En charla con Clarín a cuento del estreno de “Parot”, ficción que genera polémica, habla de su personaje, de su horno y de Chopin.

A pesar del distanciamiento social recomendable, la obligada distancia geográfica, las estaciones opuestas y otras diferencias, el mano a mano virtual con Adriana Ugarte se antoja cercano. Lejos de la purpurina, una de las mejores actrices españolas muestra sin pudor la barra refrigerante que acaba de sacar del freezer para reanudar la charla que los casi 40 grados de su país habían cortado.

“Es que estábamos hablando y de pronto me apareció el termometrito en la pantalla, señal de que se había recalentado, por el sol que entra por las ventanas”, explica desde su bonita casa en las sierras, a 45 minutos de Madrid, una vez que logró bajarle la temperatura a su tablet.

De pelo cortísimo, por flamante capricho cinematográfico, está del otro lado del océano dispuesta a hablar de Parot, la serie estrenada en mayo por Amazon Prime Video y que el viernes 20 llegará a la Argentina a través de Paramount+. Y dispuesta a hablar de todo. Incluida su pelea pandémica con el horno de su casa, pero eso será unas líneas más abajo, junto al relato de su reconquista del piano.

A los 36 años, Ugarte es una de las actrices más codiciadas de España. Ya filmó a las órdenes de Almodóvar.

A los 36 años, Ugarte es una de las actrices más codiciadas de España. Ya filmó a las órdenes de Almodóvar.

Vamos por partes, como si fuera una larga ronde mate entre la mujer que está de musculosa en Europa y la que está debajo del abrigo por los 6 grados de la Argentina.

Famosa en estas tierras por sus sólidos trabajos en series como El tiempo entre costuras y Hache, y por la película Julieta, a las órdenes de Pedro Almodóvar, ahora se pone en la piel de la oficial Isabel Mora, una policía con más silencios que palabras, con un pasado que la atormenta y un presente que la inquieta.

Una historia que levanta polvareda

Esta historia de 10 episodios gira en torno a la cancelación de la Doctrina Parot, que causó revuelo en España en 2013: en la trama, la medida permite la liberación de cien presos, entre asesinos, terroristas y violadores, que, una vez afuera, quedan en la mira de alguien que busca justicia por mano propia.

Isabel está detrás de ese alguien y, curiosamente, delante del hombre que abusó de ella cuando era adolescente.

De nuevo en la calle, Haro (Iván Massagué) busca vengarse de sus años de cárcel y se propone enloquecerla. Los espectadores tenemos toda la información que ella no tiene sobre el psicópata: ella vive como un fantasma al que le cuesta abrir el alma.

Está obsesionada con agarrar a la persona que se propuso hacerles pagar el dolor a los liberados “antes de tiempo”. Ése, y las actuaciones, como la de Ugarte y la de Blanca Portillo, en la piel de su madre, son dos de los pilares de este relato con sesgo de thriller. Y con telón de fondo vincular.

A los 36 años, y con una trayectoria sostenida por varios éxitos, entiende que el logro de Parot radica en que “no habla de los buenos ni de los malos. Habla de dolor. Y del tratamiento de dolor. Y al final es una buena oportunidad de plantearte si las personas que han cometido un crimen y han generado tanto dolor merecen una segunda oportunidad”.

Los flashbacks de la serie permiten conocer el pasado de Isabel, que ella esconde.

Los flashbacks de la serie permiten conocer el pasado de Isabel, que ella esconde.

Y, a modo de dosis de previa, cuenta que, “por otra parte, está el mundo de los trastornos obsesivos, como las crisis de ansiedad o cosas más gordas que se instalan en nuestra vida y que, pues, a lo mejor por pereza, miedo o por pudor, no son tratadas, como el hecho de automedicarnos”.

Enseguida Ugarte le pone marco coyuntural al estreno: “Creo que esta crisis que ha generado la pandemia nos ha puesto sobre una casilla de salida parecida: ¿cómo de real era hasta ahora nuestra vida, ¿era la que deseabas o la formaste para complacer a la sociedad? Los momentos extremos son oportunidades para, de una manera muy sensible y agresiva, plantearnos un poco acerca de nuestro día a día”.

-Vistos los diez episodios, y más allá de que sea buena, la podría definir como una serie incómoda.

-Pues claro, acá te sirven la comida tal cual y tú la masticas como quieres. Si quieres, vamos. Creo que genera puntos de vista diferentes, genera controversia, genera fricción, Y eso a mí me parece valiente. E interesante.

-Y eso que te tocó una antiheroína, según los manuales de la ficción. Una chica posible, según la vida.

-No tenía la pretensión de que Isabel cayera bien ni que el público empatizara conmigo. Al revés: si era necesario construir una mujer antipática, que por su propio dolor o por su mala gestión del dolor se creara una coraza que resultara como desagradable, lo iba a hacer. Y lo hice. No es un personaje complaciente. No le da miedo caer mal. Por momentos actúa como una fanática religiosa.

Con la mirada puesta en su criatura, madre de una adolescente, explica que “formar parte del cuerpo policial es su razón de ser y es su mejor escondite. Para ella la ley es la ley y no se discute. Ésa es una excusa muy buena para no reflexionar acerca de su dolor. No sé si se dice así en la Argentina, pero es un personaje que todo el rato practica la huida hacia adelante”.

Para Ugarte, “Isabel sigue, y va, siempre acumulando fracasos emocionales con su hija, con su madre, con ella misma, con sus compañeros, porque le da mucho miedo parar y asumir que no se encuentra bien”.

Víctima y victimario, aunque los personajes crean hacer un cambio de rol. Serie polémica.

Víctima y victimario, aunque los personajes crean hacer un cambio de rol. Serie polémica.

-De afuera se ve que intenta rearmar su mapa moral…

-Ella va para adelante porque no quiere estar en el presente. Y mucho menos en el pasado. Yo no sé si tiene tanta calidad moral. Lo que tiene es un miedo profundo.

-Pareciera que no tiene un mapa trazado a la vista, pero en el efecto domino va ordenando sus vínculos.

-Bueno, pues sí, digamos que de a poco se le empieza a ordenar. Porque era tan injusto y tan terrible el marco que la envuelve, y toda esa trama sádica que se crea en torno a ella, de maltrato psicológico (habla de cuando queda libre su abusador, pero mejor no spoilear), que cuando eso se resuelve ella aparece como si fuera una víctima.

-Es que fue una víctima.

-Sí, pero no tiene una ética muy depurada.

-El tema es que el espectador tiene toda la información de tu personaje, que tu personaje no tiene.

-Eso es cierto.

Video: Traíler de “Parot”, flamante estreno de Amazon Prime

-Lejos de las chicas guapas que la ficción te ha dado, Isabel le llevó a una transformación física muy notable.

-Ése es como el rumbo al que intento ir ahora con mis personajes, hacia una transformación cada vez más potente.

-Acá se ve una cara sufrida, ni linda ni fea. ¿Salís fácil de los personajes como éste o te dejan carga?

-Me dejan carga y también son liberadores. Por eso es muy importante hacer la terapia con un profesional. Yo la hago. Me ayuda mucho a salir de los personajes, a agradecerles, a recoger lo que haya sido útil y decirle no a lo que no eres tú. En este caso era un trabajo de día a día con mi terapeuta en el que decía ‘Yo no soy Isabel. Yo tengo mi ansiedad, pero ésta no es la mía’.

Ugarte fue la protagonista de "El tiempo entre costuras".

Ugarte fue la protagonista de “El tiempo entre costuras”.

Reconoce que en el trabajo con su analista “había una tarea constante de separar, porque cuando las historias son tan profundas, y tan cercanas a todas nosotras, y tienen tantos puntos en común con nuestras vidas, a veces cuesta más. Cuando es un drama más despegado es más fácil salir. Pero, cuando son historias próximas, cuesta”.

-¿Ésta te tocó por una vivencia en particular o por las distintas líneas emocionales en generales?

-Digamos que por las distintas lineas emocionales. Nunca tuve la intención de que se la perdonara. Creo que es una mujer muy torpe y no quiere pedir ayuda. Bueno, la serie habla de las imperfecciones humanas. Así somos.

-Vayamos a la que fuiste. ¿Te reconocés en esa niña?

-Soy cada vez más lo que quería ser.

-¿Y qué es lo que querías?

-En realidad, te agrego algo: soy cada vez más lo que quería ser, aunque entonces no lo sabía. Creía que quería ser actriz y ya está, y ahora sé que lo que quería era ser libre.

Confesiones pandémicas

Adriana Ugarte suena sólida y natural del otro lado de la pantalla, en una casa que asoma acogedora: “Viví la pandemia aquí, donde te recibo. La pasé sola, con mis perras. Y la pasé bastante bien, dentro de todo”.

Pedro ALmodóvar y Adriana Ugarte en el Festival de Cannes de 2016.

Pedro ALmodóvar y Adriana Ugarte en el Festival de Cannes de 2016.

-En mucha gente hay como una necesidad de contar qué aprendió en este tiempo. Desde cosas emocionales a recetas de masa madre y bricolaje… ¿Vos aprendiste algo?

-Yo retomé el piano, que me vino muy bien. Y aprendí a controlar el horno de mi casa. Bueno, en verdad descubrí que el horno estaba roto y no era yo la que calcinaba los bizcochos. Mi horno no estaba bien y yo no quería verlo.

-¿Cómo se resolvió?

-Comprando un horno nuevo.

-¿Y cómo salen los bizcochos ahora?

-Demasiado bien, podrían seguir quemándose, hubiera sido mejor para mi salud.

-¿Con el piano estás en situación de que podrías tocar en un cumpleaños y lucirte?

-En situación de hobby total. Si es una fiesta de tres personas sí, si no me pongo nerviosa.

-Te sentás y… ¿sale un Beethoven, ponele?

-Sale un Chopin, que me gusta mucho. Uy, qué curioso lo que me dices, porque durante la pandemia me preparé tratando de sacar Claro de luna, de Beethoven. No me extrañan las conexiones entre las personas, pero sí me sorprenden. Y me gustan.

Pensando en esa supuesta fiesta de cumple de tres dice que también ensayaría “algo más marchoso. Y el súper reto sería aprender a tocar jazz”.

Mientras la tablet fue recuperando frío, la charla fue ganando calidez. Desde ahí comparte que ese peinado de “pelo cortísimo fue para el rodaje de Lobo feroz, película que se estrenará a fin de año. Fue una transformación física bestial. Y ahora estoy rodando una serie que se llama Heridas, adaptación de la serie japonesa Madre”.

Por ahí andan sus perras, a las que “les preparo comida casera”, Maia y Ona. Y arriba la espera el piano, para un nuevo reto, como le llama ella: “Si me sale My Funny Valentine me muero de alegría”. Ugarte no es como casi ninguna de sus criaturas de ficción. Ni, por suerte, como muchas figuras que marcan distancia aunque no haya océano.

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