el 24 de octubre, lo envió al diario La Nación, que lo publicó el día después de su muerte.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame./Ponme una lámpara a la cabecera;/una constelación, la que te guste;/todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…/te acuna un pie celeste desde arriba/y un pájaro te traza unos compases/para que olvides… Gracias…

Ah, un encargo:/si él llama nuevamente por teléfono/le dices que no insista, que he salido.

La caminata final por la blanca arena que inmortalizó Félix Luna en sus versos es una licencia poética.

El historiador Félix Luna, uno de los compositores de "Alfonsina y el mar". Foto Santiago Pandolfi/ Archivo

El historiador Félix Luna, uno de los compositores de “Alfonsina y el mar”. Foto Santiago Pandolfi/ Archivo

El final

El 25 de octubre, sacudió a Mar del Plata una violenta tormenta. A la una, sin que nadie lo notara, salió del hotel San Jacinto, donde pasó sus últimos días, rumbo al mar.

Caminó más de cinco cuadras en la oscuridad de la noche, bajo la lluvia, y se arrojó a las olas que lo golpeaban desde el espigón del Club Argentino de Mujeres, casi un símbolo de su decisión de dirigir su propia vida hasta el último instante. El lugar exacto se conoce porque uno de sus zapatos quedó enganchado en un hierro del espigón. Tenía 46 años.

Tres años antes le habían extirpado un pecho porque tenía cáncer, y en enero le dijo a su hijo que estaba sintiendo otra vez los síntomas, pero que no se volvería a operar.

Manuscrito de Alfonsina Storni en el acervo de la Biblioteca Nacional.

Manuscrito de Alfonsina Storni en el acervo de la Biblioteca Nacional.

Además de escribir el poema Voy a dormir, en esos días respondió dos cartas de su hijo, pero una se la tuvo que dictar a una empleada del hotel porque no podía tomar la lapicera por el dolor que le producía el cáncer.

Alfonsina Storni publicó ocho libros de poesía: La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920), Ocre (1925), Poemas de amor (1926), Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Y algunos relatos (Cinco cartas y una golondrina) y obras teatrales (Teatro infantil y Dos farsas pirotécnicas), pero fueron editados después de su muerte.

Ariel Ramírez y Félix Luna, con la belleza de Alfonsina y el mar, han logrado mantenerla viva en la memoria, aún en la de todos lo que no conocen su obra, pero su vida, su lucha y su obra, tan intensas y decididas como ese momento trágico final, no caben en una canción.

Radio Pinamar FM 100.7